Insubordinación y respuesta ante el 12 de octubre

 

una fecha, un feriado y una historia que merece un nuevo significado

 

 

Escribe: Mauricio Ceroni

"Vinieron.

Ellos tenían la Biblia  y nosotros teníamos la tierra.

Y nos dijeron: cierren los ojos y recen.

Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra

y nosotros teníamos la Biblia"

Eduardo Galeano (1940-2015)  

 

Introducción

El presente texto invita a reflexionar sobre los procesos de colonización en América y en especial en Uruguay, para comprender la vigencia actual del feriado del 12 de octubre y así llamar a pensar e interpretar un pasado de izquierda.

Aspectos generales del proceso de acumulación originaria en América Latina

El pasado 12 de octubre se cumplieron 526 años del inicio simbólico del proceso de acumulación originaria en América. Dicho proceso fue producto del expansionismo de la civilización europea, que necesitaba colonizar nuevos territorios para la consolidación de su imperio mercantil de corte capitalista. Durante su llegada se encuentraron con diferentes valores de uso naturales y poblaciones con un grado de organización social avanzado, siendo estos elementos centrales para su anclaje. En palabras de Marx, "el descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria"1.

La ocupación del espacio latinoamericano, el cual presentaba distintos modos de producción, como los grandes centros de poder de las civilizaciones mesoamericanas y andinas, evidencia que la función colonial no solo era su saqueo y extracción de los bienes de la naturaleza, sino también imponer su modo de producción por encima del existente. Por tanto, los colonizadores llegaron con sus objetivos bien claros: la apropiación de todo lo que se ponía en su camino, tanto de la tierra, siendo la base de los medios de producción, como la dominación y expropiación de la fuerza de trabajo. En este sentido, "Si con algún movimiento fundamental de la historia ha de relacionarse a la colonización, es con el de la acumulación originaria en escala mundial, entendida ésta como un proceso que, a la par que implica la acumulación sin precedentes en uno de los polos del sistema, supone necesariamente la desacumulación, también sin precedentes, en el otro extremo”2.

Dicha ocupación se dió en varios frentes de conquista. En las regiones donde existían indígenas en las metrópolis, como las civilizaciones de Tenochtitlán en México, Potosí en Bolivia y Cuzco en Perú, se intentó combatirlos, para luego dominarlos y utilizarlos como fuerza de trabajo3. En otras regiones, donde la presencia indígena era escasa y eran más nómades, se los exterminó, ya que no servían como futura fuerza de trabajo, lo que favoreció la entrada masiva de esclavos, principalmente en el nordeste de Brasil y Cuba, y en menor medida en Uruguay4. En paralelo a esta forma de conquista se iban expropiando los diversos bienes de la naturaleza que tenían los pueblos originarios, tanto la tierra, y todo lo que se encontraba arriba de esta, como también los diversos minerales5. Siguiendo las palabras de Marx, el capital se establece "chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies"6.

El proceso de acumulación originaria mediante la colonización fue marcando una separación del trabajador con su medio natural, en este caso su tierra, poniéndolo a disposición del capitalista para su explotación. Esta separación entre tierra y trabajo mediada por un capitalista, estableció el comienzo del proceso de enajenación del trabajo, ya que desvincula y rompe con la visión metabólica entre el sujeto y su medio.

Los principales rasgos de la acumulación originaria en el Uruguay

Es importante aclarar que los relatos de la historiografía del proceso de colonización de la "Banda Oriental", provienen de los "vencedores", o sea de los colonizadores, ya que no existen registros de los "perdedores", los pueblos originarios, que resistieron y fueron exterminados por los colonizadores. Por lo tanto, la narración parte de un sesgo histórico. Dentro de los elementos que configuraban el período pre-colonial, se puede resaltar la baja densidad demográfica existente.  La ausencia de grandes concentraciones de minerales "preciosos" (oro y plata principalmente), ayudó a que la atracción por parte de los colonizadores se viera enlentecida en relación a otras regiones del continente7. Frente a estas características se puede afirmar que la región transitó por la ausencia de una civilización más compleja y densa en torno a un alimento base, como propuso Braudel (1984), sino que su organización era más bien de desplazamiento con base en la búsqueda de alimentos (cazadores-recolectores) con incipiente agricultura8.

Frente a estas situaciones, a comienzo del siglo XVI llega Juan Díaz de Solís a las costas del Río de la Plata donde, en 1527, a cargo de Sebastián Gaboto se funda el primer asentamiento español (puerto de Naos) en costas del río San Salvador9. Este hecho tiene un significado trascendental, ya que marca el comienzo de una nueva época que terminará con la colonización total del territorio Oriental. A diferencia de lo ocurrido en la Europa Central, no existía en Latinoamérica un régimen de organización social uniforme, como lo fue el feudalismo, sino más bien eran niveles de organización muy diversos.  

Ya en el siglo XVII, se comienza a transitar en búsqueda de la acumulación de riqueza, identificando que las condiciones biofísicas que ofrecía el espacio agrario Oriental (principalmente pasturas), eran propicias para generar algún tipo de riqueza. En este sentido, en las primeras décadas del 1600 el gobernador de Asunción, "Hernandarias" (Hernando Arias de Saavedra), envía los primeros contingentes de ganado vacuno por el sur, mientras que los jesuitas intentan ingresar el ganado por el norte de la región Oriental. El proceso de colonización de forma espacial empieza a materializarse por tres zonas: el Suroeste compuesta por contingentes españoles, el Noroeste integrado por las misiones jesuíticas junto con los guaraníes, y la zona este asociada a los portugueses10.

Si bien durante estos siglos no se consolidaba el capitalismo como el eje articulador de todo el país, sí fue una etapa de gestación y de sustento de las condiciones capitalistas donde la acumulación de capital, basada en el comercio mercantil con la Corona, iba configurando una clase dominante que respondía a los intereses del exterior, siendo la Corona el primer destino de la producción y beneficiado como polo de acumulación, mientras los territorios agrarios de la Banda Oriental se basaban en polos de desacumulación. Estas condiciones forjaron las bases de la acumulación originaria, y aunque a lo largo de la historia fue variando el polo de acumulación, durante esta etapa se materializó bajo el proceso de la colonización.

El rompimiento económico con la Corona española, de ahí la independencia, tuvo un cambio de destino en el extremo de la acumulación, que fue el Imperio Británico. Por tanto, la independencia no fue total, como lo proponía la Revolución Artiguista sino que fue condicionada por Inglaterra que quería una zona de paz para comenzar a establecerse en el Río de la Plata, en búsqueda de la extracción de las materias primas, muy necesarias para su desarrollo industrial.

 

A modo de cierre

El proceso de colonización en América fue muy traumático para los pueblos originarios que habitaban nuestras tierras y solo benefició a una pequeña minoría, que luego fue tomando forma y consolidándose a lo largo y ancho de nuestro continente. De ahí que nuestro relato de la historia debe tener muy claro que la sociedad actual es resultado de un movimiento dialéctico en continua contradicción y no se puede caer en un simple relato "lineal" y "natural" como si los hechos que ocurrieron fueron parte de un devenir necesario para la emancipación de la sociedad. Debemos mirar los sucesos de la histórica con una lectura crítica y ser conscientes que seguimos reproduciendo formas y lógicas de dominación que nos han impuesto a lo largo de la historia.  En este marco el proceso de significar el feriado del 12 de octubre por parte del Estado, que surgió en base a la ley N° 5250 del año 1915 y posteriormente ratificada en la leyes N° 6997, 9705 y 14977 como "descubrimiento de América" o "Día de la Raza", pone en evidencia cómo se nos ha impuesto una forma de construir la historia desde la óptica los vencedores en donde el Estado, como instrumento de la clase dominante en el poder, produce un conjunto de códigos y símbolos que tienen como finalidad la imposición de un poder simbólico que homogenice al conjunto de la sociedad.

En este sentido, es necesario repensar los procesos de significación existentes que  atraviesan la historia de nuestro país, y comenzar a cuestionar el discurso y los relatos oficiales que reponen a las clases dominantes. En definitiva, como fuerza de "izquierda" es hora de reinterpretar y reconstruir un pasado de izquierda y no caer en los conservadurismos identitarios que lo que hacen es aferrar un pasado que responde a los intereses de las clases vencedoras.

Bibliografía

  1. Marx, K. (1975). XXIV El capital (Tomo I). Ciudad de México: Siglo XXI editores. pp. 939.
  2. Cueva, A. (1979). El desarrollo del capitalismo en América latina. Ciudad de México:

Siglo XXI editores. pp. 13.

  1. Skidmore, T. E., y Smith, P. H. (1996). Historia Contemporánea de América Latina.

Barcelona: Editorial Crítica.

  1. Mellafe, R. (1973). Breve historia de la esclavitud en América Latina. Ciudad de México: Sep Setentas.
  2. Mariátegui, J. C. (1968). 7 ensayos de la interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta.
  3. Marx, K. (1975). XXIV El capital (Tomo I). Ciudad de México: Siglo XXI editores. pp. 950.
  4. Pi Hugarte, R. (Ed.) (1969) Nuestra Tierra (Vols. 1). Montevideo: Banda Oriental.
  5. Braudel. F. (1984) Civilización material economía y capitalismo, siglos XV-XVIII. Madrid: Alianza.
  6. Nahum, B. (2013). Breve historia del Uruguay Independiente. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
  7. Moraes, M. I. (2008). La pradera perdida. Montevideo: Linardi y Risso.