En recuerdo a Hugo “el Chango” de Mello

 

 

Escribe Martha Rochon

 

El 4 de octubre de 2013 una noticia sacudió al  conjunto de funcionarios de Ancap y a muchos militantes sindicales y políticos forjados durante la dictadura y después   en los primeros tiempos de restitución democrática: Hugo “el Chango” de Mello moría en un accidente de tránsito en el interior del país.



Ex dirigente sindical de la Federación Ancap y del Pit-Cnt, iba junto a otros dos compañeros  y el chofer en una delegación para participar de la inauguración del tendido eléctrico en Pepe Nuñez,  un poblado rural en el departamento de Salto próximo al límite con Tacuarembó.

Había ingresado a la Ancap a fines de los setenta  a su regreso de Buenos Aires, al igual que otros muchos jovencísimos militantes se habían refugiado corridos por la dura represión que se instalaba aquí . En esos tiempos su militancia primera la constituyó el Fer 68 en su querido liceo 13 de Maroñas; luego en Buenos Aires se vincula al peronismo radical y posteriormente al Partido por la Victoria del Pueblo fundado en el exilio argentino, muchos años después dejó el PVP y se integró al Partido Socialista donde llegó a integrar su Comité Central.

A partir de su regreso e ingreso en la petrolera estatal participa y lidera junto a otros la reorganización del sindicato clandestino y allí lo conocimos. Provisto de una formación y convicción política- ideológica como pocos, sus vehementes intervenciones y debates no dejaban indiferentes a nadie. Con el Chango o se coincidía o se discrepaba.; allí nos fuimos formando y fortaleciendo los recién llegados a la militancia sindical y política que constituimos su entorno más próximo de amigos y compañeros  que integramos luego “la 9 de noviembre”. La agrupación que tomó prestado el nombre después de la emblemática marcha de trabajadores desarrollada en esa fecha en el 83, duramente reprimida y de la cual el Chango había tenido bastante que ver en su propuesta y convocatoria.

Después vinieron los años intensos de la reinstalación democrática y el fortalecimiento del sindicato, conquistábamos todo de a pasitos y  cuando perdíamos era a zancadas. El Chango fue un dirigente emblemático, contundente, tozudo, polémico siempre con una propuesta, con un desarrollo y con un objetivo para la discusión.

Desarrolló una actividad memorable en la juntada de firmas y el posterior plebiscito por la mal llamada “ley de transformación de Ancap” que en realidad era una privatización encubierta. Recorrió todo el país con su discurso convincente y rotundo, a veces arrollador. Una vocación constante por dar pelea, por forjar ideas, enemigo del discurso fácil, de decir a la gente lo que quería oír.

La vida lo enfrentó a todas las circunstancias las buenas y de las otras. Cosechó fidelidades e infidelidades. Ninguneado luego por otros, por los nuevos dirigentes del período progresista,  a los cinco años del plebiscito se colocó una placa en la Refinería de la Teja y el no fue invitado. A veces la ceguera y la torpeza ideológica impiden a los menos generosos tener la grandeza del reconocimiento.

Entre nosotros los cercanos  perduraran los recuerdos, sus anécdotas, sus dichos, “que el árbol no nos tape el bosque”, “no confundamos táctica con estrategia” , sus citas a “Lenín “ y al marxismo en general; siempre referenciando y valorando el mundo de las ideas, tan perimido después. Por eso hasta hoy  me encanta encontrarme con compañeros sobre todo de la Teja y cada vez que hablamos del sindicato escucharlos decir “Che: cómo se extraña el Chango!!!!!”

 

Martha Rochon