Escribe: Andrés de la Iglesia
Para interpretar este artículo es necesario que el lector posea cierto conocimiento, no sólo de la historia de la construcción de la unidad política de la izquierda, sino que además requiere una destreza significativa en los conceptos teóricos que a partir de la teoría marxiana y de la experiencia histórica de los fenómenos que la nutrieron, para que le permitan visualizar los conceptos claramente.
Digo esto porque me parece innecesario realizar todo un desarrollo sobre los diversos acontecimientos y etapas que significaron, no sólo la creación del Frente Amplio y de la propia Central de Trabajadores y si dedicar los esfuerzos en demostrar y preparar el camino para esta nueva etapa.
El Frente Amplio desde su fundación ha ido evolucionando, producto de su propia experiencia política (con casi un cuarto de su vida en clandestinidad) y no ajeno a los avances y retrocesos de los postulados de izquierda a nivel internacional, presentando dos características altamente significativas.
La primera y sustantiva es que esa propia evolución le permitió acceder a su mayor anhelo, es más, quizás podría decirse al objeto para el cual fue creado, que fue su acceso al gobierno bajo las reglas de juego del sistema.
Tampoco es objeto de este artículo analizar los quince años consecutivos del gobierno nacional, aunque es necesario realizarlo con profundidad en algún momento. Lo que si queda claro es que si bien no alteró las bases mismas del sistema (es una estupidez requerir que eso sucediera), significó una etapa de justicia social relevante en la vida del país. Todos los indicadores macroeconómicos lo demuestran y los avances en derechos de los trabajadores, las minorías, de equiparación tributaria y contención social fueron claramente notorios. Todo esto no es una opinión, los respaldan evidencias cuantitativas.
No obstante estos logros no fue posible mantener un cuarto gobierno, incluso generándose un importante vuelco electoral hacia los sectores más conservadores del espectro político. Tal vez algunos de los temas que tengamos que cuestionarnos es porque no supimos construir hegemonía en estos quince años.
La segunda característica y también producto de dicha evolución, ha ocurrido el fenómeno de atomización y dispersión de las organizaciones que integran el Frente Amplio, más bien provocadas por apetitos personales de algunos de sus dirigentes, que las más de las veces por discrepancias en sus grupos de origen terminan formando sus propios sectores, bien por mantener los espacios de poder obtenidos, bien por la consolidación de alianzas exclusivamente electorales o marcar perfiles que los mantengan en la vidriera política.
Más aún, luego de su pasaje por el Poder Ejecutivo nacional como departamental, ello ha conformado “grupos de afinidad” con algunos compañeros que ocuparon cargos de ministros, intendentes, directores, etc.
Este mismo fenómeno de atomización también ha traído aparejado la reducción del “Programa de Cambios” que otrora alentaron su fundación.
Es propio del proceso dialéctico que en tanto las manifestaciones desafiantes a la hegemónica crecen y pueden llegar a transformarse en dominantes, contienen en su propio seno aquella que habrá de desafiarla en el futuro. El que niega esta afirmación se convierte en reaccionario, en el sentido estricto de su acepción, de oponerse a los cambios o evolución de los procesos históricos.
Concluir que esta afirmación es una arenga en contra del Frente Amplio y de su papel histórico es tan necio y malintencionado como continuar el discurso de que todo está bien y que no hace falta cambiar nada o la clásica “hacerle el juego a la derecha” y descargar todos nuestros males a las elucubraciones y conspiraciones del fascismo.
Si algo se le puede asignar a este artículo es la intención porfiada de buscar permanentemente avanzar y profundizar los procesos de desarrollo político y social, que nos ponga en escenarios siempre superiores que los que nos encontramos ahora.
No es posible, por respeto a todos aquellos que dejaron mucho sufrimiento y hasta la vida en este proceso de creación del Frente Amplio, que sigamos pedaleando cuando la cadena se zafó del piñón.
Necesitamos adelantarnos al futuro o mejor dicho proponernos escenarios futuros, apoyándonos en la experiencia vivida, pero proyectándonos con inventiva, con rigor y criterio científico.
La obligación más importante con las generaciones venideras debe ser para aquellos que ya tenemos algunos años, preparar un camino, una trayectoria, que enfrente con mayor eficacia, contundencia e integralidad a este mundo moderno, a esta nueva etapa del desarrollo capitalista y bocetar tímidamente una estrategia.
Así que espero que quienes disientan con este artículo genuinamente, lo hagan armándose de argumentos sólidos y no solamente denostando o menospreciando con frases sin contenido, las elaboraciones que a algunos nos requiere mucho trabajo.
Lógicamente esto no ocurrirá por decreto y será producto de un proceso más o menos largo de acuerdo al propio desarrollo histórico del país, la región y el mundo. Pero no tengo duda que ocurrirá.
Veamos pues, si sólo recordamos en el año 1971, en medio de la Guerra Fría, con una América ardiendo en la lucha por la liberación, quiero decir que a partir de las diferentes experiencias de luchas nacionales e internacionales, las diferentes visiones y estrategias de la izquierda se unieron, dejando a un lado esas diferencias en pos de un objetivo superior, aunque incierto en aquel momento. Pero aun así, cuando existían todas esas visiones de la construcción de la estrategia de liberación en el Frente Amplio, incluyendo a los sectores escindidos de los partidos tradicionales y los independientes, no fueron más de diez grupos con peso significativo los que había en su fundación.
En el Frente Amplio actual, en donde no es posible comparar el nivel de ebullición de aquel 1971, de la enorme efervescencia y elaboración ideológica y táctica de aquellos tiempos, por el contrario, el presente muestra una llanura teórica descomunal, una gran ausencia de elaboración y un nivel de desmovilización social en todo el planeta.
Entonces, ¿cómo es posible que el número de sectores y agrupaciones integrantes de la coalición se haya multiplicado casi por tres? Sin contar la inmensidad de grupos departamentales que bajo el paragua electoral del Frente Amplio lo integran y pesan dentro de su estrategia.
Es posible dar una respuesta lineal si se dice que es producto del crecimiento electoral alcanzado en estos años y talvez en algo responde, pero es claramente significativo que los sectores que en tal caso han crecido o se han mantenido con caudales electorales firmes sean los grupos históricos, los fundadores como el Partido Comunista, Partido Socialista, Movimiento de Participación Popular, la izquierda independiente. La enorme mayoría de los otros sectores ni siquiera han tenido representación parlamentaria.
¡Entonces que alguien nos brinde una explicación histórica de la presencia de tantos grupos políticos! No se puede seguir insistiendo en que esto no se ve y que conspira contra el avance cualitativo de la unidad imprescindible de la izquierda y de su programa de cambios.
Hacia la fundación del Partido Obrero por el Socialismo del Uruguay (POSU)
Pues bien, el título me deja al descubierto, como cuando en el truco es mano en la última vuelta después de cantar 37 de envido y haber jugado la espadilla en la mano que se cierra, tengo que mostrar el dos, ¡no tengo opción!
Si, tal vez más que los nombres y la estrategia es expresar los argumentos que me llevan a esta conclusión que muestra el título.
Entonces primero voy a fundamentar porqué es necesaria una nueva organización política, luego cuáles son las acumulaciones que se han producido para esta nueva etapa, por último cuál debiera ser el proceso que debemos transitar para su logro.
En el análisis de los antecedentes hemos mencionado algunos de los aspectos que nos llevan a proponer esta conclusión para retomar el camino del crecimiento y la corrección del conjunto de la izquierda. Al menos los dos mencionados y referidos a la atomización del Frente Amplio y de la permanente rebaja de su programa de cambios son imposibles de detener si no damos este gran salto cualitativo.
Es más, tiendo a pensar por la experiencia histórica de estos últimos veinte años que ambos fenómenos son contrarios sincrónicos, es decir, el desarrollo de uno alimenta el crecimiento del otro y en tanto el Frente Amplio continúe cobijando en su seno expresiones políticas asociadas a perfiles personales, vacías de contenido ideológico, basadas en relaciones clientelares con sus votantes, entonces deberemos dejar cada vez más de lado el programa de reivindicaciones más radical (en la acepción de raíz) para poder contenerlos dentro del espacio de la coalición.
Leído esto en oposición, en la medida que consolide un fuerte componente de izquierda como el POSU, sólido, organizado, con diseminación nacional y fuerte caudal electoral, entonces aquellos otros arribistas, que medran y sacan ventaja de la división, no encontrarán en el Frente Amplio un espacio fértil y nutritivo para sus objetivos. Los perderemos seguramente, pero eso es parte del proceso, es el costo del crecimiento cualitativo y en verdad no significan un número realmente sustancial por el que lamentarse.
Otro aspecto que puede parecer menor pero que en nuestra cultura política muchas veces contribuye a consolidar un discurso homogéneo, aunar criterios de trabajo, representación de interlocutores con las demás organizaciones políticas y sociales y fundamentalmente en el plano de la comunicación de los mensajes hacia la militancia y la población. Nos referimos a la construcción de nuevos liderazgos y múltiples. Esto libera en gran medida la dependencia que ha venido generando en los últimos años la suerte de la organización política a ciertos liderazgos y figuras, que por razones biológicas en algún momento no estarán y se hace sumamente difícil su sustitución.
En los últimos años el peso de algunas personalidades, ya sea por haber ejercido la Presidencia de la República u otras funciones de gobierno trajo aparejado que la voz y por tanto la representación política haya recaído sobre sus espaldas, seguramente asignado por su peso en la interna y su imagen pública que por una decisión racional de la organización política.
Pero creo que la razón fundamental de avanzar en este sentido es dotar al Frente Amplio de un polo, un espacio, fuertemente organizado, con despliegue en toda la sociedad y el país, que unifique los esfuerzos que algunos partidos y movimientos desarrollan en forma dispersa. Un partido dentro del Frente Amplio que posea una clara definición ideológica respecto a la construcción del Socialismo, con un nivel de compromiso político que no se basa en los “cargos” que pueda obtener, sino en objetivos estratégicos de mediano y largo plazo. Con una fuerte base social y militante, capaz de liderar los procesos y desafíos que se le presentan a la izquierda en estos tiempos
Un espacio político fuerte, sólido, que sea capaz de elaborar teórica y prácticamente en su accionar una lectura más rigurosa de la realidad y diseñar tácticas adecuadas de aproximaciones sucesivas a los objetivos planteados.
Ahora la segunda línea de fundamentación que nos planteábamos más arriba se trata de argumentar cuáles y cómo se han ido produciendo los procesos de acumulación política que abogan por la nueva unidad en la izquierda.
Para empezar y aunque sea muy brevemente, sabiendo que se ha escrito mucha literatura que ha puesto en evidencia las diferentes representaciones que se expresaban en la izquierda, nos debemos preguntar, ¿persisten esas condiciones para que existan tantas organizaciones políticas con espectro socialista? ¿acaso existe alguna experiencia paradigmática o modelo a nivel internacional en la que debamos reflejarnos? ¿existe algún modelo de construcción socialista que no necesite ser revisado? ¿es que el desarrollo capitalista no ha cambiado sustancialmente en estos últimos treinta años?
No existen disculpas si no nos hemos hecho estas preguntas o perdón voy a invertir la imagen, ¿es que acaso no nos hemos hecho estas preguntas decenas de veces y miles de nosotros? La respuesta es afirmativa y también la excusa que inmediatamente funciona como un narcótico que nos adormece y es “¡plantearnos este tema a esta altura de la vida!, no me jodas”.
Pero estimados, si hay algo que nos debe pesar son la carga de responsabilidad que nos cabe. Somos las generaciones que con todas las críticas y también con todos los avances que se han verificado, construyeron las luchas sociales por la unidad de la izquierda, las que tenemos los instrumentos para construir las bases de esa nueva etapa. Es preferible dejar un trabajo a medio terminar que no haber hecho nada.
Es necesario armarse de gran valentía para vernos desnudos ante el espejo, las arrugas seguirán ahí, aunque estemos vestidos con las mejores ropas. La carga está en que al verlas sepamos que las merecemos por lo que hemos dejado en la vida y no por el sedentarismo intelectual.
Los tiempos y los procesos son implacables, quien intente negarlo se transforma en reaccionario como se expresa más arriba. Ahora ya no existe la URSS y lo importante es analizar las causas que la llevaron al derrumbe; ya no existe la guerrilla, ni la Sierra Maestra, ya el campesinado es una subclase en desaparición, ya no existen las 21 condiciones de Lenin. En fin, ¡que alguien me diga cuales son las diferencias entre nosotros!
No hay que llamarme estúpido porque no estoy diciendo que hay que negar la historia, ni lo que dejamos en todo ese proceso. Es más, lo indiscutible es que justamente porque vivimos todo eso y lo hicimos con el mayor nivel de entrega que se pueda dar, es lo que nos pone en la condición privilegiada para cargar nuestra mochila con este nuevo desafío.
Naturalmente que no es fácil asumir que no tiene sentido en la etapa actual la existencia del Partido Socialista, el Partido Comunista, el Movimiento de Participación Popular, el Partido por la Victoria del Pueblo, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y tantos otros. Es natural que nuestra historia pese en cada uno de nosotros, que no sólo son las afinidades ideológicas que nos unen a nuestras diferentes organizaciones, sino también toda la carga afectiva que conlleva, que esos lazos igualmente persisten entre compañeros que pertenecemos a diferentes organizaciones (esto demuestra que las diferencias son superestructurales) y no se trata de olvidar nuestras historias, más bien para usarlas de trampolín que nos da esa ventaja de poder saltar más alto, tanto como sea necesario.
Ahora, en lugar de quedarnos añorando lo que dejamos, hagamos el esfuerzo de imaginar ese escenario propuesto de un Partido que reúna toda esa potencialidad dispersa, toda esa capacidad creativa en una sola dirección, todos los músculos y las neuronas en existencia puestas a disposición de una misma causa, de un mismo objetivo, de la misma utopía. Principalmente imaginen la tremenda capacidad que le estaremos legando a las nuevas generaciones que ya se sentirán dentro de una organización que desde el principio les pertenece.
Nos queda entonces la tercera línea de fundamentación, intentar diseñar una hoja de ruta de cómo podemos procesar este desafío. Sin duda que lo que propongamos debe ser tomado como un borrador, en el mejor de los casos una opinión para saber transitar y en qué tiempo esta transformación que descuento que será para nuestro país un hito, un punto de inflexión en las estrategias políticas, sino también creo que será una experiencia que servirá de modelo para muchos procesos de izquierda en el mundo.
Es natural que cualquier organización política requiere tener sus documentos fundacionales, organizativos y programas. No creo que esto deba ser primero, ni que deba ser secundario y como lo entendemos en un proceso es posible que se puedan ir generando los documentos en tanto se van creando los espacios de diálogo necesario.
Suponemos que las principales autoridades de las diferentes organizaciones deberán constituirse en un espacio de reflexión, sin prejuicios, sin preconceptos, con un enorme grado de humildad en el entendido que nadie es más que nadie y tampoco menos, que debe ser un espacio de iguales. No hay dudas que algunas organizaciones son más sólidas y poderosas que otras, que poseen más militantes o mayor infraestructura o mejor condición financiera, etc., pero ello debe ser la condición de hierro de la entrega que somos capaces de ofrecer.
Es imprescindible que se conformen comisiones de trabajo que elaboren estatutos, programas, reglamentos, principios, estructura organizativa, estrategia y táctica a desarrollar y principalmente ir creando las condiciones para que los militantes de base, los que están en el día a día, en el comité de base del Frente Amplio, en el sindicato, en la cooperativa, los estudiantes, vayan abonando el campo donde se genere ese espíritu de cuerpo necesario para pensarnos todos fuertemente adheridos a la nueva propuesta, construir ese cordón umbilical, ese sentido de pertenencia.
Existe la opción de esperar y ver cómo evolucionan los acontecimientos y en tal caso actuar y buscar las alternativas cuando los acontecimientos se precipitan, ninguno de nosotros pensaba que se podía llegar a perder la elección para el cuarto gobierno y seguimos haciendo lo mismo de siempre y si hubiéramos triunfado, no dudo que no hubiéramos cambiado un ápice. Luego cuando las cosas no coinciden con nuestra voluntad tratamos de culpar a la realidad, en lugar de estudiarla y entenderla.
Siempre he pensado, que si uno tiene alguna certeza de lo que se avecina y no hace nada por intentar rectificar el rumbo, carga con una doble responsabilidad, no vale decir después “…yo lo advertí…”, más peso incluso de aquellos que son ciegos ante los acontecimientos y por tanto son incapaces de imaginar salidas, son tomados por sorpresa.
¡Al menos a mi me pesa mucho!