
Escribe: David Rabinovich
Votar en las elecciones internas no es obligatorio, por lo que una participación del 39 por ciento no me parece una mala marca. Pero los resultados -que no son extrapolables para octubre- anuncian tendencias y resultan preocupantes para la izquierda uruguaya. Muy preocupantes.
Como en toda elección hubo ganadores y perdedores. Alguien me dijo que el 30-J ganó ‘Un solo Uruguay’. Razones no le faltan. Las derechas vienen con viento en la camiseta y por todo. Sí; vienen por la Seguridad Social, por los salarios, la educación, nuestra salud, los nuevos derechos conquistados y viejos logros que costaron sangre, sudor y lágrimas a generaciones de luchadores sociales que nos precedieron. Son derechas que salieron del closet: festejan con desenfado la victoria de Bolsonaro, el resurgir del fascismo y los neonazis en buena parte de Europa, el nacionalismo belicista de Trump, los casi 47 mil votos de Manini Ríos…
El mundo está complicado para pensar en términos de democracia. Hay un torrente de apoyo y votos para erigir al ‘mercado’ en dueño y señor de la humanidad. En nombre de la ‘libertad’ claro. Los mayores retrocesos los veo en aspectos culturales. El individualismo consumista se instaló con fuerza en el imaginario colectivo. Administra el sistema una ‘meritocracia’ insolidaria pero socialmente legitimada. La propuesta educativa propone capacitación tecnológica no formación cultural. Matemática, lenguaje, informática e inglés ¡Eso necesitan nuestros muchachos para abrirse camino en la vida! Literatura, filosofía, geografía e historia son accesorios, culturales, inútiles… Salvo para entender el mundo en que vivimos o para intentar cambiarlo. Pero la izquierda viene perdiendo esa batalla y formamos ‘recursos humanos’ pensando en el ‘crecimiento’ de la economía. La lógica de la competencia se impone al impulso solidario.
Las izquierdas en el mundo se corrieron al centro para captar más apoyo; el centro se corrió a la derecha y las derechas se asumieron como tales sin pudores. Los casi 47 mil votos de Guido Manini preocupan: esa gente siempre estuvo aquí pero no se hacía ver.
En la interna blanca ganó, con amplitud, Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou con posturas mesuradas y moderadas. Modernas. Juan Sartori doblegó a Jorge Larrañaga y se llevó el segundo puesto. El sanducero, que supo ser representante de una especie de post Wilsonismo con imagen de difuminado progresismo, se subió a un discurso derechoso que no le dio réditos en esta etapa. Lacalle Pou no bien constató que las diferencias se lo permitían, desplazó a Sartori y nombró a Beatriz Argimón como candidata a vicepresidenta. Supongo que lo tenía pensado, porque antes la promovió a la presidencia del Honorable Directorio. Fue la primera mujer en la centenaria historia partidaria que ocupó ese puesto. Los blancos salieron de las internas muy bien parados. Aunque haya dicho Lacalle que la decisión no se debía a contemplar una fórmula paritaria.
Los colorados se decantaron por el economista Ernesto Talvi, aunque el protagonista de la ‘resurrección’ partidaria fue el Dr. Julio Mª Sanguinetti. Del viejo batllismo obrerista al expresidente se le pegó poco. Tan es así que él mismo se encargó de aclarar que tiene electorado en común con el general Manini (de rancia estirpe riverista). Talvi es un veterano combatiente contra la izquierda frenteamplista. Un boletín de Asamblea Uruguay recuerda de manera oportuna: “En la edición de El País del 14 de noviembre de 1999, a pocos días de las elecciones y menos de dos años antes de la megacrisis de 2002, Talvi auguró un “futuro extraordinario” de la economía para los siguientes años y pronosticó recesión para 2010, justo cuando Uruguay tuvo, con el gobierno del FA, un crecimiento récord: en 2009 fue de 10,4% y en 2010 de 9,6%.”
Si sumamos los apoyos de Lacalle, Talvi y Manini para compararlos con los que obtuvo el Frente, la conclusión solo puede ser una: A la izquierda le fue mal en las internas.
El Partido Independiente que lidera Pablo Mieres no es el centro del centro político. ¡No! Después de fracasado el intento de aliarse con Esteban Valenti y Fernando Amado en las internas, el PI aparece reducido a su mínima expresión a pesar del anuncio de incorporaciones resonantes como los periodistas Mónica Bottero (Revista Galería de Búsqueda) y Gerardo Sotelo (Informativos de Radio Carve). Se anuncia que Bottero será candidata a la vicepresidencia y Sotelo ocupará un lugar destacado en las listas independientes. El intento de pegarle un ‘tarazconcito’ a la votación de la izquierda, puede hacer un daño significativo al proyecto de izquierdas. Estas cosas también pasan dentro de ‘un clima de época’, marcado por el escoramiento de la sociedad hacia la derecha.
Por último me parece importante señalar que en las internas el voto ‘contra de’ es muy marginal, si existe. Pero en octubre, cuando las papas quemen y haya que elegir entre izquierdas o derechas ¿la evasión centrista o hacia los grupos ‘testimoniales’ será atractiva? ¿Cuántos votarán por sacar al FA del gobierno y cuántos para frenar a la derecha y sus proyectos antipopulares?
Todos sabemos que “más vale ser rico y sano que pobre y enfermo”. Por eso nadie te promete bajar sueldos y jubilaciones. Todos ofrecen educación y salud, vivienda y trabajo. Aunque los ejemplos están a la vista del otro lado del charco con Macri y hacia la frontera seca con Bolsonaro, es difícil prever qué votarán los orientales. Aquello de “ilustrados y valientes” suena a consigna lejana.
Una nueva convergencia con los movimientos sociales podría ser una de las claves; otras, quizá, pueden estar en los postulados de la ecología y la economía cooperativa. Estos temas bien podrían estar en las definiciones de la próxima campaña.
A la izquierda de la izquierda asoman para el futuro (¿lejano?) otros temas de debate: el ecosocialismo, la renta básica universal, la ruptura radical con el productivismo, revisar la idea de que el ser humano está llamado a “dominar la naturaleza”. Los temas que cuestionan al sistema capitalista hoy no están en la agenda.
Está escrito que “la única libertad posible es que el hombre social, los productores asociados, gestionen racionalmente su intercambio de materia con la naturaleza y lo hagan en las condiciones más dignas, más acordes con su naturaleza humana”. Fue escrito por Carlos Marx en El Capital.