(una fraterna mirada crítica)
Escriben: Eduardo Aparicio – Garabed Arakelian
El notorio descenso en la cantidad de votos recogidos por el Frente Amplio confirma lo que todos, militantes y dirigentes, venían observando en el transcurso de los últimos meses: el desencanto, la frustración y el consecuente desinterés por gran parte de quienes eran sus votantes.
La oferta de cuatro pretendientes para ganar la postulación a la presidencia de la república no termina en sus figuras sino que se proyecta hacia sus respaldos. Eso dice que en la interna del Frente conviven por lo menos cuatro miradas, y quizás algunas más, que no son iguales, algunos podrán decir que son similares y lo suficientemente diferenciadas como para enfrentar el desafío de una definición electoral.
Nosotros eludimos la sofisticación leguleya y preferimos la diferencia clara y marcada y no el subterfugio recitado de: “un mismo programa”-que se deja de lado, según las circunstancias- o el ya desmerecido mantra de “la unidad”, reiterado sin convicción e ignorado con reiteración.
La argamasa unitaria del Frente se ha ido perdiendo en la medida que ha tratado de asimilarse a la estructura del sistema, rellenando sus vacíos y mejorando, en la medida de sus posibilidades, los aspectos negativos y salvajes del mismo. ¿Acaso es ese su programa mínimo?
La medida de sus posibilidades está dada por su decisión e ímpetu político para imponer los cambios, y se halla limitada por la defensa del sistema que hacen sus oponentes, rechazando los cambios y pasando de una posición de simple resistencia, a la ofensiva brutal y descarada con todos los medios a su disposición, tal como se ha comprobado también en esta instancia.
¿Por qué la derecha, es decir la oposición, sigue disponiendo de manera hegemónica de los medios de comunicación, y además tiene la libertad de usarlos en contra de la misma fuerza que se los garantiza? Es una pregunta pertinente. ¿Por qué esa fuerza que tiene el gobierno bajo sus responsabilidad no ha desarrollado acciones que se contrapongan a la hegemonía tradicional del sistema? Esta, también es otra pregunta pertinente. La anterior y ésta exigen una buena respuesta. En primer término para nuestros “desencantados”.
La primera conclusión es que se ha perdido la lucha por la cultura política que respalde la gestión del gobierno frenteamplista. Y que se ha perdido sin darla. Esa lucha que tiene un fuerte contenido ideológico está ausente. Es que el Frente ha perdido, diluido y, en buena parte, modificado –sin participación de las bases y sin recorrer los caminos de la democracia interna- su ideología básica, y ha quedado sujeta a los pronósticos de supuestos augures que aconsejan, con la intención de captar más votos, recostarse hacia la derecha rastrillando por el centro.
Eso ha traído como consecuencia la sustitución de ideas, y de contenidos y también la desaparición de las expresiones representativas de las mismas. Es otro “idioma”. Ahora el Frente suele hablar de “gestión”. Y está bien que los tecnócratas hablen de lo que supuestamente saben. Pero la conducción del FA y del Gobierno son tareas políticas. Y es bueno, necesario e imprescindible que abran la boca los políticos que, también supuestamente, es de lo que saben y por lo que se comprometen ante la ciudadanía. Y la razón por la cual piden el voto y resultan electos..
Esta es para nosotros la línea divisoria ante esas miradas diversas sobre “un mismo programa del Frente”, ya que el mismo programa puede ser entendido y ejecutado de manera distinta según el pensamiento o la sensibilidad que guie su realización. Si se toma la senda equivocada y se transita por la que se aleja de los objetivos fundamentales, se termina cambiando la voz y entonando con la derecha. Es decir con el enemigo, que los educados llaman oposición. Y esta elección, la interna, ha sido por eso mismo una confrontación doméstica entre esas cuatro expresiones sobre un mismo programa. Y una ha obtenido respaldo mayoritario.
Una vez dirimida la competencia por el primer puesto y superado el proceso de elección para la vicepresidencia se argumenta que se llevó a cabo de manera desprolija. Quizás se tenga parte de razón, pero eso es según la mirada con que se evalúen esas gestiones. La elección, desde su comienzo, fue desprolija y para ello cabe recordar el ofrecimiento a Murro y a Orsi y la autopostulación de Astori, dejando por un lado el tendal que generan las falsas expectativas y por otro intentando establecer un falso protocolo de peregrinación hacia la chacra como requisito de bendición previa para trajinar por una postulación.
Las explicaciones, justificaciones y seudo excusas que plagaron esa etapa previa para la consolidación de los cuatro postulantes, no hicieron más que aumentar “el tenor graso” del comportamiento político dentro del Frente. Y allí comenzaron los juegos malabares con las palabras y los conceptos.
Desde Claridad rescatamos la idea de “un mismo programa” y no porque nos satisfaga sino que es lo mejor que tenemos entre todos y por ahora. Es lo que nos libra de las veleidades de los vendedores de humo y de los que tergiversan los hechos. Ahora, confesión de por medio: el Programa manda. A él hay que remitirse.
En síntesis: un mismo programa y de las cuatro miradas una que es mayoría. A esa le cabe la responsabilidad de cumplir con las pautas del documento y con el cuidado responsable de no salirse del mismo. Y a los votantes –es decir, los militantes frenteamplistas- hayan votado o no al candidato triunfante, les corresponde ser celosos vigilantes ante los desvíos. Porque, hay que decirlo claramente: las fallas y el deterioro del FA son consecuencia de esos desvíos y no méritos del empuje opositor.
De modo expreso o sobreentendido, con el aporte de sus luchas, declaraciones y cuerpo doctrinario de ideas que, bien o mal, el FA ha desarrollado en estas más de cuatro décadas de azarosa existencia, se han forjado planes y programas diversos, y se ha generado también un magma, una masa crítica de valores, que está resistiendo el embate de las ideas transgénicas y transgresoras que la polucionan y transforman el espíritu original de esta fuerza política. Existe, afortunadamente también, una ética y una moral forjadas con estos antecedentes. No reparar en estos factores decisivos es realizar un diagnóstico poco serio.
Cerramos esta expresión de nuestro posicionamiento afirmando nuestra convicción Frenteamplista y consecuentemente nuestro rechazo al sistema en todas sus manifestaciones. Si ahora hay quienes dicen que el Frente no es antioligárquico y antimperialista, reclamamos discutirlo pues es lo que corresponde. Al mismo tiempo reivindicamos todos los logros obtenidos por los tres gobiernos consecutivos del Frente Amplio que, por supuesto no ignoramos y a ello agregamos nuestro reclamo para profundizarlas y extenderlas, afirmarlas, para que no puedan ser barridas.
Por otro lado, no puede eludirse la mención a la pesada herencia que se deja para ese cuarto gobierno del FA que antes -en la campaña electoral- deberá enfrentar a una oposición coaligada y soliviantada. Y deberá lidiar portando el peso de una serie de decisiones negativas que se han adoptado o se ha evitado encarar. En esa mochila entra UPM2, la Ley Orgánica Militar, la Caja Militar con su déficit abrumador, los Tratados de Libre Comercio, la Ley de Riego, los gravísimos errores de gestión por parte de algunos entes públicos, el avance privado y de las iglesias de distinto tono sobre la enseñanza pública en sus diversos niveles y, además, numerosos y diversos etcéteras que con buena voluntad y sin soberbia se deben reconocer.
Entre estos Debes hay uno que nos es caro y fundamental por su valor ético-político, y que exige utilizar y disponer el control de los instrumentos que aporta el ejercicio del gobierno para avanzar, sin claudicaciones, por el sendero de la búsqueda de Verdad y Justicia, en pos de la desarticulación de la IMPUNIDAD. Tarea histórica, donde los avances y logros han obtenido un magro resultado, unido a la escasa voluntad política demostrada para la profundización en el tema, dejando como resultado una DEUDA que el Frente tiene con las víctimas del terrorismo y con todo el país democrático en clave de MEMORIA. Esa es también una de las fases de la batalla cultural que se debe continuar.
Pese a esto, de este reciente proceso rescatamos algo de lo cual no se habla: Martínez le dijo No a Mujica, a Tabaré Vázquez y a Danilo Astori. Algo hasta ahora inédito dentro del FA y que marca el fin de liderazgos o conducciones, que ya puede decirse han perimido. En el acuerdo o el desacuerdo presente y quizás futuro con Daniel Martínez, rescatamos esa actitud, la valoramos y prometemos recurrir a ella cuando esté en el ejercicio de la primera magistratura para lo cual estamos bregando fuertemente.
Desde ya decimos NO. Y lo hacemos inmersos en la esperanzada lucha por concretar el 4° Gobierno del FA y para evitar, que caiga en la trampa de la aplicación de una “línea de ajuste” convertida en prédica no solo de la derecha sino también sustentada por algunos augures de la izquierda. Una propuesta con la cual no se puede hacer campaña. No solo porque ya la está haciendo la derecha, anticipando honestamente cuál será su política antipopular, sino porque la misma se sustenta, como lo demuestra la experiencia, en el binomio: mazazo a los trabajadores y represión de la protesta que ella conlleva. Las enseñanzas de la historia no pueden olvidarse y ellas dicen con claridad que cuando las izquierdas toman el camino del ajuste, entierran sus proyectos transformadores, sepultan su esencia, y se apartan del gran reto de la emancipación que es el que nos debe guiar siempre. Tomando el ejemplo de Daniel Martínez, candidato del FA a la presidencia de la república, expresamos nuestro apoyo y esfuerzo por el triunfo diciendo desde ya: NO al Ajuste.
Entendemos, con plena convicción, que este es uno de los valores contenidos en la puja por aplicar el “mismo programa”, y que debe llevarse adelante pero sin desvirtuarla. Estas son a nuestro criterio, algunas de las conclusiones a las que permiten arribar estas internas. Algo más que danza de nombres y de cargos, y avance político para separar la paja del trigo.