Jorge Ramada
- Breve (y muy simplificada) reseña histórica
Cuando el segundo batllismo se agotó, la oligarquía se las ingenió para atraer votos de clase media (Fernández Crespo en ciudad, Chicotazo en el campo). Así tuvimos 8 años de gobierno blanco, funcional a los intereses de la oligarquía vacuna y cada vez más financiera. El primer periodo, en el que se firmó la primera carta de intención con el FMI, fue de predominio herrerista, más duramente prooligárquico; el segundo tuvo predominio de la UBD, con más sensibilidad hacia las capas medias, pero con indefiniciones o vaivenes que fueron aumentando el descontento generado en los años anteriores.
Todo eso propició la vuelta al gobierno del Partido Colorado. No era la vuelta del batllismo, sino una mezcla heterogénea, agrupada tras la imagen de hombre fuerte, honesto y ordenado, que mostraba el presidente General Gestido. Tras una breve transición, con algunos ministros de signo progresista y luego de la muerte de Gestido, apareció el “pachecato”, el de las medidas de seguridad casi permanentes, de la censura de prensa, de la represión cada vez más dura a las manifestaciones obreras y estudiantiles. Preámbulo (o primer acto) del golpe militar que vendría poco después.
Cabe hacer una breve referencia al primer batllismo, que arranca en un período previo a las guerras interimperialistas y tiene una transición un poco más larga, hasta que, tras la crisis mundial de 1929, deriva en el primer golpe de estado del siglo XX, por supuesto que encabezado por un político del Partido Colorado y con el apoyo de un sector importante del Partido Nacional (cualquier parecido con otros golpes, no es pura coincidencia).
En ambos periodos batllistas hubo avances en políticas sociales y mejora de la situación de los trabajadores, apoyados en condiciones internacionales favorables (buenos precios para nuestros productos); también se consolidó una importante e influyente clase media. Sin embargo, el modelo no resistió la desaparición o disminución de condiciones favorables y tras la bonanza vino una dura represión.
En este siglo hemos vivido otro período de bonanza, también al calor de buenos precios internacionales para nuestras exportaciones. Esta vez no fue un período batllista, porque el batllismo prácticamente ha desaparecido del Partido Colorado y se ha diluido en el progresismo. Pero cuando terminó el “viento de cola”, los avances se frenaron, se perdieron empleos y volvió la oligarquía a manotear el gobierno. La angurria de los “malla oro” no les permitió mantener apoyos para un nuevo gobierno; en su lugar volvió un progresismo mucho menos “de izquierda” que los anteriores, atado a un dogmatismo económico que le impide generar nuevos apoyos, mientras la situación internacional no ayude.
Y, aunque todavía pocos, aparecen hechos o posturas que pueden avalar una vuelta a la represión: los “autoconvocados” agreden a trabajadores del transporte; por varias tiendas aparecen los admiradores del modelo Bukele; el gobierno plantea combatir la inseguridad en algunos barrios sacando a la calle unas absurdas tanquetas, inútiles para el objetivo propuesto, pero útiles para dar sensación de fuerza; se empiezan a oír voces reclamando la declaración de esencialidad. Las capas medias suelen variar de opinión con facilidad. Y si en otros momentos apoyaron al batllismo y luego al progresismo, porque se sintieron protegidas por ellos y mejoraron su posición social, también se vuelven soporte de soluciones represivas, cuando se sienten inseguras.
Esos vaivenes parecen estar en el ADN de la clase media1 y están relacionados con la necesidad de seguridad. En otras épocas, las crisis económicas les trajeron inseguridad en la medida en que minaron su estabilidad y su posibilidad de subir en la escala social. Hoy hay sectores medios que han mejorado su estatus y podrían sentirse seguros, pero la inseguridad viene por la violencia en las calles y la “ola” de rapiñas, balaceras, etc., debidamente amplificada por los “medios” (deberían llamarse extremos) de comunicación.
- El progresismo actual
Los voceros del progresismo siguen dando cifras sobre las mejoras que están logrando: unos puntitos de aumento del salario real, un leve aumento de la ocupación, un porcentaje bajo de inflación, etc. Pero detrás de los números hay personas (por más que los economistas preferirían que se aparten) y las condiciones de vida de los sectores más pobres en Uruguay sigue siendo impresentable. Sigue habiendo gente que come de la basura en un país que produce alimentos para más de 20 millones de personas. Los bolsones de pobreza son imprescindibles para que la máquina capitalista siga andando. La lógica del sistema.
El equipo económico sigue aferrado a atraer inversiones, porque ellas nos traerán crecimiento y ese crecimiento derramará a toda la sociedad, provocando una disminución de la desigualdad. Y es cierto que en el período de mayor crecimiento (2005-2014) hubo una redistribución que favoreció a los trabajadores o al menos a buena parte de ellos. Pero las ganancias del capital también aumentaron y, al término del período, los índices de pobreza, desocupación e informalidad seguían siendo altos. Es de pensar que todos esos índices tienen un piso, del cual no se puede bajar si es que hay que mantener la rentabilidad del capital. La misma lógica del sistema.
Claro que cuando el crecimiento se frenó (sin disminuir), la desocupación y la pobreza volvieron a subir. O sea, se puede disminuir la desigualdad (hasta cierto punto) mientras hay fuerte crecimiento económico. ¡Así cualquiera! Pero el verdadero desafío (para la izquierda, al menos) debería ser seguir disminuyéndola cuando no se crece. ¿O los economistas no saben qué hacer en las difíciles? (Sí, saben, pero no para disminuir las desigualdades, la lógica del sistema los atrapa).
En la novela “Cándido” de Voltaire, el filósofo Pangloss sostenía que vivíamos en el mejor de los mundos posibles; pero luego de haber sido apaleado, azotado y violado varias veces, además de quedar en la miseria, “confesaba que siempre había sufrido muchísimo, pero que, como una vez había defendido que todo estaba perfecto, seguía defendiéndolo aun sin creérselo”.2 Nuestros economistas tienen algo de “panglossianos”: como siempre defendieron que el crecimiento trae derrame, tienen que seguir sosteniéndolo, aunque la realidad les muestre que el único derrame que se mantiene es el que va hacia arriba.
Con la concepción (ideología) de los economistas que gobiernan en el progresismo, podemos esperar un próximo gobierno progresista que siga poniendo “curitas” (Voltaire, “Cándido”) a la pobreza o un gobierno de derecha que le agrande las heridas. ¿O se abrirá paso una nueva ola de represión?
- ¿Cómo salimos de esto?
Habría que agregar otras preguntas al párrafo anterior: ¿Hay alternativas? ¿Las hay en un plazo relativamente corto? No por apostar al cortoplacismo, sino porque cada año (cada día) que pasa en el marco de esta realidad, son nuevos nacimientos pobres y con déficit alimentario, nuevos niños que crecen en ambientes marginados y violentos, nuevos jóvenes sin esperanza que en buena parte van a seguir alimentando las filas del crimen organizado. Y como dijo alguna vez Artigas: La causa de los pueblos no admite la menor demora.
En muchas conversaciones se nota una especie de desánimo o resignación, cunde la idea de que no se puede hacer mucho más, peor sería un gobierno de los blancos. Pero no se trata simplemente de pelear por un gobierno menos malo. No se trata de pensar solo en cambios de gobierno, hay que pensar más bien en cómo, desde los distintos movimientos y organizaciones sociales, es posible juntar fuerzas para presionar por cambios.
Hoy tenemos un gobierno progresista donde tienen cierta fuerza los reclamos de los trabajadores, pero donde también tienen fuerza (y al parecer más) sectores vinculados a empresas y profesionales amigos que los apoyan para llevar adelante inversiones, que sin dudas no van a favorecer a los sectores más postergados de la sociedad. Pienso en los barrios privados, en el proyecto de los Bañados de Carrasco (impulsado, luego de haberlo asesorado, por el mismísimo viceministro de Ambiente), la privatización parcial del Parque Roosevelt, etc.
Me viene a la cabeza una cita de Lenin: “Es necesario saber encontrar en cada momento peculiar el eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente. El orden de los eslabones, su forma, su engarce, la diferencia entre unos y otros no son tan simples ni tan burdos en la cadena histórica de los acontecimientos como en una cadena corriente forjada por un herrero”.
Hoy tenemos muchas luchas dispersas. Además de las luchas sindicales, de los cooperativistas, de los pequeños productores, hay otras llevadas adelante por grupos (algunos numerosos, otros reducidos) muy focalizados en un tema: los que reclaman verdad y justicia, los feministas y defensores de la diversidad sexual, los que se movilizan por la defensa del ambiente en general o de una zona en particular. Reivindicaciones que, en mayor o menor medida, cuestionan aspectos o consecuencias del sistema.
¿Será posible tender puentes entre esos grupos? Buscar acuerdos, sobre todo operativos más que declarativos, trabajar hacia fuertes movilizaciones conjuntas. Todos eslabones más complejos que los de la cadena de un herrero, pero ¿será posible encontrar el eslabón más fuerte que permita empezar a sujetar la cadena que lleve a cambios de fondo? No se trata de renunciar a reclamos específicos, sino de tratar de aglutinarlos, complementarlos, coordinarlos, para luchar en conjunto. Es otra forma de plantearse la vieja necesidad de la acumulación de fuerzas, quizás aquel Frente Grande que en su momento propuso el Bebe Sendic.
No tengo respuesta acerca de cuál pueda ser ese eslabón, pero sí pienso que es hora de acercarse para buscarlo entre todos. Quizás retomar lo que fueron las discusiones para el 3er. Congreso del Pueblo pueda ser un puntapié inicial.
1 No se trata solo de sectores de la pequeña burguesía. Hay también muchos trabajadores con pensamientos similares.
2 Citado textual de la novela “Cándido o el optimismo”,Voltaire (1759).
3 “Las tareas inmediatas del poder soviético”, Lenin (1918).