Hugo Tuyá
Los frentes de batalla contra problemas domésticos y decisiones en el plano internacional han puesto en el candelero y en debate las visiones del gobierno frenteamplista. Las repuestas pueden apuntar a varios planos, pero sin duda y desde ya, podemos asumir que existen molestias y un doble punto de vista, de acuerdo a medidas puntuales tomadas hasta el momento: una desde del gobierno, y otra desde la fuerza política propiamente dicha, con algunas coincidencias. En el medio, chisporroteos cruzados por miradas antagónicas desde diferentes ministros sobre temas candentes.
Los tiempos han cambiado, lejos del año 2004, y su euforia por el advenimiento del FA. La sociedad parece acopiar otras necesidades, que muchas veces son impuestas por el bombardeo propagandístico. Fuera de los ámbitos nacionales, una nueva realidad planetaria, cuyo eje bascula sobre la batalla por el control del comercio y de las fuentes de energía, acapara la atención y ocupa mesas de debates y toma de decisiones que cambian hora tras hora. Sin ser abarcativo, la influencia tecnológica ha generado otras metas, nuevos rumbos, y otras ansiedades que, en tiempos no tan lejanos, no llegaban a convertirse en un factor de distorsión en la interpretación de lo cotidiano. Hoy parecen comandar las acciones al más alto nivel político. Por otro lado, las mediciones de opinión pública son una señal controversial respecto a la sensación térmica de la ciudadanía, también, suponemos, en temas de corte internacional, transversalizados en la dinámica propia del acontecer político del país, pero permanecen en un cono de sombra como parte de comentarios de analistas mediáticos.
La democracia republicana parece constituirse, por historia y cultura política locales, como la mejor forma de convivencia. Ciertas virtudes, como la honestidad y la ética deben hacer gala de su presencia entre los gobernantes, además de pericia técnica, visión histórica, y sensibilidad social. Resumiendo, podríamos parafrasear al profesor Barrán en algunos de sus libros dedicados a José Artigas durante el proceso revolucionario: un buen gobierno debe tener un conductor probo, pero también ser conducido por el pueblo, única forma de celebrar la democracia popular. La voluntad política para ejercer el mando, y los cambios de acuerdo a un norte previamente establecido y comunicado al ciudadano, constituye la esencia de la legítima autoridad de Presidencia, emanada de la soberanía del pueblo. A lo expresado, habría que sumar el giro de algunas “perillas” extracontinentales que motivan serias incertidumbres globales, -como las hubo en aquellos años del Sitio y del Éxodo-, un agregado crucial para países sin espalda geopolítica suficiente como para imponerse en el ajedrez mundial, donde las piezas se mueven de acuerdo a un objetivo que no es otro que aquel expresado por Lord Palmerston: los países no tienen amigos ni enemigos, sino intereses particulares.1 Agregaríamos nosotros, excluyentes.
Las utopías colectivas, de las cuales seguimos formando parte, fueron quedando desdibujadas en base a una supervivencia elemental y derrotas políticas, particularmente en épocas de censura, cárcel, y explotación oportunista de una democracia apenas formal, aunque siempre existió un disco duro ilustrado, -cuyas figuras primordiales pueden rastrearse en la Generación del 45-, que nunca bajó los brazos en sus objetivos sociales y políticos, tampoco en su análisis de la realidad latinoamericana en relación con las causas de aquellas derrotas y de los vaivenes de la política exterior del Uruguay y de los EEUU, patrón de la vereda luego de la Segunda Guerra.
Analizado desde la perspectiva histórica, las fuerzas políticas “liberales” que fungen de apoyatura al capital, continúan batallando a brazo partido para combatir los resabios del socialismo, incluso muy luego de la implosión de la URSS. El caso Cuba resulta paradigmático, aunque otros paises como Vietnam no parecen poner en peligro la civilización occidental y supuestamente cristiana. Pero la llegada de gobiernos de derecha y ultraderecha al continente sudamericano deja en claro cuáles serán los asuntos internacionales que serán apoyados o cuestionados en tanto el imperio norteamericano marque la dirección de los acontecimientos. No es precisamente la mejor coyuntura política y regional para Uruguay, cuya dependencia hacia factores impredecibles necesitan una estabilidad local y regional duradera. Es en este punto donde surgen los problemas y controversias con el gobierno frenteamplista, puntos de vista enfrentados tanto por los criterios asumidos en política exterior como por los conceptos teóricos que sustentan, por así decirlo, una suerte de “flotación” permanente frente a lo que hoy significa la expresión IMPERIALISMO para el imaginario de izquierda vernáculo.
Distintos episodios vinculados a la relación Uruguay-EEUU, han puesto sobre el tapete discusiones ríspidas que cuestionan el posicionamiento del gobierno ante el empuje armamentístico y la prepotencia operativa del norte acunados en la rivalidad con China, la adrenalina por ocupar las fuentes mundiales de petróleo y tierras raras, y la pérdida del dominio mundial comercial que se ha acentuado en las últimas décadas. No se ha entendido por motivos obvios la presencia de Orsi en el portaaviones USS Nimitz a instancia de una invitación del embajador yankee ante la nación, ni tampoco la presencia del representante uruguayo en Washington a la reunión contra el “terrorismo de izquierda” impulsada por Marco Rubio y avalada por Trump. Ni referirnos al silencio manifiesto o a la implantación mediática contundente de la palabra genocidio frente al tema Gaza. El presidente Orsi ha expresado su posición al respecto de tales anuncios al igual que el ministro Lubetkin, donde, para votantes y militantes, existen orfandades ideológicas evidentes que han representado al FA desde sus orígenes, y que, por una extraña esquizofrenia, han sido refrendadas en el capítulo de política exterior impreso para su discusión en el próximo Congreso, contrariando los empujes de “neutralidad” manifiesta dispuesto por el Ejecutivo ante latrocinios y crímenes contra la humanidad dados a conocimiento público a través de los medios.
La imagen expuesta por el gobierno en lo internacional pretende disipar cualquier idea de encontrarse escorado a babor o estribor, -entiéndase EEUU o China comunista sumariamente- y que es beneficiosa la comunicación y relación estable con todos los gobiernos. La idea fuerza de una “flotación limpia” o equidistante -valga el término economicista- frente a los avatares de la coyuntura planetaria, indica un camino sinuoso en donde, en apariencia, no existen fronteras que separen una política exterior determinada por la ética y el derecho internacionales y los intereses particulares y urgentes de Uruguay, siguiendo el axioma de Lord Palmerston. No se desconocen ni se minimizan las amenazas trumpianas frente a presuntos países rebeldes a sus imposiciones, ni sus intentos de balcanización en Latinoamérica, pero no se puede estar bien con dios y con el diablo, como expresa una vieja sentencia desde el fondo de los tiempos, y como así lo expresan los principios activos del FA sui generis.
La dependencia externa y las urgencias domésticas tienen sus límites que ponen contra las cuerdas las mejores intenciones y echan por tierra simbolismos poderosos, pero deben señalar los inexcusables principios de la fuerza política y su comprometida ascendencia artiguista: soberanía, independencia, y justicia social. El posible corolario de una compostura de confort hacia los temas internacionales insertos en la nueva estrategia imperial parece ser acechado por peligrosas consecuencias que aún no están a la vista. Entre los peligros que pueden acarrear influencias hacia nuestro territorio puede citarse la próxima elección en Brasil y la candidatura de Lula a la reelección: la izquierda ya fue desalojada en Chile, Colombia, y Bolivia. Brasil es nuestro principal comprador luego de China, y un pívot clave para el Mercosur y los consensos imprescindibles para la concreción y ejecución de una política comercial conjunta. En caso de que se pierda la reelección, la correlación de fuerzas quedará completamente desbalanceada a favor del imperio y sus secuaces bolsonaristas que, no solamente cambiarán el rumbo del gigante sudamericano, sino que mutará en una cabeza de playa fundamental para los planes expansivos y colonialistas del emperador y su lacayo hijo de inmigrantes, Marco Rubio. Uruguay quedaría rodeado por los ultras de Brasil y Argentina.
La extensa historia colonial ha demostrado que el destino de los países sudamericanos está ineludiblemente relacionado con la unidad y la defensa mutua frente a potencias que nunca declinarán su interés rapaz y la captura de insumos para alimentar sus usinas armamentísticas y nucleares, capaces de mantener por ahora el equilibrio geopolítico necesario entre intereses comerciales que puedan desencadenar conflictos armados. Por lo tanto, parece imprescindible jugar las cartas con habilidad, a la unión de los países regionales, única forma de hacer frente a los embates del emperador y la rancia oligarquía que lo arropa. La próxima reunión de la ONU, donde concurrirá el presidente Orsi, puede ser una buena oportunidad para recalcar conceptos de soberanía nacional y generar acuerdos con representantes de los paises del área latinoamericana, sin perjuicio de las diferencias ideológicas. La historia seguirá marcando quien es quien en esta nueva encrucijada antimperial.
1 “Por lo tanto, digo que es una política estrecha de miras suponer que este o aquel país debe ser señalado como el aliado eterno o el enemigo perpetuo de Inglaterra. No tenemos aliados eternos ni tenemos enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y esos intereses es nuestro deber perseguirlos”. Lord Palmerston, Cámara de los Comunes, 1848.