Entrevista a Constanza Moreira

Claridad entendió necesario y oportuno recoger los pareceres sobre diversos aspectos de la realidad política de la senadora Constanza Moreira y Gustavo González, ambos tienen un perfil propio y distintivo dentro de la representación parlamentaria del partido de gobierno, sus posturas se asocian con posiciones nítidas valientes y muchas veces sostenida “contra corriente”. Las entrevistas fueron elaboradas y procesadas por el equipo de editores.

La viabilidad del Uruguay como estado independiente y soberano, desde sus inicios, ha sido puesta en tela de juicio por “los de afuera” y también “desde adentro” con enfoques y argumentos variados. Sin embargo, pese a ser hoy una realidad cuya existencia no se puede ignorar, la incertidumbre sobre su destino vuelve a plantearse, esta vez desde el punto de vista demográfico. A la luz de esas cifras, que surgen sobre el número y la composición de la población del Uruguay, ¿qué reflexiones le merece el futuro del país?

No existe una limitación “demográfica” a la viabilidad nacional. La viabilidad nacional depende de la capacidad que tengamos de manejar los recursos estratégicos básicos y eso lo asegura una buena conducción económica y política del país. Al contrario, Uruguay alcanzó el óptimo demográfico cuando controló el número de niños y la cantidad de gente en edad de trabajar era el porcentaje mayoritario de la población. La conducción económica es esencial para asegurar la viabilidad de Uruguay y los quince años de gobiernos de izquierdas mostraron que una buena conducción política ponía al Uruguay entre los países más ricos de América Latina. Los indicadores de Uruguay aseguran una buena viabilidad país. En este marco, son importantes las empresas públicas. La viabilidad nacional es más dependiente de la suerte de la UTE, la OSE, ANCAP y ANTEL que de la cantidad de hijos por mujer, que -por cierto- está bajando en todo el mundo.

Uruguay se encamina a ser un país más viejo de lo que era. Pero esta es una tendencia que ya los países europeos han atravesado hace tiempo, y no se han inviabilizado por esto (sino por otras cosas, como la guerra y la creciente dependencia de la economía norteamericana). El cambio demográfico es parte del largo proceso de la modernización, y sin duda, de los cambios culturales y materiales en la vida de las mujeres. El cambio demográfico se explica, además, por cambios en la dinámica de la vida familiar, donde los cambios en las expectativas personales determinan familias nucleares más pequeñas, jefatura femenina sin cónyuge y familias ensambladas (además de mucha gente -especialmente en la vejez- que vive sola).

La pobreza infantil es hoy nuestro principal problema y allí hay que tomar lecciones de lo que se hizo con el sistema de jubilaciones y pensiones. La formalización del trabajo en Uruguay trajo consigo un robusto sistema de pensiones y jubilaciones que permite que la pobreza en la población más vieja apenas llegue al 6%. Hay que conseguir financiamiento genuino para el sistema nacional de cuidados (algo que era una de las tareas centrales del Diálogo Social) y acabar con la pobreza infantil. Si eso sucede, tendremos resuelta buena parte de los problemas que hacen a la viabilidad nacional.

La descentralización, aplicada en lo que podemos llamar la arquitectura del Estado y su organización, tiene ya años de vigencia. El FA, fue la fuerza política que la propuso e impulsó su aprobación y ha trabajado en su implantación, sin embargo, no ha hecho hasta ahora, una evaluación, al menos de carácter público, sobre los resultados de su puesta en práctica. ¿Cómo evalúa usted este proceso de descentralización?

Políticamente, no nos está yendo bien en la Descentralización. La inmensa mayoría de los alcaldes son del Partido Nacional. Aun en Montevideo, donde el FA construyó una sólida mayoría, todavía no consigue llegar a esa capilaridad política que fue, sin embargo, la que lo construyó como partido. Porque la historia del FA fue de los movimientos y los territorios a la política y los cargos y no al revés. Pero no existe un trabajo consistente, permanente, estratégico, de potenciar liderazgos jóvenes y de mujeres en los territorios, capaces de disputar con la derecha la representación territorial. No es fácil, pero no imposible. Los sectores sí potencian sus liderazgos, pero entre ellos hay competencia electoral, y el FA como un todo no asume esto como tarea.

Desde la cúpula dirigente del FA han surgido explicaciones para responder a las manifestaciones de disconformidad que suscita el accionar gubernamental, particularmente desde sus mismas filas. Una de ellas, la más difundida, es que el FA no sabe, o no ha sabido explicar sus políticas, es decir, que el fracaso se debe a la mala comunicación. Sin embargo, desde sus propias filas se responde que no es solo un tema de comunicación sino también ideológico. Considerando estos aspectos ¿Cómo encuadraría usted este problema?

El FA siempre fue bueno en comunicación, y siempre estuvo lleno de ideas. De hecho, los partidos tradicionales han empezado a imitarnos en varios planos, y hasta a usar nuestros términos (como la libertad) o nuestras ideas. Pero los grandes medios de comunicación y la concentración del poder en las redes a través de los oligopólicos dueños de las plataformas, tienden a generar sus propios relatos, ya no a partir de la elaboración de mensajes propios (ninguna inteligencia artificial podrá suplir al “relato” humano en la política) sino de la selección de los mensajes que transmite: sus recortes, su intensidad, etc. Cuando gobierna la izquierda, uno percibe que los mensajes mediáticos tienden a explotar frustraciones, desencantos y malestares (la derecha trabaja muy bien con las “pasiones tristes” de Spinoza). Cuando gobierna la derecha, emerge en cambio un tono anímico “por la positiva” (no es casual la elección), y ello contribuye a la solidificación de sus liderazgos (como el de Lacalle Pou). La derecha triunfa por la erosión del capital político de sus opositores (como el de Orsi), más que por el aumento del capital reputacional de los propios.

En síntesis, es muy difícil hacer circular los mensajes propositivos desde la izquierda: chocarán contra murallas invisibles. Pero no es tan difícil evitar errores (tal vez), ponerse firme (especialmente en el plano ideológico), y canalizar el enorme descontento ciudadano contra las derechas en nuestro tiempo, ponerle freno a la violencia política o denunciar a las derechas. No se puede permanecer callado frente a los atropellos, ni poner la otra mejilla cuando nos golpean. Así encuadraría yo el problema.  

¿La agenda de derechos eclipsa la agenda social histórica de las izquierdas?

Ese es el mensaje de Agustín Laje, el gurú de los libertarios de derecha: que la izquierda, al no poder cambiar el capitalismo, elige dar la “batalla cultural” por los derechos. Pero no es así. Cuando hablamos de los derechos, hablamos de luchas materiales, de luchas redistributivas. La lucha por los derechos de los trabajadores es una lucha distributiva clásica de las izquierdas (la del capital y la del trabajo). La lucha de las mujeres es también una lucha distributiva, no sólo de reconocimiento; luchamos por trabajo, autonomía económica, libertad de nuestros cuerpos. Las luchas contra la violencia son muy materiales y concretas (y mucho me temo que en el campo de la seguridad la derecha nos está llevando la delantera). Las luchas por el medio ambiente pueden ser luchas anticapitalistas. Politizar la agenda de derechos es la primera labor pedagógica de la izquierda.

¿Cuáles son los rasgos distintivitos del desarrollo de la lucha de clases hoy? Se lo preguntamos sabiendo que su retórica política emplea frecuentemente esta “categoría”.

Los enormes cambios producidos en el mercado de trabajo con la “uberización” de vastos sectores del mercado de empleo, deben ser una preocupación central del movimiento sindical y de la izquierda uruguaya (además, el presidente del FA es un sindicalista). Porque la proliferación de empresas unipersonales y monotributistas cambia de forma radical la estructura misma del empleo en Uruguay, rebaja las chances de contribución al sistema de seguridad social estimulando la evasión, aumenta de manera sustancial el número de horas trabajadas, profundiza la brecha estructural entre trabajadores, y disminuye la tasa de sindicalización. La precarización del trabajo es algo que debemos combatir con la mayor energía, y no ceder a las presiones del capitalismo desregulador. Uruguay es un país de altísima regulación, y lo ha logrado sostener contra décadas de embate de las derechas y los organismos internacionales por desregular y liberalizar. Esa lucha debe continuar, en un mercado de trabajo de altísima concentración capitalista. 

Política económica: continuidades y diferencias: Hay líneas de continuidad en la política económica, desde el retorno de la democracia, ¿Cuáles serían? ¿Cómo determinar una política económica diferente a la implantada, que permita superar límites? Y, la diferenciación más clara y explícita entre programas políticos se da en el campo económico, y hay quienes sostienen que, desde el retorno al sistema democrático se mantiene una continuidad que los gobiernos del FA no han sido capaces de superar. No parece una carencia de capacidades sino de continuidad en la voluntad política. ¿Usted coincide con esta afirmación?  

En una economía capitalista, la dirección de la política económica será coherente con esa dirección. Los gobiernos de izquierda pueden hacer transformaciones pero tienen límites que crecientemente recortan su margen de acción (la política monetaria y la política fiscal, por ejemplo). Pero esto no quiere decir que no puedas hacer dos cosas muy importantes. La primera es ir desarrollando alternativas capitalistas en vastos sectores de producción: las empresas públicas son un ejemplo de ello. Aunque están sometidas a una gestión capitalista, son de propiedad pública y su principal función es abastecer las necesidades de la población (de agua, de energía, de comunicaciones). El desarrollo de la economía social y del cooperativismo, son otro ejemplo. En segundo lugar, está la enorme tarea de hacer compatible el capitalismo con el estado de derecho y la democracia. Esa es una tarea titánica en los días que corren, habida cuenta de la erosión de normas y derechos que ocasiona el capitalismo en esta fase de imperialismo de garrote comercial y despliegue militar por parte de Estados Unidos. Gestionar el capitalismo con cuidado por los derechos laborales ya es un desafío en sí mismo. Gestionar el capitalismo evitando que las transnacionales y el propio empresariado desarrollen estrategias de “captura” del Estado y lo vayan erosionando, es otro enorme desafío. Gestionar el capitalismo cuidando la sustentabilidad de nuestros recursos naturales (suelos, agua, aire, etc.) es un desafío ya no sólo a escala país sino a escala mundial. En tercer lugar, deben reivindicarse alternativas al capitalismo, llámense como se llamen. El socialismo como idea surgió para denominar no sólo una experiencia concreta (los países del “socialismo real”) sino también ideales de cooperación en las sociedades humanas y en los modos de producción materiales.

Progresismos e izquierdas. Antimperialismos. Lucha de clases. (En el caso de Uruguay se asimila progresismo a izquierda, algunos lo hacen, en el documento del FA para el VIII Congreso, en algunos pasajes se le asimilan). Estas dificultades, señaladas en la pregunta anterior, han propiciado la asimilación de la denominación "progresismo" con el término "izquierda”, convirtiéndolas en sinónimos. ¿Usted concuerda con esa igualación? ¿son para usted términos similares o asimilables entre sí?    

Izquierdas y derechas son dimensiones espaciales y abstractas. América Latina vive hoy un momento de gran polarización entre izquierdas y derechas: la llamada “grieta”. El odio contra la izquierda (que retoma el espíritu de la guerra fría) está hoy muy acicateado por las derechas extremas. Se expresa como odio a los “zurdos”, a las feministas, a los sindicalistas, a los “woke”, etc. En este marco, izquierdas o progresismos se integran en un mismo campo: el de las izquierdas, por mucho que se quieran diferenciar. Podríamos distinguirlos por la intensidad de sus preferencias, sus modelos de sociedad, o su vínculo de adaptabilidad con el capitalismo, pero el binarismo es claro, la gente lo entiende así, y la polarización lo profundiza.

Finalmente queremos que comparta con “Claridad” aspectos centrales de la intervención política de “Casa Grande” (su sector) en la escena política nacional.

“Casa Grande” ha hecho una gran contribución en varios campos: política internacional, seguridad, educación, desarrollo, feminismo y medio ambiente. Voy a mencionar dos: el ecologismo y el feminismo.

El sector “ecologista” de CG es un sector importante, articulado, que combina técnicos, académicos y productores orgánicos. Ha trabajado por la ley de agroecología, la ley de etiquetados transgénicos, el combate a los agrotóxicos, y también sobre problemas ambientales en todos los departamentos del país.

En el ámbito feminista, debemos recordar que revisten en “Casa Grande” liderazgos que tuvieron a su cargo la dirección del INMUJERES como Mariella Mazzotti y Beatriz Ramírez, o creadoras de la Bancada Bicameral Femenina como Margarita Percovich, además de la alcaldesa “feminista” Silvana Pissano. El principio de Casa Grande es potenciar los liderazgos femeninos, encabezar listas con mujeres, y sostener esa agenda en el Frente Amplio y en los territorios.

“Casa Grande” es un grupo político casi sin cargos de gobierno, lo cual quiere decir que el sector se sostiene básicamente por el trabajo militantes de sus miembros, en todo el país. Actualmente tenemos representación prácticamente en todos los departamentos del país. Los liderazgos son en su gran mayoría, mujeres. Fortalecemos los liderazgos femeninos en todo el país. Y queremos ser una verdadera escuela de cuadros políticos femeninos. En eso radica nuestra fuerza, y paradojalmente, también nuestra debilidad (dado el escaso peso que tienen las mujeres en la política uruguaya).