¿CUÁN VERDE ERA MI HIDRÓGENO?

Jorge Ramada

 Aquí todo es aceptado, como el billete premiado

La máquina de hacer plata, viejos aviones de lata

Para romper la piñata, tenemos flor de virtud.

La raspa vino en otrora, luego el rocanrol y ahora

Para formar la tripleta, como ya estamos manyados

Que aquí entramos por el aro, trajeron el hula-hoop.

(Diablos Verdes, Cuplé del hula-hoop, febrero 1959)

Hace 5 siglos, los charrúas -que no eran murgueros- recibieron a Solís y sus vendedores de espejitos, no con un cuplé, sino a los flechazos. Después, algunos orientales del siglo pasado, más civilizados, resolvieron desagraviarlo dándole su nombre a pueblos, arroyos y calles.

Hoy en pleno siglo 21, “nos siguen llegando rubios y les abrimos la casa” para que nos ofrezcan sus “últimas tecnologías” y encima “verdes” (color que se ha puesto de moda por quienes dicen preocuparse por el ambiente). “Del mar los vieron llegar” los antiguos aztecas a “los hombres barbados de la profecía esperada”1 y hoy vemos llegar de diferentes lados a los nuevos profetas que nos ofrecen “la gran solución” para descarbonizar la atmósfera (mientras sus países de origen la siguen “carbonizando” con sus absurdas políticas de rearme desenfrenado). Lo que está claro, según nos dicen varios integrantes del gobierno, es que el Hidrógeno Verde “se viene”. ¿Será que cae del cielo?

Dejando de lado ironías y alegorías históricas, vamos a entrar a analizar más en detalle a los proyectos de HV. Empezando por el grado de verdor que tendrá el Hidrógeno que “se nos viene”, pues hay que señalar que los proyectos que nos ofrecen implican grandes obras de infraestructura, y posterior necesidad de transporte y almacenamiento, todo lo cual requerirá un importante consumo de energía no tan verde.

Me voy a centrar en el más controvertido, el Proyecto HIF Global en Paysandú. Un claro ejemplo de cómo funciona en estos casos la política de hechos consumados. El 28 de febrero de 2025, último día del anterior gobierno, la Junta Departamental de Paysandú “aprobó la recategorización de suelos para la planta de hidrógeno verde que HIF Global planea instalar en el departamento como parte de la mayor inversión de la historia de Uruguay”2 (hay que aclarar que con votos de todos los partidos políticos). El proyecto no tenía las autorizaciones ambientales necesarias, pero ya se le allanaba el camino, empezaba a jugar el partido ganando 1 a 0 y con el juez a favor. Ya había logrado, unos meses antes, firmar un “memorando de entendimiento” con el gobierno (confidencial, por supuesto) y posteriormente un acuerdo de implementación. Está claro que el interés del inversor es lo primero. Lo de cuidar el ambiente vendrá después (es secundario) y ya sabemos que para ello estarán las asesorías y consultorías que irá presentando la empresa, prometiendo modificaciones y correcciones a la propuesta original, hasta lograr un informe favorable. Después que se instale y esté en marcha (si es en realidad un proyecto productivo y no una especulación financiera de una desarrolladora de proyectos), si no se cumple con las prevenciones prometidos, habrá observaciones, eventualmente multas, pero a nadie se le va a ocurrir cerrar la planta (salvo, claro está, a los inversores, si ven que en algún momento la aventura deja de ser rentable).

Pero los incumplimientos ya empiezan antes. Este mes la empresa fue multada en 45.000 dólares por talar el monte nativo en la zona en que piensa instalarse antes de tener la autorización ambiental necesaria. No fue el Estado, muy poco fiscalizador, quien detectó la infracción, sino los vecinos que hicieron la denuncia. Los mismos vecinos que han manifestado múltiples objeciones al proyecto, pero que por ahora parece que quedarán apenas ejerciendo el sagrado “derecho al pataleo”. La multa para una empresa que plantea una inversión multimillonaria es insignificante3 pero el monte ya fue destruido. Y pocos días después, la empresa recibió la Viabilidad Ambiental de Localización, o sea: se valida el lugar elegido, reforzando la recategorización previa de suelos y se habilita a operar en la parte de monte incluida en esos predios.

Hay que aclarar que el proyecto no tendrá Hidrógeno como producto final, sino que lo combinará con dióxido de carbono (CO2) para producir metanol, que sería el combustible a exportar. El CO2 provendría de biomasa, aportada por la planta de ALUR en Paysandú y “complementada” con restos de actividad forestal. Esta fue la razón para justificar su instalación en las cercanías de la planta de ALUR. Sin embargo, informes posteriores de la empresa estimaban en menos de 20 % lo aportado por ALUR. Para que el “complemento” llegue a la planta se van a precisar ¡¡unos 300 camiones diarios circulando en un área de 150 km a la redonda!! Para visualizar lo “verde” de este aporte hay que ser daltónico.

De todos modos, hay que preguntarse si lo ambiental es la objeción más relevante a este proyecto. Incluso algunas de las objeciones de ambientalistas podrían ser rebatibles por la propaganda de la empresa y volverse en contra. Por ejemplo, los reclamos del gobernador y algunos vecinos de Entre Ríos no son para cuidar el ambiente en general, sino para cuidar su ambiente. Si la instalación se aleja lo suficiente de la costa del Río Uruguay se acaban las protestas4. Del mismo modo los cuestionamientos por el uso de agua (18 millones de m³ anuales) pierden peso si el agua se toma del Río Uruguay, ya que significaría usar en un año menos de lo que fluye durante 1 hora por el río. Los cuestionamientos más serios que deberíamos hacer a éste y otros proyectos similares tienen que ver con nuestra soberanía y con el modelo productivo que refuerzan.

En primer lugar, no se trata de producir electricidad para seguir disminuyendo nuestra dependencia de combustibles fósiles o para generar nuevas aplicaciones de la electricidad (trenes, por ejemplo), sino que éste, como el “proyecto Tambor”5 está pensado para exportar combustible generado a partir del HV. Así, cuando el Ministerio de Industria y Energía habla de un segundo cambio en nuestra matriz energética, se olvida que con estos proyectos el cambio no es para nuestra matriz, sino para las multinacionales del transporte, que prometen pasarse a derivados del hidrógeno como combustible. No pretenden cambiar nuestra matriz, sino más bien usar la energía limpia que producimos.

En segundo lugar, la urgencia de nuevas formas de energía para los países “desarrollados” ante la perspectiva del agotamiento de los recursos fósiles no debería condicionar nuestro modelo de desarrollo ni nuestra matriz energética. Acerca de los recursos fósiles, menciono su agotamiento (o encarecimiento de su extracción) como argumento para buscar nuevas fuentes, porque el argumento del impacto negativo en el cambio climático poco importa para países que desconocen acuerdos internacionales sobre el tema y siguen manteniendo a rajatabla el modelo generador del cambio climático. Modelo que hace años ha sido catalogado como insostenible social y ambientalmente por la OIT y que ha derivado en mayor concentración de la riqueza y en financiamiento creciente de la carrera armamentista. En definitiva, la lógica del capitalismo: la búsqueda del incremento de la tasa de ganancia lleva a una mayor explotación y las crisis de sobreproducción se solucionan con el aumento de los “bienes de destrucción”, además de la necesidad de los países poderosos de mantener fuerzas de coerción (y ocupación) sobre los países que poseen materias primas estratégicas.

En tercer lugar, hay que poner en cuestión la generación de puestos de trabajo que traen estos proyectos y que se usa como argumento para convencer a las poblaciones que afectarán (y lo repiten los gobernantes que se entusiasman). El alto número de puestos ocurre en la etapa de construcción. Luego quedan unos pocos puestos directos, generalmente con buenos sueldos y varios en trabajos indirectos. Como ejemplo, el departamento de Río Negro, tras la instalación de UPM1, pasó a ser el de mayor índice de desocupación. A eso hay que contraponer los trabajos que se pierden, en parte por ocupación de terrenos productivos, en parte por distorsión de actividades existentes. Por eso, sería importante desde los movimientos sociales, pensar alternativas para generar puestos de trabajo más sostenibles. Como ejemplo, la Intersocial de Paysandú ha sugerido estudiar un proyecto de complejo turístico en las islas del Queguay como alternativa a HIF. También los puestos en la construcción podrían dedicarse a planes de infraestructura o vivienda. Claro que esto no es negocio para quienes nos traen los espejitos.

Por último -y no menos importante- hay aspectos técnicos y económicos que ponen en duda la real intención de estos proyectos. Hoy en día el HV sigue siendo 2 o 3 veces más caro que los combustibles tradicionales (¿se estará pensando en subsidios o exoneraciones para hacerlo viable?); se va a requerir nueva infraestructura para el transporte y almacenamiento (¿a costo de quién?); pero además hay estudios que muestran que el proceso de convertir electricidad en HV y luego en un derivado más manejable (metanol o amoniaco) implica pérdidas energéticas que pueden superar el 50% (¿es razonable tanta ineficiencia energética?). Todo esto hace pensar si realmente estamos ante proyectos productivos o especulaciones de bolsa de fondos de inversión.

Dicho todo lo anterior, conviene reflexionar ahora sobre la contradicción ambiente-trabajo o ambiente-producción, partiendo de la preocupación por el trabajo y sus derechos, antes que por el capital y sus ganancias. Sabemos que no es posible producir sin afectar de alguna manera el ambiente. Hay casos en que la preocupación por el ambiente va de la mano con el cuidado del trabajo genuino y de la salud, como es la promoción de la agroecología de carácter familiar o de grupos de productores ante los monocultivos que envenenan el ambiente y especialmente dañan fuertemente a la salud humana y a las aguas, generando poca mano de obra y aumentando la concentración de la riqueza. En otros no es tan claro: en nuestro país es enorme la cantidad de cueros que se genera en la faena de vacunos y ovinos. Hoy en día algunos se industrializan, otros se exportan (o contrabandean) sin más valorización y otros se entierran o se dejan pudrir al aire o se queman. ¿No sería importante volver a desarrollar una industria del cuero potente como lo fue hace años? Es cierto que las curtiembres son actividades potencialmente muy contaminantes, pero también contaminan los cueros abandonados o quemados. Y la industrialización de los cueros en nuestro país permite agregar valor aquí, generar puestos de trabajo y dinamizar otras actividades. ¿O preferimos importar un altísimo porcentaje de los artículos de cuero que usamos, sin importar dónde y cómo fueron elaborados? Estas son decisiones de política nacional que deberían hacerse pensando ante todo en el trabajo nacional y tomando las medidas necesarias para minimizar la afectación al ambiente.

Ante estos nuevos emprendimientos que se nos presentan como grandes avances para “el país”, es bueno preguntarse: ¿van a contribuir a satisfacer las necesidades básicas hoy insatisfechas en buena parte de la población?; ¿estamos priorizando cambios que mejoren la equidad o pensamos ante todo en la productividad?; ¿apuntan a atender las urgencias reales de nuestra población o las urgencias financieras del capital?

Como final, un par de reflexiones:

Es llamativo también que los mismos ministerios que promueven el HV como un aporte para reverdecer la energía del planeta, estén a la vez aceptando y promoviendo exploraciones marinas en busca de más combustible fósil para mantener los niveles de producción de un modelo que es el principal responsable del cambio climático, a la vez que deriva en una cada vez mayor concentración de la riqueza.

Puede ser que, para algunos jerarcas, la concreción de algunos de esos proyectos resulte atractiva para subir algún puntito del PBI y mejorar la calificación que nos dan las consultoras de riesgo, aunque los gurises de los asentamientos sigan pasando hambre y sumergidos en ambientes de violencia, para mayor gloria de la regla fiscal.

 1 De “La maldición de Malinche”, canción de Gabino Palomares, México, 1975.

2 Portal de noticias “Ámbito”, 28 de febrero de 2025.

3 Representa menos de 0,001 por ciento de la inversión proyectada.

4 Algo similar pasó con las objeciones a la planta de Botnia (hoy UPM) en Fray Bentos.

5 Por su cercanía a la localidad de Tambores, que sí planteó en su primera versión utilizar agua del acuífero Guaraní, que piensa traer el CO2 desde una chimenea a 300 km y que tiene como asesor al mismo compatriota que años atrás promovió el frustrado proyecto minero “Aratirí”.