
Eduardo Aparicio
El senado votó el presupuesto, ahora vuelve a diputados que como tercera cámara tendrá que finalizar la tarea en el curso de los próximos días.
El texto no tendrá modificaciones, entonces se puede decir que en él se confirma la orientación económica del gobierno en clave y perspectiva de hoja de ruta para los próximos cinco años. Queda por verse si el devenir de los acontecimientos, la dinámica social, el desarrollo y decurso de la lucha de clases, -con su fuerte carga de puja distributiva-, impondrán modificaciones, correcciones a la misma en el futuro.
La capacidad de movilización, así como las posibilidades consolidar una direccionalidad política adecuada del movimiento popular serán definitorias para encauzar, ordenar, una pulseada que ya está abierta e instalada entre gobierno y el movimiento popular. Hasta el momento los niveles de movilización registrados fueron significativos y novedosos (sindicatos de la enseñanza, movimiento estudiantil), pero no tuvieron la fuerza para torcer en la instancia la apuesta gubernamental. Los sectores organizados, aquellos que detentan mayores niveles de consciencia, han comenzado a hacer un doble juego, en defensa de sus intereses y en procura de cambios y nuevos énfasis que le permitan mayores niveles de identificación aprobatoria con el curso trazado desde el gobierno. No se puede obviar que el malestar, el desconcierto, -en forma todavía parcial- están presentes, la tendencia es a que crezcan y se amplíen.
Gobierno y partido de gobierno, en el arranque procuraron mantener distancias con el 1%, en algunos casos lo hicieron con cierta radicalidad, en otros con más moderación, y a veces se refugiaron en formulaciones dubitativas. Hay que tener presente que el Plenario Nacional del FA del 2 de agosto encomendó a la Comisión Nacional de Programa abrir un debate tributario, que no puede esquivar el tema del 1%. En el gobierno se ha sostenido, con muy pequeños matices, que el camino escogido es otro. En el correr de las últimas semanas hubo pronunciamientos variados que van en dirección de ir atemperando la postura, exhibiendo ciertas disposiciones a habilitar la discusión. El ministro Oddone según consigna la diaria -días atrás en una entrevista con El País de Madrid-, se mostró favorable a que esto ocurra, aclarando que el planteo del PIT-CNT “no forma parte de las prioridades ni de las ideas que el gobierno quiere impulsar en este momento”. En tanto el Intendente de Montevideo, Mario Bergara, el 25 de noviembre declaró que era una iniciativa “razonable”. Nadie se atreve en el estado actual de cosas a sostener que el debate no debe abrirse; no se puede dejar de observar que para mantener su base de sustentación el frenteamplismo, deberá encarar una escuchar real de su militancia y electorado, tendrá que estar disputo a generar una voluntad de rectificación y emitir señales de otro tipo de acuerdo a las que ha irradiado hasta ahora quienes lo llevaron al gobierno (fundamentalmente trabajadores y sectores populares), y esperan otra cosa de su política, pero la espera tiene sus plazos, impuestos y emanados de los fenómenos sociales que atraviesan al país.
Cerrado el capítulo presupuesto, no han quedado clausurados los anhelos y las aspiraciones de debatir y procurar generar aproximaciones a una mayor justicia tributaria.
El PIT-CNT con su propuesta presentada el lunes 24 en el Paraninfo con claridad pone el tema en el primer plano, se trata de una propuesta sólida técnicamente1, que conlleva y encierra una fuerte dosis de iniciativa política. Se continúa marchando sobre el trillo abierto con la LUC y profundizado por el Plebiscito de la Seguridad Social del movimiento sindical, constituido en ariete del movimiento social, exhibe propuestas programáticas y políticas más avanzadas, más osadas que el progresismo frenteamplista.
La iniciativa sindical desborda a la mayoría de la conducción del FA por un lado, y sobre todo coloca al gobierno en una relativa incomodidad. Rápidamente se sabrá si los pilares de la apuesta gubernamental, recogidos en los pilares sobre los que construyó el presupuesto (captación de IED, aumento de la recaudación, las moderadas modificaciones tributarias, política de endeudamiento), se confirman o de desvanecen. Si esto lo que ocurre las posibilidades de correcciones necesariamente deberán emerger a la superficie. Por el otro lado está la presión de la fuerza política, que no puede ser obturada con la simple y tajante división de roles entre gobierno y partido, como se ha venido haciendo. Recordemos que el FA en su programa contempla la aspiración de recorrer caminos de justicia tributaria, si bien por el momento el gobierno ha optado transitar un tímido camino de gravámenes al capital recogido en la ley de presupuesto y amplificado en los intentos de defensa pública que ha realizado la dirigencia, desechando incorporar el 1% a los más ricos a la arquitectura del presupuesto. Ha existido un núcleo pequeño (encabezado por Moreira, Andrade y González) que han defendido en la bancada y públicamente la idea del 1%. También hay partidos y sectores que se han pronunciado a favor de la idea de gravar al 1% más rico, y es innegable que estos lineamientos son entendidos y prenden en la base militante, en el cogollo del activismo frenteamplista.
Andrés Blanco, profesor grado 5 de Derecho Financiero y Teoría y Política de las Finanzas Públicas de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, dijo el jueves a la diaria que la iniciativa del PIT-CNT no espanta la riqueza ni frena la inversión. Argumentó, además, que el impuesto al 1% más rico implica un “estímulo para la producción”, ya que sólo se impone en el caso de los activos ociosos, es decir, aquellos recursos que una persona no utiliza de manera productiva. Blanco también sostuvo que la sociedad uruguaya debe empezar a pensar sobre la estructura tributaria del país, la cual es “regresiva” y se “descarga fundamentalmente sobre los trabajadores”.
Ninguna organización del campo popular ensayó una defensa del presupuesto, los defensores estuvieron entre los integrantes del gobierno y dirigentes del FA. La cartelería de rescate del presupuesto fue ordenada centralmente, no surgió del entramado de los Comités de Base; esto sirve para calibrar el sentido y tenor de quienes alegaron las virtudes de este presupuesto.
Para sortear la situación, conteniendo disensos se recurrió a un conocido doble expediente: la imposición del disciplinamiento político, complementado en otros casos por la auto aceptación de formulaciones y apuestas con las que se discrepa, lo que deja como saldo una actitud de resignación, de aceptación en el plano discursivo y actitudinal de la restricción fiscal, así se “cantona” la discusión y el debate sobre posiciones a un intercambio intramuros, que asegura que las diferencias no salgan a la a la luz pública y se difumine la imagen de unidad política.
Parece claro que si no hay una inflexión de las orientaciones imperantes no se podrá cumplir de manera contundente con los compromisos programáticos, se hipotecarán los imperativos de transformación surgidos del voto popular, que se expresó por cambios, moderados, pero cambios auténticos. La revolución de las cosas simples fue una formulación eufemística, de rebaja del horizonte transformador, atrincherarse hoy en ella, convertirla en leitmotiv, conducirá inevitablemente a la decepción.
La frazada fue corta, porque en forma deliberada y consciente se quiso que fuera rabona, como consecuencia de la aceptación y asimilación de un dogma económico no se quiso ir a buscar los recursos donde están, en el capital y la riqueza acumulada, revisando la renuncia fiscal, movilizando parte de las reservas de libre disponibilidad del BCU, reaforando la propiedad inmobiliaria rural, especialmente la detentada por sociedades anónimas.
Para que el presupuesto no fuera de austeridad (con dosis de rigor), había que ir a buscar en forma contundente mayores ingresos. La opción fue la opuesta, tuvo impronta continuista y guarda estrecha vinculación con orientaciones que se repiten y que se transforman en un denominador común, que hace difícil encontrar diferencias centrales (laterales y de segundo grado existen), pero prima una línea punteada de continuidad. Algunos han querido amplificar estos elementos, al igual que le han querido dar un valor y un significado a las reasignaciones logradas, que no lo tienen, ellas son parte del zurcido menor que le corresponde hacer a los parlamentarios, no pueden ser asimiladas a triunfos porque simplemente no alteraron los rasgos de insuficiencia predominantes.
Querer hacer de lo excepcional, de lo marginal, un elemento marcador de tendencias generales no solo es un error, sino que es un procedimiento que induce al engaño. El Poder Ejecutivo y entre los parlamentarios no fueron pocos quienes lo practicaron.
La propuesta del PIT-CNT, que contó con un fuerte respaldo técnico y académico, tiene el gran valor de ser disruptiva y de generar las condiciones para discutir otra política tributaria, la que es posible en este país y en sus actuales condiciones. Paralelamente habilita un proceso de convencimiento, concientización, a través del ejercicio de la pedagogía política para superar el sentido común dominante de matriz conservadora.
Ahora se inicia una etapa, donde debe construirse una campaña masiva unitaria, que selle la unidad de acción en torno a la propuesta del 1% al 1% más rico. En la que sin exclusiones debe recrearse el arco sobre el que se asentaron la lucha contra la LUC y en favor de la papeleta de 3 puntos con la que se propició la enmienda constitucional en octubre del 2024.
1 Los integrantes de la comisión consultiva que generó esta propuesta fueron Andrés Blanco, Juan Geymonat, Mauricio De Rosa, Gabriel Oyhantçabal, Andrea Vigorito, Joan Vilá, por el Instituto Cuesta Duarte, Alejandra Picco y, por el Laboratorio Fiscal y Tributario del CINVE, Carlos Grau Pérez y Gustavo Viñales Guillama. Agradecemos los valiosos comentarios y aportes sobre versiones preliminares de Marcelo Bérgolo, Luis Bértola, Fernando Lorenzo, Agustín Reyes y Gonzalo Salas.