¿QUÉ HAN HECHO CON MI PAÍS?

La columna de Garabed Arakelian

Nos han dañado en nuestra mayor fortaleza: nuestra condición de gente de bien. La que nos permitía mirarnos cara a cara y decirnos nuestras verdades con el propósito de construir algo en común. Caminar juntos pese a las diferencias, establecer códigos y respetar esas diferencias. En fin, una serie de valores y de principios que se practicaban y se sostenían en el hogar y en la calle, en la escuela y el trabajo, en la cancha y en el bailongo. Podíamos convivir y plantearnos etapas de progreso y vida amable sin rebajar el precio de tales logros con el abandono de principios e ideales. Coincidíamos en aceptar que la gestación de algo nuevo, diferente y mejor no sería fácil.

Aplicando una lógica elemental observábamos al enemigo, me refiero al enemigo de clase, buscábamos conocer sus planes y, en la medida de lo posible, adelantarnos a ellos. No era fácil, pero teníamos la confianza de contar “con los nuestros”, sabíamos quiénes eran y dónde estaban. Hoy, vivimos la incertidumbre de estar en una sala de espejos. El compañerismo es algo ubicuo como lo es su práctica.

Hay tiempos que son de confianza y convicciones y otros que no lo son. Este por el que transitamos desde hace ya varios, muchos, años, es uno de ellos. Ambos valores se han venido deteriorando en medio de una actitud pasiva y complaciente mientras los factores negativos se han mantenido activos y eficaces. La derecha avanza, desembozada, agresiva y ha tomado la iniciativa marcando la agenda.

Es evidente que ahora estamos viviendo la etapa del vaciamiento ideológico del Frente Amplio. Un proceso que comenzó desde el instante en que el Frente accedió al gobierno vez primera. ¿Recuerdan alguna elección en la que el lema Frente Amplio haya ido solo? Siempre debimos aceptar aparcerías.

Desde el principio nos pusieron -y aceptamos- la sociedad con terceros que nos impusieron sus condiciones y sus convicciones. Así hemos perdido, lenta pero inexorablemente, nuestras posiciones antimperialistas y antioligárquicas, la defensa de la enseñanza pública y el ejercicio de nuestra soberanía, por citar solo algunos aspectos más relevantes.

No resulta para nada placentero, sino todo lo contrario, hacer la disección o el estudio forense de lo que hemos y estamos viviendo en la última década de gobiernos compartidos y cuyos resultados son visibles.

Quienes se sienten involucrados en este tipo de análisis buscan la absolución de sus posibles fallas confeccionando una detallada lista de logros obtenidos en menos de un año de gobierno frenteamplista. Pero es un análisis erróneo pues deja afuera las instancias de colaboracionismo con la coalición reaccionaria practicadas por el Frente desde lo que se esperaba era, o debía ser, una posición opositora.

El proceso de aprobación de la Ley de Urgente Consideración (LUC), la defensa de las AFAP, el acuerdo tácito brindado al gobierno de la derecha en el tema de la seguridad social, así como la defensa y la reiteración del secretismo en decisiones importantes que comprometen gobiernos futuros, son muestras no solo de convivencia, sino que dan lugar a que se sospeche de connivencia. Ese conjunto, por su valor estratégico no logra ser opacado por las decisiones frenteamplistas que apenas constituyen una muestra de gestión decente y honesta dentro del sistema.

Hay momentos en los que se suman a los factores objetivos los de carácter subjetivo y estamos en uno de ellos. Lamentablemente, el estilo del presidente Orsi está fomentando la sensación que, en una primera instancia parece incoherente pero que apenas se ponen ordenadamente sobre la mesa sacan a luz una existencia de coincidencias y reiteraciones que ya no pueden admitirse como ocasionales y en contrapartida avalan un cambio ideológico del Frente que merece otro tratamiento y estudio por su parte. Esas sospechas y la incertidumbre, explican las dudas y los temores existentes y justifican que quienes siguen al Frente se pregunten: ¿Qué están haciendo con mi país?