Eduardo Aparicio
Con la muerte de José E. Díaz se van extinguiendo los referentes de esa pléyade de socialistas que iniciaron y protagonizaron la transformación del Partido Socialista en los años 50´, la que él con mucho acierto denominó de la REFUNDACION.
Con su proyecto, no solo sacudieron y provocaron la mutación del partido, sino que contribuyeron decididamente a catalizar cambios significativos en toda la izquierda nacional.
Es imposible disociar la vida y peripecia del PS de la trayectoria vital y política de José, quien supo participar del cambio de orientación, conducirlo en tiempos azarosos y difíciles (ocupó la Secretaría Gral. desde el 65’ al 71), liderar las rectificaciones necesarias ante errores cometidos y adecuarse a las variaciones de realidades y condiciones.
En Claridad, que lo tuvo entre sus atentos lectores, nos impusimos evocar su figura desde distintos ángulos, la emoción y el dolor de la pérdida me hacen difícil cumplir con lo definido por el colectivo.
El reconocimiento a su militancia será sostenido y se prolongará en el tiempo, se realizará desde ámbitos distintas por diversas organizaciones y son, múltiples las facetas a abordar, todas coincidentes con los ámbitos en que supo incursionar, siempre destacándose.
Por donde pasó dejo su impronta política y personal, porque fue una de excelente persona, un ser humano excepcional, solidario, afectuoso, siempre bien plantado y por sobre todo un hombre de coraje político y personal.
Cuando despertando a la militancia orgánica socialista, siendo bien joven, lo conocí como el Secretario General de ese partido proscripto que desarrollaba, con un reducido número de activos militante, una acción política formidable, todo terreno, necesariamente extraparlamentaria, que se situaba y nutría de la apuesta deliberada de colocarse al lado de luchas y confrontaciones importantes, que serían los paridoras nuevos tiempos.
Frente a los jóvenes ejerció el magisterio de la acción, supo cuidar y proteger a la militancia juvenil en tiempos difíciles y delicada exposición. Un rasgo que mantuvo y cultivó a lo largo de su vida, fue la cercanía, la escucha y la empatía con los jóvenes.
En estos días posteriores al 4 julio, se intensificó el tropel de imágenes que emergen de la memoria, ellas quedan para el anecdotario que en la fraternidad de la amistad militante seguiremos compartiendo junto a tantos, surgidos de generaciones militantes que se entremezclan en el presente de lucha y la evocación necesaria del pasado.
Queda pendiente rescatar su larga marcha militante, bajo la forma de memoria histórica y de análisis político. La tarea está planteada, ya hay muestras y evidencias que habrá muchos que sabrán recoger ese guante.
Simplemente a vuelo de pájaro -y expresados en lenguaje telegráfico- se impone repasar algunos de los hitos de su vida política.
Militante estudiantil, siendo estudiante de secundaria en Batlle y Ordóñez, continuada en le Federación de Estudiantes del Interior y la FEUU desde el Centro de Estudiantes de Derecho. Pasaje por la militancia estudiantil y universitaria en la cual construyó sólidas amistades y lealtades; tal vez la más conocida fue la que tuvo con Raúl Sendic a quien lo unió una fraternal amistad, mantenida y preservada a pesar de las diferencias que dieron lugar a la bifurcación de sus militancias orgánicas.
Una vez ingresado a filas del PS, se convirtió en actor de primer orden de su transformación, siguiendo los desarrollos doctrinarios y aportes de Vivian Trías. Decididamente embarcado en la superación de la matriz socialdemócrata, impulsor de la salida de la Internacional Socialista en los 60’, cuando partidos centrales de la misma, estaban enterrados hasta el tuétano en la suciedad de la aventura colonial.
Su accionar político identificado con los trabajadores y sus luchas, desde la secretaria gremial de la Federación de Estudiantes, en las responsabilidades sindicales en el PS y su prensa, su propia militancia sindical y especialmente a través del ejercicio de su profesión de abogado, centrado en el Derecho Laboral, donde fue defensor una gran cantidad de sindicatos y de perseguidos políticos sociales. Compromiso que supo enrabar con su veta internacionalista, unida a la persecución y el exilito sufrido. Revalidó su título de abogado en Argentina, donde prosiguió la senda abierta en Uruguay y luego, cuando le tocó refugiarse en el Estado Español, hizo otro tanto, destacándose como un activo abogado de la UGT en Barcelona, tarea en la cual aplicó toda su acumulación militante y de profesional del derecho.
Asistió con generosidad y desinterés a los exilados uruguayos y de otras nacionalidades, residentes forzados en España.
Su internacionalismo se nutrió de la lucha democrática y contra las dictaduras latinoamericanas, sabiendo reconocer y abrazar tempranamente y con firmeza, causas tan justas como las del pueblo Saharaui.
Vale la pena recordarlo, el internacionalismo fue una constante en su accionar político, puesto de manifiesto con la etapa ascendente de la revolución cubana, de la que da cuenta su participación en la Conferencia de OLAS en 1967, su apoyo a la experiencia de Chile, las amistades políticas y personales, con socialistas y militantes de izquierda del mundo, cuya traza quedó estampada en los mensajes recibidos ante su fallecimiento.
La activa participación en la política pos dictadura, desde la Cámara de Diputados, retomando las mejores tradiciones del parlamentarismo socialista, desplegando un trabajo incansable, en todos los frentes, recordemos a título de mero ejemplo su rol de miembro interpelante que condujo a “quebrarle el ala” (así él lo llamó) a un ministro del Interior del sanguinetismo.
Para ir cerrando con esta incompleta relación de su accionar político, cabe mencionar:
-Su Ministerio del Interior en el primer gobierno del FA. Donde encaró una transformación democrática y profesionalización de la policía, abrió los caminos a la sindicalización policial. Ante el desafío de la situación penitenciaria, planteó la Ley de Humanización Carcelaria. Derogó las normas que hacían intervenir a la policía en conflictos sindicales, dio órdenes e instrucciones, aseguró todas las salvaguardias, para que no hubiese represión a la actividad sindical y la protesta social. Impuso un cese de la vigilancia de la inteligencia policial a actividades políticas y sociales, franqueó por primera vez los archivos, donde reposan tramos importantes de la información sobre la represión antes y durante la dictadura, y en tramos de la vida democrática después del 85’.
-Su impronta de un humanismo realista lo destacan. Se puede decir que fue un auténtico ministro de izquierda en un gobierno progresista (ha habido pocos). Las derechas lo han tomado como diana de tiro, demonizándolo y, pretendiendo hacerlo un enfant terrible, esa es una de las mejores condecoraciones que se le han hecho. En su vida fue atacado, denostado por los conservadores y reaccionarios, como también conoció la cárcel y la persecución en múltiples oportunidades.
La creación de la Fundación Vivian Trías, con sentido plural y amplio, transformándola en una Institución, no partidaria, autónoma, independiente, que se ganó un lugar como sitio de generación y difusión de ideas, apostando a caminos liberadores, fuera de todo sectarismo y perfilismo. Fue su inspirador y factótum, es una parte importante de su legado, ético político.
La vida y el propio José me concedieron la posibilidad de, modestamente, colaborar en la FVT y, en ese compartir de los últimos 15 años, tuvo un segundo acto de su influencia marcante, de tanta fuerza y valía como el de mi debut militante.
A la hora de su partida del mundo de los vivos, siguió dándonos lecciones, el renunciamiento de toda expresión ampulosa ante el ritual de la muerte, la simplicidad, la privacidad, marcaron una congruencia. La misma que el pasado 25 de junio nos conmovió e hizo vibrar con su mensaje grabado con el que aseguró su participación en el acto socialista por Palestina Libre realizado en Casa del Pueblo, y que su estado de salud le impidió dirigirse personalmente al público. Fue su despida política, el último eslabón de la cadena de su valiente defensa de la causa Palestina, que lo llevó a ser firme con todos, incluido en la crítica y el señalamiento a “su gobierno”, estando, siempre que pudo, en la calle manifestando como un militante de fierro. Ese mensaje fue una reafirmación de su condición y calidad de socialista consecuente.