Rob Lister
Podríamos discutir durante horas sobre las brutales atrocidades que en un mundo salpicado de mezquindad y destrucción de la biodiversidad se pueden apreciar mediante los medios audiovisuales, o, para algunos pueblos diseminados en el orbe, in situ. No es y no puede ser considerado como novedad el episodio continuo de guerras y matanzas derivadas de conflictos ancestrales, racismo, diferencias religiosas, o étnicas.
Sin embargo, existe un trasfondo moral que no podría o no debería ser superado por defectos propios o intereses ajenos a nuestra idiosincrasia o historia diplomática, y que pone en tela de juicio tradiciones de ejemplaridad para otros pueblos sudamericanos y por qué no, del planeta en su conjunto. Resulta inadmisible la postura de Uruguay en el tema de Gaza por distintas razones, pero particularmente por la índole humanitaria que tantas veces se exaltan en discursos y palabrerío de poca monta. Así como se transgreden derechos constitucionales dentro de un Estado, perjudicando intereses legítimos de la ciudadanía, de la misma forma hoy por hoy se están pisoteando derechos universales que responden directamente a la supervivencia de la raza humana.
No es posible entender la neutralidad de Uruguay acompañando posturas “neutras” o contrarias a aquellos derechos humanos establecidos por resoluciones de la ONU, tampoco creer que un pecado de geopolítica rastrera pueda significar la destrucción de un pueblo indefenso frente al poderío de un país del primer mundo en materia militar. Uruguay ha quedado, luego de una historia que lo enaltece en varios sentidos, en la peor selección de países CÓMPLICES del genocidio en Gaza y Cisjordania, tal vez por el lobby judío, tal vez por presiones desde el norte, o quizás, por otras razones inconfesables y guardadas en el cajón de la confidencialidad política. Vergüenza histórica y moral nos da el voto neutro del país, vergüenza ver al presidente no decir una palabra sobre el asesinato masivo que ocurre en Gaza mientras oficia de director de orquesta de un gobierno manifiestamente corrupto y negador virtual del terror judío sobre el pueblo palestino. Vergüenza observar a otros actores que prestos se manifiestan en el recuerdo de la masacre del Holocausto olvidando la trayectoria y cultura del pueblo palestino, al tanto que intentan sesgar la historia de la represión dictatorial doméstica, señalando la presunta venganza que esconden los procedimientos judiciales al condenar a represores y violadores durante el terror de Estado de 10 años.
Sin duda que asistimos a un cambio civilizatorio refrendado por la tecnología, la impunidad abierta, el abuso del poder, y la falta de humanismo cristiano, si asumimos la historicidad de lo vivido hasta el presente desde el sacrificio del hijo de Dios, un punto de inflexión irreductible para los creyentes. No sabemos hasta dónde puede llegar la actitud prescindente de algunos gobernantes pagando el precio de la obsecuencia y de la derrota moral propia que, si lo analizamos en forma imparcial, constituye un acto de cobardía sin miramientos, y del cual no queremos formar parte.