DICHOS CON ALTURA, POR LO BAJO, CON HISTORIAS, O HISTORIETAS.
En nuestra entrega anterior dimos una muestra de esta sección de nuestro libro (aún sin publicar) COMO TE CUENTO UNA COSA…
Siguiendo con estas entregas compartimos otros dichos que los uruguayos escuchamos toda una vida con algunas referencia y/o pequeñas historias relacionadas. Siguen ilustrando las mismas el sutil lápiz de nuestro amigo y compa Luis Vergara «Verlucho»
1858
Dale, levántate, no seas atorrante
Siendo adolescente, un día que estaba durmiendo, me despertó mi padre usando esas palabras del título. Las usó en un tono de urgencia. No recuerdo el porqué, pero especulo que me habría quedado dormido a la hora de ir al liceo. En nuestro país decirle «atorrante» a alguien puede tener muchas acepciones: puede usarse como insulto, pero también puede decírsele a una persona ingeniosa o avivada.
Según me contó mi viejo, este fue el origen de esa palabra:
«Pasando la mitad del siglo XIX se realizaron en Buenos Aires trabajos de saneamiento. Para la realización del mismo se trajeron de Francia unos enormes tubos, que tenían en su exterior grabado el nombre de la empresa fabricante de los mismos: A. Torrants. Como pasó algún tiempo antes de que comenzaran a usarse aquellos enormes caños, algunas personas comenzaron a dormir dentro de ellos, buscando protección en las noches. A estos «huéspedes» de A.Torrants, en forma irónica se les comenzó a denominar: «atorrantes».
En esa misma línea, a esta gente en algunas oportunidades se le llamaba «Pordioseros», pero en este caso el apelativo deriva porque más antiguamente, había personas que se paraban en los portales de las iglesias y pedían monedas «por el amor de Dios…».
1928
Ataca Argentina, ¡¡gol uruguayo!! Esa famosa y repetida frase
«Ataca Argentina, gol uruguayo», surgió en la final de los Juegos Olímpicos de 1928. Era una época sin internet, sin e-mail, sin WhtsApp, sin Twitter, solo existía el telégrafo como medio rápido en la información. Si bien existía el teléfono, no era muy práctico en el traslado al instante de las noticias. Cuenta la historia que en la plaza Independencia de Montevideo la gente esperaba el resultado de aquella final jugada entre los dos países rioplatenses, o alguna noticia que aplacara la ansiedad. Un hombre de la prensa colocaba alto en un pizarrón los datos que llegaban por teletipos. Iba colocando esa información escueta que recibía en cada envío: «Ataca Argentina», al rato de vuelta «Ataca Argentina» y de golpe, «Gol uruguayo». Esto se repitió varias con el triunfo final de la celeste por 2 a 1, dando lugar a una explosión de júbilo y a sombreros por el aire con la última noticia de aquella teletipo: «Uruguay campeón olímpico».
La jugada cantada. Desde que era chico oía este dicho popular, también de la final de 1928: «Tuya, Héctor». Mi padre, que vivió las alternativas de ese partido, me hizo varias veces el cuento de esa frase. La segunda final, según el reglamento, debió jugarse con Argentina, dado que se había empatado la primera final 1 a 1. Según las crónicas que leí posteriormente el también delantero René (Tito) Borjas le gritó a Héctor Scarone esa frase, para darle el pase de gol y que hiciera el segundo tanto y con él lograra el título olímpico.
1915
Dirán que ya eres mía. Como todos sabemos Gerardo Matos Rodríguez
(1897-1948), fue un joven talento uruguayo, estudiante de arquitectura, que estando enfermo en cama, compuso en 1915 el himno de los tangos, La Cumparsita. El motivo original de la creación de la obra fue la de recaudar fondos para una comparsa de estudiantes (de ahí su nombre), siendo estrenada la misma en 1916 en el café La Giralda, que estaba ubicada donde hoy está el Palacio Salvo.
En 1924, el argentino Pascual Contursi (1888 -1932), compuso la famosa letra que todos conocemos: “Si supieras, que aún dentro de mi alma…” Esa letra también tuvo un móvil especial, dado que fue compuesta para una obra que se estrenó en el teatro Apolo de la ciudad de Buenos Aires.
Matos Rodríguez, enterado un par de años después que se había compuesto esa letra, creó él también otra letra. Ahí pasó a tener aquella famosa música que no tenía letra, dos letras. Comenzó entonces después de ese hecho, un largo litigio sobre los derechos de autor. En el año 1948 ya fallecidos Rodríguez Matos y Pascual Contursi, se originó un pleito entre los deudos, que no acordaron sobre los derechos de autor y sus beneficios. Luego de una larga disputa judicial, un laudo determinó que el 80% de las regalías serían para los deudos del uruguayo Matos Rodríguez y el 20% para los del argentino Pascual Contursi.
El padre de una amiga, que había seguido con pasión patriotera todo este litigio, sentenció en broma: “Bueno: entonces que los argentinos bailen la letra”.