Adolfo Bertoni ⃰
Ante el congreso del PIT-CNT: ¿Tiempos de esperanza? ¿Tiempos de la gente… o del pueblo?
¿Parece que el fantasma del plebiscito recorre el Diálogo Social? Porque hay quienes, palabras más, palabras menos, insisten: “no hablen más del plebiscito, esos son temas laudado, perdimos”. Hay muy queridos compañeros que lo dicen con la mejor buena fe, la más firme convicción y no sin fundamentos, y con ánimo de reenfocarnos en otras nuevas consignas para entrarle al Diálogo Social en ciernes. Sin embargo, con respeto puede y debe decirse que conviene no apresurarse en declarar así porque sí el entierro de una lucha que tuvo y tiene a casi un millón de uruguayos y uruguayas detrás de la búsqueda de una seguridad social más justa y solidaria, y por lo tanto verdadera, capaces de haber querido dejar escrito algunos mojones importantes en la Constitución de la República.
Pero, además, lo que no podemos ni debemos olvidar es que hay cientos de miles más que también quieren alcanzar esos objetivos como nación, aunque no por el camino que muchos de nosotros elegimos en octubre pasado. El descontento con el sistema de seguridad social vigente, sobre todo jubilatorio, es ampliamente mayoritario entre nuestro pueblo. La derrota político jurídica en el plebiscito es conocida y no asumirla sería algo de verdad estúpido y además torpe. Pero también política y socialmente no parece comprobarse que el deseo de conquistar esos derechos haya desaparecido de las preocupaciones de nuestros compatriotas o deba desaparecer de la agenda de nuestras luchas diarias.
Cuando lo imposible es un estímulo
Quienes leen Claridad tienen suficiente memoria para constatar algunos hechos ya acontecidos. A): durante tres años y pico Saldain y algunos “expertos” ocuparon la inmensa mayoría de los medios de comunicación propagandeando su “reforma”, ubérrima, según decían, de bondades varias. Sin embargo, y esto a mí me parece notorio, su prédica fue rechazada -sigue siéndolo- y una importante mayoría de quienes trabajan o tienen edad de trabajar terminaron acompañando el voto por el Sí en octubre. (Grosso modo, el plebiscito lo perdimos por el no acompañamiento de los mayores de 60 años: gran paradoja, porque allí es donde están los fundadores y militantes de la vieja CNT y la generación siguiente). B) Inmediatamente después de que la aplanadora de la Coalición dizque Republicana aprobara la ley 20.130 una parte importante de la dirigencia de lo que llamamos “campo popular” había quedado atónita. Dicha aprobación era una derrota y lamentablemente (se decía) no teníamos fuerzas para intentar revertirla. Había que aceptar que habíamos perdido y desensillar hasta que aclarara... y ver si por allí el Frente Amplio volvía al gobierno nacional para derogar y cambiar algunas cositas. También se decía, que al interior del PIT-CNT no había condiciones para promover un plebiscito, dado que las corrientes mayoritarias no lo aprobaban y, además, tampoco en el FA había un ambiente afín a la iniciativa. Íbamos camino a un desastre político de proporciones.
Sin embargo, se terminó promoviendo el plebiscito, se alcanzaron las firmas que parecían imposibles dado el panorama anterior, y 947.381 ciudadanos y ciudadanas nos acompañaron con su voto. Es decir: verdaderamente desde abajo se impulsó lo que la mayoría de las cúpulas dirigentes frenteamplistas rechazaban, y lo que todo el poder político y empresarial intentó desacreditar hasta el último minuto. Es cierto que no alcanzó, que nuestro objetivo lamentablemente no fue cumplido, pero no hay que ir muy lejos entonces para comprobar la capacidad de resistencia de un sector muy importante de nuestro pueblo con las organizaciones sociales más representativas a su frente.1
Y si hoy estamos ingresando al Diálogo Social y estará en discusión la protección y seguridad social de nuestro pueblo, ello es producto de un accionar consecuente que por cierto empezó bastante antes del plebiscito y viene de muy lejos, son décadas de luchas. Es más: hay temas que están en el Programa de gobierno del FA porque antes o en simultáneo se desplegaron aquellas reivindicaciones y, como sostén y apoyo, hubo manifestaciones varias e importantes a lo largo de los años y en particular en el 2024. (No es para nada casualidad que la decisión de lanzar el plebiscito se aprobara por la Mesa Representativa de la Convención de Trabajadores el 7 de setiembre de 2023, por 44 votos a favor y 10 en contra, y la aprobación del Programa del FA haya sido… el 14 de octubre de 2023 ¡de manera unánime! ¿Alguien piensa que se alinearon los astros de casualidad, 37 días después, o en realidad ocurrió que una cosa tuvo que ver con la otra? Por supuesto que una cosa tuvo que ver con la otra, y mucho).
¿A dónde quiero llegar? A que dar por perdidas luchas antes de darlas es en todo caso también un acto de irresponsabilidad política.
Poner a caminar lo que ya tenemos y debe solucionarse
¿Cuáles son los mandatos que deberíamos proponernos en esta nueva etapa? ¿puede pensarse en ellos haciendo un borrón de puntos que sabemos siguen estando en las cabezas de nuestro pueblo?
El tiempo que se abre será de incorporación de todo aquello que algunos de muy mala leche quisieron hacer creer que dejábamos de lado con el plebiscito, como el combate radical a la mal llamada pobreza infantil; de entonaciones precisas en aspectos medulares de nuestra protección social como los cuidados; de incorporación de soluciones para problemas nuevos como los migrantes… y también de confirmación de aquellos puntos sustanciales de la papeleta en esta nueva etapa, sin cuyas concreciones legales seguiremos estando lejos de hacer realidad la mejor protección y seguridad social posibles. ¿Hay margen para estas cosas? Lo único que sé es que si no las pensamos, actuando además en consecuencia… no nacerán nunca. Sin semilla no habrá flor ni árbol que valga -salvo cultivo in vitro o algún rizoma.
En primer lugar: lo primerísimo (sin politiquerías)
Estoy jubilado y soy un actor absolutamente secundario. Pero es meridianamente claro y hay que repetirlo, que lo más urgente es, tal cual se planteara el 1° de Mayo, poner el objetivo en la erradicación de la mal llamada pobreza infantil y en dar solución a todo lo analizado y planteado por la Plataforma de las Infancias y Adolescencias2 y yo agregaría, casi en pie de igualdad, el fortalecimiento de un verdadero sistema de cuidados con sus múltiples impactos positivos en todas las generaciones.
El compañero Sergio Sommaruga señaló al 1% por ciento más rico de los uruguayos y uruguayas (25.000 personas) como una fuente importante desde la cual obtener una parte de los 400 millones de dólares anuales que serían necesarios para terminar con esta vergüenza nacional. Como no alcanzarían a cubrir el total deben buscarse otras fuentes de financiamiento, que también aseguren y den sostenibilidad financiera a otras políticas de protección y seguridad social, y que necesariamente deberán salir de los recursos que pueden obtenerse reduciendo y hasta eliminando distintas exoneraciones al Capital, (en el IRAE, Patrimonio, devolución de tributos y otros subsidios, etcétera) con centro en los grandes capitalistas, sin olvidar que la definición de un “impuesto”, si es justo y redistribuye la riqueza, no es una mala acción ni una mala palabra como nos quiere hacer creer la Confederación Empresarial vernácula.
Hay que abrazar a los economistas verdaderamente compañeros de nuestra lucha social y política, no partidaria, a veces temerosos de lo que “pueda decir la derecha”, y aprender juntos con ellos y con su ayuda profesional que el poder no puede ser intocable, so pena de no cambiar nunca las cosas.
El Uruguay debe crecer y desarrollarse en múltiples sentidos, distribuyendo justamente la riqueza generada, otorgando más al que tiene menos (“a cada cual según su necesidad” al fin de cuentas, como pidiera el viejo Carlos). Por cada punto que crezca el PBI nacional deberá crecer por lo menos un punto el bienestar de quienes habitamos esta tierra y más aún el de los que están en las peores situaciones. Debe ser el tiempo de los rezagados en primer lugar y, enseguida, el de los integrantes del pelotón. ¿Los malla oro? Bien que la pasaron estos cinco años (y no solamente: también antes). ¿Viva la cara de ellos? La urgencia de los cambios como causa popular no admite la menor demora.
Como la situación económica y financiera es determinante, en particular debe revisarse en profundidad todo lo que son los ingresos del BPS, teniendo en cuenta las propuestas que en tal sentido tiene el Proyecto Alternativo de ATSS y las recientes conclusiones del Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS con el compañero Carlos Clavijo como director a la cabeza. Hay que identificar muy bien cuánto aportan los distintos sectores, qué exoneraciones tienen sentido y cuáles no (muchas de ellas producto del lobby de poderosos empresarios). Hay que saber de qué manera se encarará la tributación de los trabajadores y trabajadoras independientes que urge regularizar para que no sigan siendo parias del sistema. Cómo se atiende frontalmente la situación de endeudamiento de los pequeños y medianos empresarios, estudiando seriamente una propuesta ya realizada por José Pereyra, director por ese orden, para su regularización. Qué se hace con la incorporación de tecnología que desplaza mano de obra o sustituye puestos de trabajo, entre tantos otros puntos que hacen a los cambios en el mundo del capital realmente existente y cambiante, viendo cómo hacemos para que cada robot nuevo haga también sus aportes al sistema.
En segundo lugar: las orejas abiertas al pueblo
A partir de lo anterior, con el marco económico financiero más claro y justo, ¿no debería ser un fuerte reclamo popular el cumplimiento de uno de los puntos plebiscitados que mayor aceptación tuvo y tiene en nuestra ciudadanía, como lo es el aumento de las jubilaciones y pensiones mínimas, pensiones a la vejez e invalidez, alcanzando cuanto antes el valor de un Salario Mínimo Nacional por persona? ¿Puede no plantearse ahora mismo cuando está entre los propios puntos programáticos del FA? De hacerlo no solamente se mejora la situación de los veteranos y veteranas que están peor, sino que -por lo tanto y simultáneamente- se ataca también a la pobreza infantil que convive con ellos (nietos y nietas) o depende también de sus magros ingresos mensuales para subsistir.
Mejorar a los más veteranos y veteranas implica no solamente pensar en las transferencias monetarias hacia este importante sector de nuestro pueblo, que van desde los derechos adquiridos en materia jubilatoria y pensionaria, hasta otros tipos de ayudas no solamente materiales que verdaderamente dignifiquen el estar aquí sobre nuestro suelo patrio. ¿Cuánto bien devuelven a la sociedad las personas mayores diariamente, en el cuidado y ayuda de sus nietas y nietos, el apoyo de sus hijos e hijas, y -lo que falta explorarse y debe hacerse como un imperativo- el compartir sus vastas experiencias de vida para que nuestro ser nacional se consolide conforme lo quiso, por ejemplo, Paco Espínola?
En tercer lugar: el cumplimiento de lo prometido
¿Puede llegar a imaginarse alguien que el movimiento sindical va a abandonar el reclamo, fundamentado en la realidad laboral del país, de volver la causal jubilatoria a los 60 años, sin rebaja alguna de la tasa de reemplazo? ¿Puede hacerlo después que el propio Orsi, hoy presidente, lo planteara parca y contundentemente en el debate con Delgado previo al ballotage, sin condicionamientos de tipo alguno? (“Voy a permitir la jubilación a los 60 años” dijo seca y contundentemente). ¿Puede hacerlo cuando desde siempre hemos pregonado que, a través de incentivos económicos, es posible estimular la postergación del retiro libre y voluntario en aquellas actividades que lo permiten? ¿Vamos a quitar nosotros mismos, por nuestra parte, esta demanda? ¿A bajar de la plataforma este reclamo?
En cuarto lugar: un cambio de paradigmas
El dorado valor de un Programa de gobierno. El planteo de la eliminación de las AFAP es sin dudas el más polémico, y en apariencia el más difícil. Tal como lo queríamos es, hoy, imposible reivindicarlo. Pero: ¿qué hacemos mientras tanto con los cientos de miles de trabajadoras y trabajadores que día tras día, ahora mismo, están siendo perjudicados por el régimen mixto? El FA también en su programa habla a texto expreso de estas situaciones: “se implementará una solución para los trabajadores/as que se afiliaron a las AFAP sin estar obligados y en determinadas condiciones que fueron cambiadas en las leyes 20.130 y 20.209, perjudicando a miles de ellos”.
¿No forma parte de esa solución sana y segura, devolver la libertad de acción a todas las trabajadoras y trabajadores que lo deseen para que “se salgan del Mixto” y vuelvan enteramente al régimen de reparto y solidaridad intergeneracional del BPS, o de la caja respectiva conforme al nuevo régimen? ¿Puede alguien negarse, sensatamente, a que cada uno y cada una pueda ejercer su derecho inalienable a elegir cómo jubilarse? Si quiere quedarse en la AFAP que lo haga, pero si quiere salirse que nadie le cierre la puerta cercenando su libertad.
Esta verdadera solución, además de favorecer a los afectados directamente desde el punto de vista de su futura jubilación, abre una formidable oportunidad como país que nos debemos hace más de 60 años: permite pensar en la creación -con los aportes que volverían de las AFAP al BPS- de un Fondo de Capitalización Colectiva y Desarrollo Nacional muy importante administrado profesionalmente por el organismo, destinado a inversiones sociales y productivas que ayuden al crecimiento del Uruguay con justicia, igualdad y equidad, y proyecten hacia adelante un verdadero cambio de paradigmas, dándole también sostenibilidad financiera, segura, a las transformaciones ya indicadas que son necesarias en la protección y seguridad social. La creación de ese círculo virtuoso llevaría, casi no tengo dudas, a jugar el tan escaso juego de ganar-ganar del que muchos hablan y tan pocos practican.
En el mismo sentido, profundizando y sin salirnos del programa de gobierno apoyado por una amplia mayoría de la población (más de cien mil votos de ventaja sobre las propuestas de Delgado defensoras de la ley 20.130), debe bajarse a tierra y hacerse realidad la “eliminación del lucro del sistema”. ¿Qué quiere decir esto? Obviamente: es el propio FA el que debe actuar en consecuencia con el programa comprometido ante el pueblo: es él quien deberá contribuir a extirpar ese quiste maligno incrustado en nuestro sistema, teniendo incluso previsto plazos específicos, habiéndose llegado a definir una transición ordenada, estableciendo -vale repetirlo- que “en todos los casos, se establecerán garantías expresas para las personas e instituciones, respetándose el principio de la debida gradualidad de los cambios (…)”. Es decir que el proceso ya fue pensado por muchas cabezas frenteamplistas… ¿No es hora de colectivizar y poner en valor ese pensamiento? Sólo hace falta ponerlo en práctica siendo fieles a las palabras empeñadas.
Lo comprometido por escrito no deja lugar a dudas: se considerará la conformación de un sólido pilar básico solidario, que garantice la cobertura universal a través de subsidios para las personas de menores ingresos. Este pilar “debe estar complementado por un pilar principal contributivo público de reparto y un pilar complementario de ahorro no lucrativo, capitalizado y con un rol fundamental del Estado en su administración, supervisión y organización, más sencillo de entender”.
Todo lo anterior fue, y es, público y notorio y -se dijo- los gobernantes electos “sabrían cumplirlo”. No hay ya cabida para decir Gre Gre cuando con meridiana claridad se dijo y escribió Gregorio: con todas las letras y sin tartamudear.
¿Cuál es el objetivo de la seguridad social?
Está en todos los libros de texto, el objetivo no es otro que la redistribución de la riqueza. Obviamente, en nuestro país está lejos de cumplirse, sobre todo si tenemos en cuenta que los excluidos del sistema son cientos de miles ya actualmente, siendo todos ellos candidatos a seguir siéndolo si no se revoluciona de una vez por todas el funcionamiento de lo que hoy existe y a veces hasta lo naturalizamos. Sí, quienes están en las peores condiciones (desocupados totales, sub ocupados, informales) no acceden a las prestaciones de actividad del sistema y son candidatos, en el mejor de los casos, a cobrar una pensión a la vejez a los 70 años. ¿Se le hincará el diente de una vez a esta grave situación socioeconómica que no cesa?
¿Por qué no refundar cuando sea necesario?
Ya lo hemos escrito: cuando desde el Ministerio de Economía y Finanzas se hace hincapié, e insiste con impedimentos como el tamaño de “la frazada”, aludiendo a que la misma no alcanza para cubrir las distintas acciones de protección y seguridad social (y otras) que deben desarrollarse, se nos conduce a una disyuntiva determinante: ¿qué hacemos? ¿destapamos a unos para tapar a otros? ¿O buscamos un crecimiento sólido de esa frazada para que alcance para cubrir a todos? ¿O tejemos una nueva?
Si de verdad se quieren promover los cambios que nuestra sociedad necesita habrá que patear más de un chiquero y aplicar el bisturí sin que tiemble la mano. ¿Es una locura plantearse estos cambios tan necesarios? ¿Pueden cristalizar los benditos tiempos de esperanza prometidos, sin que los gobernantes se aboquen a resolver estos problemas en el menor tiempo posible? ¿Puede el pueblo organizado no involucrarse en una lucha tan noble y genuina simplemente para alcanzar la pública felicidad, como quería Artigas, oriental en la vida y en la muerte también?
Sí: el mañana fue mejor; hace falta machacarlo día tras día. Hay que afirmarse en esta aplicación de lo que enseñan las mejores experiencias. Y para recordarlo como se merece es necesario, humildemente y de verdad, disponernos como individuos y como pueblo nada menos que a hacer mundo (o incluso mejor, mundos): esos que venimos persiguiendo desde el nacimiento. ¿Podemos tener mejor destino que ese, verdaderamente, y a pesar de las dificultades, al alcance de nuestras manos? 3
⃰ Ex presidente de ATSS
1 Desde la perspectiva actual la lucha debería ser mejor, ya que los 10 sindicatos que en setiembre de 2023 se opusieron al plebiscito decían y dicen compartir los tres puntos de la plataforma (habiéndose opuesto por razones políticas o de conveniencia constitucional a la iniciativa plebiscitaria).
2 La incorporación al Diálogo de esta importante asociación de fuerzas desde la sociedad civil, la academia, asociaciones profesionales, uniendo el plano académico con el conocimiento diario, puede y debe darle una proyección impensada a los objetivos que en esta materia deben plantearse y que permitan dar el salto que desde hace tiempo se reclama con razón. Y mucha.
3 Quedan fuera de esta nota temas muy importantes de la protección social, y la situación de todas las llamadas Cajas Paraestatales y los Servicios de Retiros Policiales y Militares. Está en el tapete la “reforma” de la Caja Profesional. Según me dicen afortunadamente las distintas agrupaciones de usuarios y afiliados activos y pasivos alcanzaron un consenso mínimo en algunos temas para poder enfrentar mejor la situación. Políticamente, si hubiera coherencia gubernamental, lo que correspondería -creo- es la instauración de una especie de “Mini Diálogo específico para la Caja Profesional” con todos los actores involucrados.