Sofia Vidal
Los debates, como es costumbre, discurrieron en distintos carriles: a) discusión políticas de los dos documentos presentados, (el denominado de Acuerdo de Unidad y el de la Coordinación de Sindicatos; b) acercamientos y discusiones por fuera (previas y durante el Congreso) y c) la discusión sobre la composición de los órganos de dirección y la representación.
El llamado documento de Unidad tiene contenidos autocriticos y la divergencia mayor aparece ante el debate del “bloque social de los cambios”, donde se presentaron formulaciones diferenciadas,-es importante leer la presentada por Sergio Somamaruga, donde se marcan más que matices. Estando en juego el aterrizaje concreto de la independencia de clase y la autonomía política.
El documento trasuntó la aspiración de una propuesta programática, y de colocar al PIT-CNT en el campo de los desafíos de las cuestiones del “desarrollo”.
En tanto, la Coordinación reafirma su línea política, enfatizando sobre el funcionamiento, la cultura organización, la vida interna del PIT-CNT. Le pone contenidos muy concretos y específicos a la independencia, coloca la distancia óptima, sin ambigüedades frente al gobierno progresista.
El número de integrantes de la Mesa Representativa (la auténtica y única dirección política), no se limitó a una discusión formal y de procedimiento, en ella se encierra el tipo de dirección que se quiere. En torno a este debate flota el espíritu de convención desde el cual y con el cual nació en el 64’ la CNT, como resultante de la trabajosa parición de unidad sindical.
Los acuerdos para conformar la dirección, que marcaron los tres anteriores congresos no cristalizaron, se fue a la elección por votos secretos. Esto tuvo el gran mérito de transparentar las fuerzas reales de las corrientes y agrupamientos, estableciendo en forma incuestionable su correlación.
El resultado arroja tres elementos concluyentes: 1) en la comparecencia electoral y en parte del Congreso de esfumó el eje entre la Gerardo Cuestas y Articulación, que durante décadas signó la conducción; 2) el parte aguas provocado por el Plebiscito de la Seguridad Social, es un dato de la realidad, está instalado, ha calado hondo y es el que marca cercanías y distancias a la hora de las definiciones políticas, y los encares tácticos; 3) el surgimiento de un arco sindical a cuyo frente se encuentran SINTEP y AUTE.
El arco del SI se presentó al Congreso dividido, electoralmente tuvo 3 expresiones, pero resulta mayoritario.
Las definiciones esenciales ideológicas y políticas del plebiscito se consolidaron, conforman un piso en el cual operar y catalizar la movilización.
También emergen desde abajo con fuerza la necesidad de cambios en las prácticas del movimiento sindical, en lo que tiene que ver con su vida interna, la reducción de la MR está vinculada con deseos, pretensiones de control, que no se repitan fenómenos “sorprendentes” como la primera votación sobre el SI, e lugar y el peso en la conducción de las mujeres sindicalistas sigue siendo un gran debe y en algunos casos rompe a los ojos y hiere los postulados de igualdad.
Las tendencias a la burocratización deben ser corregidas y superadas, la transparencia debe reforzarse. Estás son algunas de las transformaciones fundamentales que el movimiento debe asumir para el indispensable fortalecimiento de un movimiento sindical, que ha demostrado ocupar un lugar central clave en la vida nacional y que tiene que jugar un papel esencial para hacer avanzar al progresismo. Quienes procuran obturar el camino de la transformación no solo están en las filas de la burguesía, sino que también están presentes en el seno del movimiento popular.