La democracia comienza a languidecer cuando convive con la cleptocracia

 

Escribe: Garabed Arakelian

- ¿Qué es la cleptocracia?, preguntó el ingenuo.

- Es el gobierno de los ladrones, le respondieron.

- Quizás, en otros tiempos y en otros lares, pero hoy  día, con el avance de la           civilización y de la democracia ¿es eso posible?, preguntó y se interrogó con tono escéptico:¿Acaso pueden convivir la democracia y la cleptocracia?

- Por supuesto que sí, y hay infinitos ejemplos, le respondieron.

- Veamos cómo sucede.

- Eso sucede cuando el cuerpo receptor, la democracia, permite bajo el imperio de diversas razones, que el cleptococo penetre y se instale en su seno. A partir de ahí el sistema le brinda  protección, sustento y justificación al virus. Claro que el resultado es una democracia enferma que, como todo organismo enfermo, se va deteriorando y transformando. El mismo elemento invasor tiene interés en preservarlo no en su esencia sino en su apariencia.

La cleptocracia se instala legalmente cumpliendo con los requisitos y a través de los mecanismos que el sistema establece, y cuando comienza a actuar lo hace también dentro de la legalidad establecida. Logra además mayorías parlamentarias y con ellas obtiene leyes que brindan el aval necesario para su actuación.

El sistema es casi perfecto pues, si todo se hace dentro de la ley, no hay ladrones, ni delincuentes. Establece además los términos de la moral que respalda su actuación y brinda con sus ejemplos las pautas de la ética  con que se mueven sus integrantes.

Claro que el afán desmedido que caracteriza al cleptómano lo lleva a cometer excesos y cuando al hacerlo provoca perjuicios en el cuerpo mayoritario y más débil de la sociedad, debe atender esas expresiones de rebeldía y de insatisfacción, de protesta justificada. Pero no es para satisfacer los reclamos que lo hace, sino para acallarlo. En esos casos acude al empleo de la policía y de las fuerzas armadas. Para algo los tiene. Observar el entorno en la región permite comprobar estas afirmaciones.

Pero la cleptocracia no solo actúa en beneficio de su clase y lo hace de manera tal que justifica su denominación, sino que además cumple con otro objetivo de clase: borrar todo vestigio de lo avanzado en el campo de los derechos sociales y de lo establecido en beneficio de los sectores mas necesitados  y también de la población en general dentro de un marco de defensa de los intereses del país y de la soberanía para sustituirlo por otro adecuado a sus intereses y a su pensamiento.

Esa tarea de hacer tabla rasa con los avances sociales y de sustitución del patrimonio público por el privado y extranjero es una de sus tareas principales y fundamentales.

Dicho de otro modo, lo que intentan y hacen es subvertir el mismo proceso que los llevó al poder.  Es la muerte dulce de la democracia, sin espasmos violentos. La  lleva a cabo la misma cleptocracia que anida dentro de ella. ¿Vale el aviso?