Los intrincados vericuetos de la Justicia

Escribe: Walter Caimí  - PACTUM

Fiscal Natalia Charquero ¿abusó de su cargo, hizo política durante su gestión? Ese es el centro de la investigación.

Fiscal Natalia Charquero Vs. Jorge Díaz. Esta es una película política que de nada nuevo tiene. Es un filme jurídico que también se repite. La investigación de fiscal a fiscal va más allá de la intencionalidad administrativa. Es complejo para quienes no están insertos en el sistema jurídico de nuestro país tener cabal entendimiento de cómo se trabaja en la Fiscalía General de la Nación.

No cabe duda alguna, que el Dr. Díaz tiene potestades de “Superman” y nadie le solicita explicaciones salvo Zubía qué sabe lo que dice. No hay dudas que Natalia Charquero tiene la bandera del Partido Nacional y ello no es pecado. El tema en sí mismo es otro. Son los controles que fallaron o no se aplicaron desde el seno mismo de la Fiscalía General de la Nación. El primer medio de comunicación en advertir tal hecho, es decir, que la mencionada fiscal tiene vínculos con la divisa blanca fue El Eco Digital y Semanario, hablemos claro. Para Díaz esto pasó desapercibido. Las fotos del colega Carlos Peláez en Facebook encendieron las alarmas y recién allí, Díaz tomó cartas en el asunto. En medio, el otro colega Gabriel Pereyra también había advertido por este hecho.

Los jueces, los fiscales, los doctores en derecho y ciencias sociales, etcétera, tienen un color político; sobrados casos hay para rememorar y servirlos en la mesa como plato suculento de ideas políticas. Ya todos sabemos quiénes fueron y quiénes son esos nombres y apellidos.

Lo que hay que mirar, indagar, escudriñar, es dónde estuvo la falla… pues hay una laguna que quedó al desnudo administrativamente y lo que no sale a asumir el mismísimo fiscal de corte. No asume que internamente algo no funcionó. Los simplismos políticos y o jurídicos al igual que los administrativos me desagradan venga de donde vengan; y este es el caso. Esto no es en contra de nadie.

La edil María José García me atrevo a decir que nunca imaginó tal novela. Para los desmemoriados ella fue la que presentó los audios con la voz (supuestamente) de Moreira.

Lo neurálgico acá, es saber si durante la gestión de fiscal desde que asumió Natalia Charquero politizó su labor; en castellano significa conocer, si escribió, adhirió, hay fotos, etc. etc. que prueben que Charquero abrazó al Partido Nacional en pleno ejercicio de su labor como fiscal, reitero. Esto es lo medular. Este es el centro de la cuestión.

El otro suceso medular de tono jurídico, es lo que pidió el juez Luis Fourment, pericias sicológicas y siquiátricas que la fiscalía desecho. Hasta dónde sé, fiscalía no tiene la tecnología para periciar grabaciones, dicho esto los audios quién los pericio ¿? Dicen que fue el estudio Sondor. No me consta, tampoco me consta lo contrario.

Presumir qué delito cometió la fiscal Charquero es poner la carreta delante de los bueyes. Acusar a Charquero de que sus padres tienen responsabilidad política en el actual gobierno es de mala leche. Una cosa es una cosa y muy otra la familia.

Acusar a la fiscal por conjunción del interés personal y público es un disparate. Veamos:

1, Perfectamente Charquero pudo apartarse de la causa y no lo hizo.

2, Al tomar el caso Moreira bien pudo administrar con ecuanimidad el asunto podrán decir algunos.

3, Charquero está convencida que nada malo hizo. Y si efectivamente fue como ella argumenta ¿cómo se demuestra lo contrario?              

 

La otra cara de la moneda es la mismísima Fiscalía General de la Nación; pongamos las cartas sobre la mesa:

A, Al admitir concursar se pregunta a qué partido político pertenece.

B, Hay una declaración jurada al respecto.

C, En el legajo se deja constancia de que adhirió a tal partido.

Estas y otras interrogantes son las que no encuentro respuesta definida, precisa, contundente.

Se pierde de vista que la adhesión pública de Natalia Charquero al Partido Nacional es antes de asumir el cargo; ello no significa que la fiscal no siga siendo blanca; es como preguntarle al Dr. Juan Andrés Ramírez si deja de pertenecer al Partido Nacional cuando demanda al Estado por indicar un ejemplo.

El otro error  grueso es del mismísimo Fiscal de Corte. Su exposición púbica le juega en contra. Toma medidas en este asunto un fin de semana y la fiscal Charquero se entera por El Eco de Carmelo y no por vía directa. ¿Nadie se dio cuenta? No me lo creo.

No está en cuestionamiento la idoneidad profesional de Díaz ni su persona. Si es preocupante el protagonismo público y las potestades que asume como único administrador de los recursos humanos y actos administrativos. Eso sí me preocupa. Ya volaba alto siendo juez del Crimen Organizado.

Tal suceso político, merece un aparte de acá en más y el sistema todo en su conjunto, debiera debatir si las potestades del fiscal general de la nación tienen que estar en una sola persona o más de una. Ese es otro debate a dar.

Vayamos dos años atrás –más, menos- cuando el Fiscal Díaz tuvo el encontronazo con la Dra. Gabriela Fossati, fiscal que trabaja con el Código de Proceso Penal viejo. Enfrentamiento que llegó a los medios de comunicación y que la Dra. Fossati le bajó las revoluciones. No voy a entrar en detalles, en Google usted lo busca y se entera.

Por otra parte, 10 años en el ejercicio de Fiscal de Corte es mucho tiempo y no condice con la realidad latinoamericana de otros países de la región. No quiero dejar pasar por alto la actitud del senador Manini Ríos que aprovecha la volada para llevar agua para su molino. El ex militar lo que lo tiene “caliente, nervioso” es la fiscalía de Derechos Humanos. Así de sencillo. Pero esto también es agua de otro pozo.

Díaz no ha sabido articular la jurisprudencia con la política que es un arte. Consecuentemente, el Dr. Díaz hace todo lo contrario a una buena gestión que pase casi desapercibida. Y quiero ser claro, preciso: no merece ser destituido por este; sí merece que así mismo ponga las barbas en remojo pues aún le quedan dos años de gestión.