
Griselda Leal
Está claro que el ídolo del presidente argentino Javier Milei es su homólogo de los Estados Unidos Donald Trump. La política que está llevando a cabo es una burda copia, excepto que Trump es nacionalista, quiere que su país vuelva a “ser grande otra vez”, mientras que Milei le quiere poner bandera de remate a la Argentina.
Pero las cosas por el país del norte no andan nada bien -además de tratarse de un imperio en decadencia, con un sistema capitalista que está cerrando su círculo, con un dólar que cada vez tiene más competencia, con una deuda que es la más grande del planeta, con un presidente que como matón de barrio adopta posturas cada vez más agresivas, aplicando aranceles que crean conflictos con otros países y en algunos casos suben los costos de diversos artículos internamente-, y están brotando manifestaciones en su contra por todas partes de su territorio, ya sea por el tema de las deportaciones o por su postura en defensa de Israel y a favor del genocidio en Palestina, en las cuales hay represión y detenciones.
La idea del presidente de que regresen las industrias que en otra época tuvieron sus fábricas en el territorio norteamericano y que poco a poco fueron emigrando a países del tercer mundo no es fácil de instrumentar. Cuando eso sucedía, la perspectiva era bastante clara: mano de obra barata y países con leyes más flexibles fáciles de manipular. Hoy el retroceso no es tan claro, además del gasto que significa el traslado, posiblemente aumente el costo de la mano de obra, la necesidad de personal calificado, y nada garantiza que las reglas de juego no cambien.
Trump en buena medida ganó la elección con los votos de los “blancos” desocupados y pobres, descontentos con la emigración de las industrias y el rechazo a los inmigrantes, pensando que les ocupan puestos de trabajo.
Las medidas del gobierno contra los extranjeros han de dejar contentos a algunos y crean el rechazo de muchos, teniendo en cuenta el gran porcentaje de latinos y de otros grupos que hace muchos años se han afincado en ese país, ahora con estas medidas creando desarraigo, división de familias y futuro incierto con sus consecuencias.
Ante la pregunta de un periodista de cuál era la diferencia entre su anterior gobierno y éste, Trump contestó que en el período anterior fue presidente de los Estados Unidos y ahora va a ser presidente del mundo. Conociendo su forma de ser, no parece una broma.
Esa propuesta delirante de que el territorio de Gaza se convierta en un paraíso para el turismo ha caído muy mal -aunque no se realice- teniendo en cuenta que aún hay miles de cadáveres de personas incluidos niños que están bajo los escombros.
Trump le echa la culpa de todos los males a los pobres y a los inmigrantes mientras se rodea de un pequeño grupo de billonarios que lo asesoran y apuntalan, siempre sacando ventaja de la situación.
Personas de su entorno ya notan incoherencias similares a las de su antecesor Joe Biden.
Con su apoyo a las guerras que en muchos casos ha perdido y sus 800 bases militares a lo largo y ancho del planeta, Estados Unidos es el país que tiene mayor presupuesto bélico, lo que significa restar financiación a otros rubros fundamentales para el funcionamiento del país como, por ejemplo, la educación que no está al alcance de las familias menos pudientes y la investigación científica, que es necesaria para el crecimiento del país.
El partido demócrata no parece estar movilizado para ponerle algún freno, excepto el candidato de centro izquierda, el senador Bernie Sanders que a pesar de sus 83 años está recorriendo el país señalando claramente que su grupo político no acepta la oligarquía ni el autoritarismo.
Por su parte Milei en su delirio está llevando a la Argentina al caos con su visión colonialista, aferrada a una política en decadencia, extranjerizante y con un gobierno que cada vez se pone más autoritario, acusado de ilegalidades, corrupción y delitos por parte del presidente y su hermana y secretaria de estado, Karina Milei.
Como si eso no fuera poco las clases medias y bajas cada vez ven más deteriorada su economía, al tiempo que la pobreza y la indigencia aumentan.
Además de Argentina otros países están siendo gobernados por la derecha y en algunos casos con el narcotráfico actuando a sus anchas, Ecuador, Paraguay y Perú son tristes ejemplos y muy preocupante es la situación de Bolivia debido al enfrentamiento entre el ex presidente Evo Morales y el actual Luis Arce.
Después de sus aventuras por países de Medio Oriente y ante notorios fracasos al intentar dominarlos por la fuerza, los gobiernos de Estados Unidos han vuelto a poner la energía en América Latina, si bien nunca dejó de interesarle.
Por otra parte, Europa no está en su mejor momento. La guerra entre Rusia y Ucrania ha sido nefasta para su economía y está encerrada en un círculo vicioso siguiendo el rumbo del sistema capitalista y con pocos recursos naturales que históricamente han robado a países pobres de distintas partes del planeta y ya no les es tan fácil extraer.
En Rusia no se ha deteriorado la economía como suponía occidente, sino por el contrario abrió otros vínculos comerciales que sustituyeron los anteriores y con su enorme territorio que contiene grandes riquezas va mejorando su economía pese al conflicto con Ucrania.
China, pese al contratiempo de los aranceles impuestos por Estados Unidos, sigue comercializando a través de la Ruta de la Seda con un plan bien definido a largo plazo, y con inversiones tanto en América Latina como en África, con una política negociadora sin entrometerse en asuntos internos del país con el que hace acuerdos.
El grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), ahora con varios países que ya están negociando y otros que aspiran a integrarse, es fundamental en esta nueva etapa de la estructura económica mundial ya que se terminó la era del imperio yanqui, ahora el mundo es multipolar, está repartido de otra manera y aunque por el momento no se visualiza una mayor distribución de la riqueza que amortigüe la injusticia social de la población mundial, aunque estemos en un momento oscuro y doloroso viendo cómo las guerras y los genocidios no paran en su afán de dominio destructivo, nos queda la esperanza de que en algún momento la racionalidad se imponga en quienes manejan los hilos del planeta.
No cabe dudas de que estamos en una etapa de cambios muy profundos de la geo política, la gran concentración de riquezas y la avaricia de quienes las acumulan chocan con la necesidad de hacer cambios, porque en eso se juega el futuro de la humanidad, y es muy difícil que alguien se salve del caos si no se cambia el rumbo de la historia.