En un mundo de Fake News y posverdades, se han puesto de moda trolls y bots: Se impone pensar con Claridad

 

 

 

Escribe: David Rabinovich

 

Bernardo Gutiérrez escribió en eldiario.es  “aquel ‘nosotros’ cerrado estaba alimentando un ’ellos’ vigoroso, inclusivo y diverso” y nos deja pensativos. La idea de un nosotros excluyente de “ellos y ellas”- pichis, turras y malandros -, es parte de una construcción compleja y maligna. Vemos el cuadro colorido de una sociedad fracturada sí, pero con una historia de injusticias, apropiaciones indebidas, violencias, abusos de poder, amiguismo y nepotismo de la que no sabemos suficiente. Una realidad sin pasado, o peor, con uno inventado, edulcorado y decorado para convencer que el presente es consecuencia lógica de esfuerzos y méritos personales. Las elites mafiosas nos imponen su visión de la historia. Vivimos en medio de la “desinformación (que) encaja a la perfección con malestares, deseos y subjetividades reales. Los hechos alternativos son hechos afectivos (…) Mientras el antifascismo sea solo discurso y no práctica, consignas y no comunidades barriales, la ultra derecha  crecerá presentándose como solución a los problemas y miedos concretos de la gente.” Una parte importante de la sociedad moderna: individualista, consumista y acrítica, compra el discurso anticorrupción de ‘los amigos del cohecho’.

El ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy dijo: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Fue en 1949 y de esa forma quedaba establecida su famosa ley, popular y (re)conocida como “Ley de Murphy”. Vale para la izquierda tanto como para la derecha (aunque no lo parezca).

La ley se cumplió inexorable para el senador De León, al que no se le pudo imputar delito, porque Alur es una SA, se rige por el derecho privado y sus directores no son considerados funcionarios públicos. Visto desde la ética, el proceder del jerarca es inadmisible. La ‘razón’ por la que se crean estas empresas que funcionan bajo el derecho privado, pero son de propiedad pública, es que de otra forma -por sus características comerciales y productivas- no podrían competir en el mercado. Punto clave. La necesidad de controlar la gestión pública está en que la manejan personas a las que nos les afecta directamente los resultados de sus decisiones, tanto como en lo ‘barato’ que solía resultar la transgresión ética. Tenemos derecho de ser severos en el juicio sobre todos los aspectos de la actuación de quienes han sido depositarios de una confianza que no merecían. La izquierda no debe, no puede, hacerse la distraída como pasó durante los gobiernos blancos y colorados a lo largo de nuestra historia. Porque también hay que decirlo ¡la corrupción no nació con el gobierno del Frente Amplio! Y se hace necesario puntualizar que la severidad que no se exigió antes y ahora se reclama a voz en cuello es bienvenida, no como parte de la campaña electoral, porque eso es mero oportunismo, sí como parte de un cambio cultural necesario. También hay que señalar que las corruptelas de ayer, mucho más graves que las de hoy, no deberían ser desconocidas por medios y periodistas. La responsabilidad por la administración indebida de bienes comunes no tiene fecha de caducidad ni prescripción. Para que quede claro: en estos aspectos, nada del pasado disculpa el presente o justificará el futuro.

Puedo entender que la dirigencia del Frente sea prudente, no se trata de fomentar la caza de brujas; pero luego de brindar todas las seguridades y posibilidades de aclarar la conducta de cada uno, frente a la constatación de los hechos, hay que actuar en consecuencia. Pero me molesta -y quiero decirlo- escuchar algún severo crítico de la moral ajena que fue director de un Ente por el Partido Nacional y circulaba los fines de semana con una matrícula ‘común’ en el vehículo de la empresa en tanto, de lunes a viernes el auto transitaba con la chapa oficial correspondiente. Esta práctica de la doble chapa (para no quedar en evidencia) fue usada en varios ámbitos públicos.

Con las debilidades de algunos dirigentes frenteamplistas, surgen nuevos protagonistas y otras propuestas. Leo en La Diaria que el nieto del Gral. Oscar Gestido integró un nuevo grupo del Partido Colorado porque “entre todos” lograrán “trabajo, educación, seguridad y respeto”, para “corregir” todo lo que “han destratado” (sic) el “seudoprogresismo moderno, las falsas izquierdas, los fracasados socialismos y los falsos populismos”. En el mismo acto Leonardo Guzmán señaló “una caída de los valores públicos por la invasión de la enseñanza y la politización de los sindicatos”. Guzmán recordó a Pacheco por “la radicalidad frente a la guerrilla criminal” de su gobierno, al que “un día no lejano habrá que reivindicar”. Cree que algunas de sus medidas mostraron “sensibilidad frente a las necesidades sociales”. El ex ministro entiende que “se fue apagando a la persona” y aparecieron “mitos sociales” y conceptos como “la sociedad”, en cuyo nombre “se puede tomar cualquier medida y se pueden coartar incluso las libertades”. No le gusta eso del ‘interés colectivo’. Supongo que por ello apoya “la resurrección, una vez más, del doctor Julio María Sanguinetti”. El acto constitutivo lo cerró el expresidente de la Cámara de Industrias Washington Corallo que aseguró: “son más las empresas que cierran que las que abren”, que Uruguay “no es competitivo” sino que es “un país caro”. Por eso, hay que “hacer crecer al Partido Colorado” porque se necesita “un gobierno que escuche a la gente, a las cámaras y al interior del Uruguay, que es el que genera la riqueza que a veces, lamentablemente, se gasta en Montevideo”. Sí, son tiempos de posverdades y de fake news.

La “admirable alarma” que pregonan estos personajes debería alertarnos sobre el saqueo a nuestros pueblos; remarcar que el capital financiero es crimen organizado y que si hay una crisis de valores, conviene aclarar de qué valores.

Para tener un país competitivo y/o más barato proponen, aunque no siempre de forma clara y explícita, ‘ajustes’ que se basan en bajar sueldos y jubilaciones, privatizar empresas y servicios públicos, abrirnos al mundo, para entregarnos atados de pies y manos al dios mercado en un generoso sacrificio de los otros.

Dicen que no conviene patear la colmena para conseguir miel. Pero como informó Rosa Cañete (Oxfam) “El 22 por ciento de los puestos parlamentarios en América latina están ocupados directamente por empresarios. Es una representación muy superior al peso real que tienen en las sociedades, que es de alrededor de un 3 por ciento”. Estos parlamentos son los que instalan y preservan mecanismos para conservar sus privilegios por encima de los derechos de las grandes mayorías. La campaña mediática, la puerta giratoria o estar a ambos lados del mostrador, un lobby feroz o hasta el pago de sobornos, todo es parte del sistema. En el relato de la derecha se asocia la corrupción exclusivamente al sector político y se ve muy poco el papel privado. Es importante saber que los países de la OCDE captan mayormente impuestos por renta, ingresos y propiedad. Eso no pasa en América latina. La desigualdad de ingreso (que mide el Gini) es casi igual en América latina que en Europa. Pero el índice Gini ‘después de impuestos’, en los Estados europeos reduce la desigualdad de forma importante. En América latina no.

Por otra parte no es posible poner en marcha un programa diferente -apartado del neoliberal- con un elenco de protagonistas que tienen en la mente y en su corazón la esencia neoliberal atornillada. La corrupción se hace sistemática al poner el Estado al servicio del capital privado (mercado), promoviendo el crecimiento sin límites, a la mayor velocidad posible, para enriquecer sin tasa ni medida a pequeñas élites. Así se armó el impresentable escándalo que representa un 1% más rico que el 99% restante de la humanidad. El ellos y el nosotros se resignifica.