Los caminos de resistencia para la lucha social y política

 

Por Gabriel Portillo

Los desafíos que se abrieron para el campo popular a partir del gobierno de la coalición de derechas implican analizar con especial atención el escenario político con todas sus complejidades, contradicciones y claros oscuros. Desarrollar política de alianza en el terreno social y político implica tener presente la correlación de fuerzas existentes y las condiciones de la coyuntura actual, que es más compleja que otras situaciones que supimos enfrentar. Eso no implica de ninguna manera y parto de la base que nadie lo está planteando,“desensillar y esperar hasta que aclare”, sí implica mayor zurcido y discusión política (paciencia) para incorporar el mayor arco de alianzas posibles en el diseño de una estrategia de acumulación y resistencia a las políticas implementadas por el gobierno conservador, y prepararnos sabiendo que el camino no estará libre de contradicciones.

Reconocer la legitimidad de esas diferencias es punto de partida del pensamiento y la práctica democrática y transformadora. Las ampliaciones democráticas no existen al margen de la acción colectiva sobre los conflictos sociales.

Lo que hoy está en discusión tanto en lo político como en lo social es cómo desarrollar ese camino, que nos permita sumar fuerzas y estrechar alianzas. La LUC representa el buque insignia de la coalición de gobierno y es a la vez, el instrumento que nos permite unir las fuerzas sociales y políticas detrás de un objetivo concreto. Por otra parte, la LUC significa en términos reales y simbólicos el programa de restauración y reacción de los grupos conservadores y cámaras empresariales que vienen reclamando desde hace tiempo.

Como decíamos, vemos como una oportunidad para sumar en unidad de acción a sectores políticos y sociales que hasta hoy estaban dispersos. La LUC nos da la posibilidad de organizar el qué hacer de un proyecto de resistencia con acciones que van más allá del parlamento: juntarse con la gente, salir a convencer y discutir cara a cara recorriendo el país, etc. De hecho, es una acción política que hace mucho no se realiza. Debe ser una convocatoria que canalice el descontento de la gente, no solo pensando en el hoy sino mirando hacia delante cuando la aplicación de las políticas recesivas y de rebajas de salarios y la pérdida de conquistas quede cada vez en mayor evidencia para la gente. Debemos poner todo nuestro esfuerzo por el intento de generar un movimiento democrático antineoliberal que tiene como centralidad la LUC, en donde se plantean cuáles son las ganancias y las pérdidas de un escenario de derrota y de victoria del plebiscito.

Partimos de la experiencia de los 90 de la cual aprendimos la importancia de haber dado todas esas batallas y por supuesto, haber ganado algunas. Estas batallas significaron un retraso en los planes neoliberales de la época. No obtuvimos victorias completas, pero el efecto de la derrota que le infligimos al gobierno de Lacalle Herrera en el 92 significo mucho más que la derogación de los cinco artículos de los 32 de la ley de Empresas Públicas (EEPP9. Desgastó al gobierno, lo debilito y eso se tradujo en un abandono en parte de su pretendido programa de reformas estructurales. Fue, por tanto, un alto en la ofensiva conservadora y privatizadora, si bien quedaron consecuencias que hasta hoy se conservan. Sin duda, hoy existen otras condiciones a la que hay que incorporarle, entre otras cosas, que pasaron 15 años de gobiernos del FA, y la velocidad de implantación de las contra reformas del gobierno ponen en evidencia una situación de debilidad política de las mismas (de las reformas en derechos, andamiaje neoliberal que no se eliminó, etc.). Esta velocidad de retroceso se produce, entre otras razones, a partir de la constante iniciativa política de la derecha. 

Estamos convencidos que la lucha contra la reacción conservadora prepara las condiciones políticas para llegar a un 2024 movilizado, obligando a construir un programa que dé respuestas a las situaciones y demandas que se van generando en esos encuentros de resistencia con la gente. Cuestiona y pone en tensión las contradicciones existentes en el conjunto de la sociedad. Así como en el 92 también hubo vacilaciones con respecto a si ir o no al referéndum, lo organizado desde abajo significó movimientos que irrumpieron de manera superadora, en relación con las exceptivas iniciales. 

Debemos levantar desde el hoy una perspectiva que incorpore al debate la construcción de una sociedad igualitaria, solidaria, sin explotados ni explotadores. Con el conjunto del pueblo, con sus organizaciones, asumiendo el conflicto y las contradicciones como parte de esa construcción en el desarrollo de la acumulación de fuerzas que permita establecer un programa de soluciones, discutido, construido en unidad y participación con el pueblo.