Compromiso Socialista aspira a organizar a los trabajadores en defensa de sus intereses

Por Federico  Kreirmerman

Quien escribe fue parte en estas elecciones nacionales de la presentación de un nuevo sector político, Compromiso Socialista, que concurrió bajo la lista 565 dentro de la Unidad Popular. Esta fue nuestra primera elección, la que se salda con 3.572 votos. Este número si bien es marginal en el espectro general de las elecciones nacionales, es para nosotros un piso desde el cual partimos. Puesto que en el marco de una campaña electoral plagada de hipocresía y debates superficiales, buscamos tener una propuesta clara, partiendo de una visión objetiva de la realidad y con planteos desde los intereses de los trabajadores y con una perspectiva superadora del actual sistema de explotación por la sociedad a la que aspiramos y por lo que luchamos: el socialismo. Creemos no equivocarnos al afirmar que hemos crecido, desde el grupo original de compañeros que tomó la decisión de crear esta herramienta colectiva hasta el saldo tras la jornada electoral hemos crecido en cantidad y calidad. Entendemos que haber constituido Compromiso Socialista y desde allí reivindicar las ideas del Socialismo fue un acierto, colocamos una opción que de lo contrario hubiese estado ausente en estas elecciones. Ahora bien, más allá de que este crecimiento nos reafirma en el camino elegido, es claro que la Unidad Popular sufrió un importante revés, perdiendo su banca en el Parlamento y reduciendo la cantidad de votos con respecto a la elección anterior. Es claro que el Frente Amplio logró contener a buena parte de un electorado de izquierda que aun estando desencantado se mantuvo dentro de esa fuerza política. La Unidad Popular deberá procesar un debate que implica autocrítica, entendiendo la coyuntura en la que se desarrollaron estas elecciones y asumiendo los errores propios. En cuanto a lo que se viene, estas elecciones evidencian el fracaso del progresismo, el cual no asume su bancarrota y echa culpas planteando que la gente no reconoce su buena gestión y se ha ido hacia la derecha, al mismo tiempo que levanta un discurso que apela al miedo dibujando un futuro apocalíptico. Pero la realidad no es que la gente “se corra hacia la derecha” sino que el progresismo fracasó frente a los sectores populares que habían visto en él un camino para los cambios sociales, para la solución de los problemas que los aquejan. Hoy frente a la crisis la realidad golpea y las ilusiones se desvanecen, los hechos son más fuertes que las palabras y queda claro que el proceso del progresismo no desemboca en el cambio social que lleve a una sociedad más justa. Durante sus gobiernos el Frente Amplio ha mantenido el rumbo de la política económica, basada en la inversión de capitales privados internacionales continuando en líneas generales con la política económica de los gobiernos de los partidos tradicionales, con mayores políticas sociales que fueron posibilitadas por el excedente generado por los altos precios de las materias primas de exportación. Junto con ello, el Frente Amplio ha desarmado a los trabajadores a nivel ideológico y organizativo, y cosecha también de eso su propia derrota. Es por este motivo que personajes de la derecha recalcitrante como Lacalle, Talvi e incluso Manini Ríos pueden presentarse frente a la población como la opción “del cambio” y obtener respaldo. En este escenario debemos plantear con claridad que el fracaso de las ideas de los gobiernos progresistas no es el fracaso de las opciones de izquierda, no es el fracaso del socialismo, sino que es el fracaso de lo que el progresismo verdaderamente es: una propuesta reformista que no busca eliminar la verdadera raíz del capitalismo. Al día de hoy el periodo de bonanza económica concluyó y el capital necesita recuperar su rentabilidad, y para ello necesita un ajuste contra la clase trabajadora. Este ajuste ya fue incorporado en la agenda actual del gobierno y es claro que existe consenso en el sistema político en que el mismo deberá profundizarse en el próximo período. Esto en la campaña electoral se presentó camuflado para no perder votos, pero igual se pueden ver las propuestas: reducción del déficit fiscal sin aumentar impuestos al capital, es decir recortando presupuesto social, reforma de la Seguridad Social sin tocar aportes patronales ni eliminar las AFAPS, desregulación laboral y aumento de la precariedad y las tercerizaciones; todo junto al aumento del aparato represivo cada vez más militarizado y tecnificado. En todos estos aspectos la derecha representada por Lacalle Pou disimula pero no esconde su programa de ajuste, pero cierto es también que en todos ellos el Frente Amplio o bien los ha iniciado ya, o ha pavimentado el camino e incluso lo incorporó en sus propuestas de campaña. Para enfrentar el ajuste que se viene y defender los derechos de los trabajadores es necesario recuperar las organizaciones de la clase trabajadora, como sus sindicatos, para la lucha. Y esto hay que hacerlo luchando contra el posibilismo que las direcciones oportunistas han construido como único marco posible, planteando la necesidad de superación del actual sistema, poniendo sobre la mesa las ideas del socialismo. Nuestra tarea pasa por volver a poner en el orden del día de los trabajadores que otra sociedad es posible, que es posible cambiar pero para ello hay que luchar. Por ello es que se requiere dar la pelea en donde la misma ocurre, que es en las necesidades concretas de los trabajadores, tanto para defender lo que se tiene como para conquistar nuevas demandas. Sabemos que el movimiento obrero está aún cooptado por el oportunismo y la tarea es difícil, pero no es aislándonos del conjunto de los trabajadores, dejándolos aún más a merced del oportunismo, sino trabajando y poniéndonos al frente de la lucha en cada reclamo que surge. El resultado electoral no implica para nosotros un cambio de nuestros planes y perspectivas, la campaña electoral es una actividad más de la militancia de cara a construir una expresión política de lucha que defienda los intereses de la clase trabajadora.*