Voltear a la LUCrecia es el objetivo central de las fuerzas de izquierda para sofrenar con ley y con orden la estampida baguala de la derecha

Escribe: Garabed Arakelian 

En enero-febrero de este año, sin haber terminado de acomodarnos ni el pelo ni la ropa después del revolcón electoral, algunos legisladores frenteamplista consideraron oportuno salir a decir y  explicar que el FA haría una “oposición responsable”. Es un llamativo ofrecimiento que permite abrir  varias interrogantes: 1) ¿Cómo se atrevieron a hablar en nombre del FA, sobre un tema que el FA no había considerado? No se sabe, pero el principio quedó enunciado, casi que, como si fuera oficial; 2) ¿Hubo pedido o planteo del gobierno parduzco, reclamando una declaración, confesión,  compromiso o lo que fuere acerca de cómo esperaban que el FA encarara su oposición? Busqué, pregunté y no encontré nada, de modo que cabe presumir, y con acierto, que fue una iniciativa solo de algunos, pero con el agravante de querer involucrar a todos; 3) ninguno de los proponentes aclaró cuáles serían los contenidos y los límites de eso que llamaban “oposición responsable”, pero sonaba como un documento, como una declaración de “vamos a ser buenos y juiciosos”, aunque nadie se lo hubiera pedido.

 Sin duda que esa salida no se puede calificar por parte del FA como “una loable iniciativa”, ya que no dice ni responde a qué era, en esos meses iniciales, lo que el pueblo frenteamplista quería.  

No puede decirse a ciencia cierta qué era lo que querían los frenteamplistas pues no tenían aún, conocimiento de todo lo que vendría después, pero lo que queda en claro es que este grupo de legisladores frenteamplistas hizo una oferta y adelantó un compromiso sin consultar con sus bases particulares, sin conocer la opinión de las autoridades del FA y sin pedir opinión a las demás bancadas. Esto abre un interesantísimo paréntesis de reflexión acerca de las actitudes y el uso de las frases hechas en torno a la unidad y a la preeminencia del factor legislativo, impuesto en este caso con la picardía de la sorpresa y el adelanto, para dar por aceptados criterios sectoriales o individuales y así imponerlos sobre la conducción y la militancia de la fuerza política. Lamentablemente, este no es el único ejemplo, ni es una excepción, de cómo, por la vía de los hechos, un organismo: la bancada, se convierte en órgano de conducción sin ser votado para ello. Y no es lo único a enumerar ya que existen otros ejemplos no menos importantes, vinculados con el debilitamiento, desde adentro, de la organicidad del FA. Sin respetar a ésta, a la orgánica, a la distribución de responsabilidades y derechos que brinda la estructura, ¿se puede hablar y convocar en nombre de la unidad? 

De modo que, en ese tratamiento previo de la LUCrecia (denominación vulgata de la Ley de Urgente Consideración –LUC-), se incurrió para satisfacción de la derecha(quizás guiados por el principio de “oposición responsable”) en el error de hacer los mandados previos facilitando votos, aprobaciones y argumentos para la política reaccionaria del gobierno. Con fundada razón, cuando se habla del tema, desde la interna del FA se recurre al uso de varios adjetivos entre los cuales el más leve es el de complicidad. Que será por tontería si es que cabe esa posibilidad, o por error político, pero que ahora el FA deberá esmerarse en demostrar que no es así, sin dejar margen para la menor duda de que el FA no es cómplice de la derecha y que, si en el camino hay quienes deberán rasgarse las vestiduras pues deberán hacerlo sin convertirse en obstáculo para que el FA tome su rumbo claro. Y es bueno valorar que cuando se le exige a alguna organización política que tiene estructura, principios y autoridades electas que actúen en contra de esos factores, en nombre de la unidad del FA, es hora de exigirle a otras organizaciones e individualidades que también se atengan al rigor de la organización frenteamplista. Esas salidas de compromiso con la derecha resignando posturas y acciones de oposición y votando leyes que la derecha intenta imponer con presión tienen que ser motivo de consulta, deberán remitirse a la opinión de las bases que son las que mandan y las bancadas cumplen y ejecutan.  

Y como los acontecimientos no suceden en el vacío, la presión popular se impuso y ahora el FA deberá buscar firmas para voltear a la LUCrecia. Salieron de inmediato al paso los interesados desde dentro del Frente, a aclarar que no podía ser contra toda la Ley porque el FA había votado algunos de sus artículos. Y eso es trasladar al seno de la fuerza las incorrecciones que se llevan a cabo fuera de ella sin tenerla en cuenta. Es un comportamiento de “hijo ‘e ricos” que pasa sus desmanes a la cuenta del padre. Y ya ha llegado el tiempo de definir algunas cosas: la bancada del frenteamplio pertenece al Partido Frente Amplio y se debe a ella. Y por más aditivos que le agreguen a la fuerza política, ella, para no dejar de ser lo que es, debe y deberá ser, tendrá que fortalecer este vínculo o articulación o como se le llame, que es condición básica para pregonar la tan mentada unidad

Y por su parte, la tan aludida autocrítica ¿no debería incluir estas experiencias, evaluarlas y sobre ellas, elaborar conceptos y recomendaciones acerca de lo que no se debe hacer?

Ahora bien, peguemos un salto y veamos cómo se planteó el tema de la divina LUCrecia”, porque resultó, con satisfacción por parte de la coalición de gobierno, que se aprobó casi en un 50% con votos del FA. Un conjunto de leyes mal redactadas y amañadas de las que solo resultaba claro que quería barrer  las conquistas logradas. Alcanzaba para rechazar la intentona utilizar criterios políticos de prevención, y si no fuera suficiente tener en cuenta la opinión de reconocidos constitucionalistas que subrayaban las deficiencias del mamarracho y así rechazarla de plano y en su totalidad para tener la posibilidad de decir ante el pueblo: nosotros no lo votamos.

 Sin siquiera detenerse a hacer un balance político entre lo correcto o no, lo conveniente o no, la bancada legislativa del FA entró a poner corazón, inteligencia y vida, en algo que sumaba grilletes a las libertades y derechos conquistados, sabiendo que, en caso de éxito lo único que lograrían, sería alivianar en algunos gramos el peso de las mismas.

¿Puede considerarse que aquella salida temprana por parte de los proponentes de la “oposición responsable” no fue ingenua sino altamente interesada para plantear ésta situación? Como resultado de esa iniciativa, el FA ahora discutirá en su interna, cuáles si y cuáles no, son artículos que se deberán mantener y defender, con el argumento de que previamente la bancada le dio su voto. Como se ve los errores no son inocentes y alguien tiene que hacerse cargo de ello cuando los comete. Pero en este caso, “algunos” le quiere pasar el fardo a “todos”. En el transcurso de ese intercambio los defensores, con el argumento de que ya le dieron su voto y no van a echar para atrás, porque son bancada y son legisladores,  argumentarán a favor de la posición de gobierno y la fortalecerán con su enjundia discursiva. Y las bases y la militancia al observar hacia dónde apuntan las armas sus representantes y entreverarse en la discusión, perderán la confianza y el entusiasmo se diluirá y, como en aquel plebiscito en el cual el voto verde, el voto del pueblo, perdió la oportunidad histórica de superar la impunidad, estará presente la sospecha de la traición disciplinada para que se pierda también en esta ocasión. Quizás, haya que temer más a esta posibilidad que a la propaganda de la derecha que deberá estar a la defensiva.

Con esto, aquellos que tienen remilgos  respecto al examen, el análisis y la evaluación de los hechos y las actuaciones, tienen material para salir del estado de flotación y de la defensa de posibles víctimas resultantes de una revisión, tienen de dónde asirse con responsabilidad  y respeto  hacia la fuerza política y sus militantes. 

Sin dudas que a esto se le puede agregar la lista de temas de autocrítica, para deducir y sacar experiencias. Lo positivo es que no se trata de teoría sino de hechos comprobables y entonces se puede valorar para qué sirve la autocrítica y cómo se pueden utilizar sus resultados. Claro que hablamos de autocrítica, y no de relatos ni de terapia.*