Acerca de la necesidad de renovar la licencia de conducción

 

Escribe: Garabed Arakelian

“A veces, para saber de qué lado hay que estar, basta con ver quienes están del otro lado”.                            

Hemos aprendido que hasta las casualidades que se atribuyen a designios esotéricos superiores al nivel humano tienen expresión y rigor matemático. Por eso resulta difícil aceptar que “por obra de esas casualidades” tres jerarquías del Frente Amplio coincidan en la condena al gobierno de Venezuela, y lo hagan al mismo tiempo y en los mismos términos: “Venezuela es una dictadura”, lo dijeron Astori, Mujica y Martínez. Y es difícil de digerir que sea una mera coincidencia. No se sabe quién los presionó o porqué se sintieron presionados a hacerlo, lo cierto es que, en el momento de expresar su opinión les faltó la cintura necesaria para decirlo de la forma más adecuada respetando un estilo de conducción democrático y no tuvieron en cuenta los coletazos de carácter negativo  en la vida interna de la fuerza política. Si el estilo que pretenden practicar es el gerencial, actuaron con pésimo criterio: no tuvieron cuidado en avisar y ponerse de acuerdo con los mandos medios. Lo hicieron por sí y ante sí, olvidando que no manejan una camioneta ligera, de reparto, sino un camión con acoplado y que las habilidades de conducción para ese tipo de vehículo son distintas: a cada maniobra incorrecta los topetazos  del acople se sienten.

Pocos días antes, Ariel Bergamino –subsecretario de RR.EE.- frenó el acoso furibundo de un periodista que, a viva voz y con micrófono abierto, le reclamaba una simple afirmación: “pero respóndame si Venezuela es o no es una dictadura”. Y ahora, sin que la ciudadanía y particularmente los frenteamplistas sepan de dónde viene la pregunta y porqué es obligatorio responderla, se ven embretados en un dilema artificial que no parece propio de dirigentes experimentados. 

“Gracias por el servicio”, atte.: Almagro

Almagro, conocido personaje al frente de la OEA lo dijo antes, mejor  y con mayor énfasis y por eso el partido de gobierno lo sometió a disciplina, pero ahora estos dirigentes le dan respaldo efectivo. ”Gracias, eso es lo que yo siempre sostuve”, puede haber dicho Almagro con regocijo. Difícil que de aquí en más su sanción se pueda mantener, pero además es bueno advertirle a quien corresponda, que no es muy habilidoso aspirar a ganar algo indefinido por el centro y la derecha, perdiendo lo que se tiene seguro por la izquierda.

¿Cuál es la contradicción fundamental?

Y así como se entendió que la actitud agresiva de Almagro no era conducente pues claramente sonaba a música imperial, hay que admitir que el informe de Bachelet, pese a la cadencia de vals vienés con que está redactado, mantiene el mismo compás y no resulta referencia válida para condenar al gobierno de Venezuela ya que no  contempla los intereses de los pueblos de la región y en cambio oculta el proceder invasivo, con fines colonialistas que sostiene el imperio. Porque la contradicción fundamental es: imperialismo o colonia y no los bigotes de Maduro

Y eso sucede al mismo tiempo que una delegación oficial del FA participa en  Caracas de una resolución del “Foro de San Pablo” que manifiesta apoyo al gobierno venezolano y denuncia  las maniobras nacionales e internacionales que la someten a insólitas situaciones de agresión, con la clara intención de doblegar al pueblo y a su gobierno. Como se ve una acumulación de contradicciones.

Pescando con la cuchara

En ese clima de desconcierto y disgusto que ocasionaron estas manifestaciones, el diputado Sánchez (Pacha) halló que la oportunidad era buena para recordar-sin que el tema estuviera planteado- que el FA no es socialista y que además no se propone el socialismo. Una forma de dar a entender, sin decirlo, que los socialistas, están como agregados y son beneficiarios de una concesión. Así en crudo y adjudicándose el papel de inspector que recorta boletos, encuentra válido, para justificar sus posiciones, tachar las de otros.  Tampoco esto puede considerarse una salida “casual”, tiene sus explicaciones, pero se muestra, claramente oportunista.

Todo esto, aderezado y amasado por los avatares de la política en tiempos electorales, hace que en la masa frenteamplista, esa que además de los adherentes abarca e integra a los ordenados, disciplinados y encuadrados, crezca un sentimiento de reivindicación de procederes y actitudes que brinden garantías y se correspondan con los postulados morales y éticos que se proclaman. Y eso es vital para la fuerza política, pues esa masa, que por supuesto no es difusa, está haciendo el dificilísimo esfuerzo de rechazar los embates de la oposición, captar nuevas voluntades sin perder las que están contenidas, y además luchar y restañar heridas internas como las señaladas en este artículo. Resulta inexplicablemente costoso el esfuerzo y el desgaste que se produce por estas causas ya que cuando se ubica con claridad dónde está y qué hace la oposición y se comprueba que no es solo ella la que pone “palos en las ruedas”, se comienza a mirar con desconfianza hacia los costados y preguntar de qué manera se traduce en realidades la consigna de “codo con codo”. Cuando es así y los principios se convierten en material de desecho y hay que tomar decisiones, los votantes comienzan a preguntar: ¿con quienes marchamos y de  qué lado nos ponemos? Seguramente la respuesta implique lo que aconseja el título.