“Blancos baratos” y además … golpistas!!!

 

Escribe: Garabed Arakelian

Algunos blancos, no todos por supuesto, cayeron bajo la calificación que les aplicó alguien que conocía el paño: Wilson Ferreira Aldunate, quien, en febrero de 1972, refiriéndose al acuerdo que buscaba Bordaberry, para lograr el apoyo del Partido Nacional brindándoles cargos y otras facilidades a diversos integrantes del  conglomerado “blanco”, calificó de ese modo a aquellos que se dejaran tentar por el ofrecimiento. Eso se conoció como el “pacto chico” y se escribía con minúscula de tan chico y minúsculo que era, aunque se espetara con mayúscula en el rostro de los implicados por la adjetivación.

La denuncia de fraude electoral – que la historia corroboró- en perjuicio del Partido Nacional y de  Ferreira Aldunate, el líder más votado de dicho partido, estaba en el aire y el Partido Colorado, aupando a Bordaberry junto con otras fuerzas de la más pura reacción, estaban ansiosos por asegurar, a cualquier precio, la gobernabilidad para los recién electos.

En ese marco, Ferreira Aldunate, en declaraciones públicas, procedió al bautismo de este modo:   

“Que el gobierno gobierne; nosotros estaremos en la oposición, sin dejar de votar lo que favorezca al país. No aceptaremos que se intente ganar adhesiones mediante concesiones administrativas que pretendan comprar a algún blanco barato, que puede haberlo, mediante embajadas u otros cargos. Si se intenta dividir al partido por esa vía, estaremos en la oposición más enérgica, cualquiera sea la compañía: se llame Frente Amplio, Tupamaros o lo que sea”.

Pronto se supo que no había apresuramiento ni antelación en las palabras de Ferreira Aldunate, pues la fracción minoritaria del Partido Nacional ya había acordado con Bordaberry eso que se conoció como el “pacto chico”. Connotadas personalidades como Aguerrondo, los Heber, los Beltrán y los Ubillos, fueron de los primeros en manifestar su aceptación del ofrecimiento de Bordaberry quien, dadivoso, puso en  la bandeja ministerios y otros cargos. Era verdad lo que había adelantado Ferreira Aldunate: los blancos baratos existían.

La desazón que ganó el espíritu de muchos blancos que se sentían robados y estafados en los comicios y no encontraban, además, relación entre sus principios e ideales, con lo que era y hacían Bordaberry y su desempeño de secta político religiosa, fue de una frustración total, al punto que no hubo ni siquiera conatos de rebeldía dentro de ese partido para rechazar el fraude y la compra de voluntades en el marco del “pacto chico”. Había blancos baratos, sin duda.

¿A qué viene recordar este antecedente? Simplemente para señalar la persistencia de ese dato distintivo, el de la “baratura”, si se nos permite el neologismo. Y, como en aquel entonces, no aplicable por igual a todos los blancos que, aún en la diferencia, y quizás por ella misma, merecen respeto. Lo que sucede es que si no se levanta, la mano o la voz o se muestra cualquier otro signo diferenciador, todos quedan incluidos en “las generales de la Ley”: Blancos baratos.

El índice más cercano y rotundo de esa “baratura”, es el ingreso través de sus filas del señor Sartori en la competencia presidencial. Que lo hizo sin militancia, ni antecedentes –ni siquiera de afiliación previa, y sin pedir permiso. Lo hizo, con el solo argumento de su billetera. Demostró que son comprables, y confirmó lo que ya en 1972 adelantó Ferreira Aldunate. ¿Se puede confiar la conducción de un país a un grupo político, blando como la manteca, ante el borde raspante de una billetera?

Toda la rebeldía, en el error o en el acierto, hecha historia y refrendada con sangre, pero con convicción, que llevó a los blancos  a “subir a las cuchillas” y desde allí defender “lanza en mano” el voto ciudadano libre de trampas, o la hidalguía de hombres de bien y de intelecto respetable,  ya sea en función de gobierno o como opositores, defendiendo la soberanía del país, ha desaparecido y esa organización política se ha convertido en un triste guiñapo.

El esfuerzo encomiable que –se le debe reconocer- realiza infructuosamente el doctor Lacalle Pou por dar la talla en sus aspiraciones presidenciales, solo tiene el mérito de la persistencia. No está solo en el empeño, pues junto a él, pero compitiendo con él, está la testarudez para reincidir en el error y fogonear la constante devaluación de su perfil político, por parte del doctor Larrañaga, un político que ya ha aceptado su condición de “segundón” y actúa en función de ello dentro de la disputa interna.

Luego está lo que puede llamarse la federación de intendentes blancos y otras figuras, sin consistencia ideológica ni sustancia histórica, herida, en la mayoría de los casos, por incapacidades e ineptitudes de carácter ético, convertidos en visitantes frecuentes del Poder Judicial y que no son una referencia válida, más allá de la artimética elemental, aplicada a la distribución  de cargos, en la reducida geopolítica vecinal que es su caldo de cultivo.

Y en ese panorama de vodevil no pueden ignorarse los devaneos políticos de la doctora Alonso que si bien tienen su perfil risible, demuestra en su desempeño la evidencia clara de un partido desestructurado que posibilita, por un lado, estas presencias y actuaciones de fandango con respaldo pentecostal, pero que, al mismo tiempo, en elocuente muestra de la enorme oquedad que constituye el Partido Nacional,  posibilita la aparición, desde la nada, de alguien que se sube al tren ya en marcha y asume sin más la posición de comando.

En ese marco, Sartori y su candidatura parecen algo mágico pero no lo son. Por el contrario, es algo premeditado, planeado y ejecutado con precisión. Hay una etapa previa de estudio del escenario, de los actores, de la elección de lo más débil y apto para instalarse sin levantar resistencia, para idear la triquiñuela, ensayar el acto de magia  comprobando sus mecanismos y anunciarlo: Sartori candidato. Ni siquiera es made in Uruguay: viene hecho de afuera.

Azorados, los militantes blancos, no saben cómo elegir y porqué elegir entre Larrañaga, Lacalle Pou y Sartori. La sola señal que los une y caracteriza en la actualidad es en la coincidencia de toda la dirigencia del Partido Nacional, en respaldar la dictadura cívico militar a la que dieron contribución y apoyo; no respaldan los reclamos de los familiares que piden por sus desaparecidos y continúan brindando cobertura a los criminales. Los blancos no participan de la Marcha del Silencio y sus senadores no votaron las venias de destitución solicitadas por el Poder Ejecutivo posibilitando así que los militares cuestionados continúen en actividad.

Y así como ya han aceptado, tácitamente, que el candidato de su partido deberá ser Sartori, porque así viene impuesto desde afuera, cumplen con dar las garantías necesarias a quienes desde otros centros de poder, diseñan el destino de los pueblos. El nuestro entre otros. No son confiables, porque lo barato sale caro.

Quienes reían ante la candidatura de Bolsonaro en Brasil, con buen tino ya han dejado de hacerlo y ahora se rascan la cabeza. Si como suele decirse,”  para muestra basta un botón” (una palabra que cae justa en esta ocasión),  ya tenemos sobrados botones y sabemos cómo proceden.

El Partido Nacional, está haciendo una importante contribución para degradar el nivel y la calidad de la política nacional. Fomenta para el tejido social y político del Uruguay lo que ha logrado dentro de su estructura partidaria a fin de transformarla en eso que hemos descripto. Acertó Wilson Ferreira: hay blancos baratos, solo que él pensaba que eran unos pocos, hoy se llevaría una desagradable sorpresa si viera en lo que se ha convertido su partido. Una colectividad política que agrega a su “baratura”, su predisposición militarista, no civilista, y saca luz su vocación golpista, su incondicionalidad a toda costa y costo con la sola aspiración de morder el borde del poder.

La ciudadanía recordará, quizás sí, quizás no, que los baratos salen caros. Y la historia reciente de cuando fueron gobierno, de cuando fueron colaboracionistas con la dictadura y de cuando son lamentable y menesterosa oposición y actuará en consonancia..