
Escribe: Garabed Arakelian
La Marcha del Silencio, la vigésima cuarta en la cadena ininterrumpida de esta demostración de reclamo y protesta- se llevó a cabo el lunes 20 de mayo y fue la más grande de las realizadas hasta ahora en Montevideo. Y lo fue bajo una lluvia pertinaz e impertinente que había comenzado desde temprano e incluso arreció durante el transcurso de la Marcha. Pese a todo eso la participación fue masiva y sin parangón. Además, se repitió en casi todas las ciudades capitales del resto del país, algo que, hasta ahora, no se había hecho y tuvo la participación, en el plano internacional, de la diáspora uruguaya que también organizó sus expresiones de protesta. No hay, por ahora, en Uruguay, una organización que sea capaz de convocar tamaña multitud.
Como es fácil suponer, el contingente aumenta porque más gente se suma a la protesta, pese a las bajas inevitables que el paso del tiempo va imponiendo. Quizás los indiferentes van dejando de serlo pero lo evidente es que se ha sumado una generación que no había nacido cuando sucedieron los hechos que se repudian. Es la respuesta más contundente a quienes aconsejan que, “hay que dar vuelta la página y mirar hacia adelante”.
El reclamo de Verdad y Justicia para y saber el destino final de los seres queridos, más la presencia viva de quienes fueron víctimas de la barbarie represora que narran y testimonian el horror de lo padecido, es prueba de que esa verdad ha sido, durante las décadas transcurridas, manipulada y tergiversada y que no tiene valor alguno para la justicia uruguaya. ¿Para quién debe ser la duda: para los que denuncian lo que vivieron o para la Justicia que no quiere ver?
Hoy día nadie, con un mínimo de decencia puede achacar a los manifestantes de la Marcha del Silencio que lo hacen porque están cargados de odio, ni decir que se siente lástima por ellos porque deberían darle otro sentido a su movilización. Y luego, pese a esta negación, participar de la Marcha. A eso se le llama hipocresía y provocación.
Como tampoco se puede negar el voto al pedido del Poder Ejecutivo para el pase a retiro de cuatro generales que sostuvieron que los hechos aberrantes cometidos por sus camaradas no afectaban el honor militar, y al día siguiente sumarse a la Marcha. ¿Qué es eso? ¿Solo hipocresía o también provocación?
Del mismo modo no se puede bendecir en la misa a los militares que encubren las desapariciones y su ocultamiento y luego participar de la Marcha. ¿No es hipocresía?
De modo tal que la paciencia del pueblo se está agotando, ha esperado mucho y soportado, con el dolor a cuestas, mucha mentira, engaño y ninguneo. Aquí hay un hecho trascendente que ha ido quedando en el olvido pero que es el que ha permitido todo esta descomunal tergiversación de la democracia, la libertad y la vida en una república laica y al mismo tiempo gestado inequidades, como las mencionadas auspiciando y protegiendo beneficios y privilegios de casta y de sector social comparable a la edad media.
Para terminar con esto es imprescindible que el Poder Ejecutivo, en la persona del Presidente de la República, asuma su responsabilidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y pida perdón por el golpe de estado interrumpiendo el desarrollo normal de la República y las practicas de Terrorismo de Estado, por haber tomado por asalto la vida de los habitantes de la República, haberlos sometido a la tortura, el robo y el vejamen.
Sr. Presidente, tiene la palabra y nosotros queremos escucharle.