El reconocimiento al presidente autoproclamado en Venezuela permite deducir que el Partido Nacional es golpista allá, ¿y acá? Blancos y colorados deben explicaciones a la ciudadanía

La Columna de los Insumisos

Escribe: Garabed Arakelian

El Partido Colorado está sumido en la polvareda de su desplome. Un proceso de implosión  que ha liquidado su estructura organizativa. Chapaleando en el lodazal  ideológico, su única figura representativa y de alguna vigencia, el doctor Julio Ma. Sanguinetti, con un discurso que no cala en el sentimiento ciudadano, se dedica a recorrer los caminos tortuosos del internacionalismo de derecha, reaccionario y golpista, para brindar apoyo y colaboracionismo vergonzante. Y en esa tarea coincide con otro político, también decadente, pero del Partido Nacional: el doctor Luis Alberto Lacalle, ex presidente como él, y juntos practican el arte esotérico de la anticipación anunciando  al señor Guaidó presidente encargado de Venezuela, una semana antes de que el mismo autoproclamado lo haga público. Algunos le llaman “capacidades premonitorias”, otros reconocen la capacidad pero le ponen otro nombre.

De modo que, descaecido y abotagado, el Partido Colorado yace en un rincón y entonces  los blancos se abrogan la misión histórica de “liberar  la patria” del yugo frenteamplista.  En realidad, tamaño despropósito intenta ocultar el avance vigoroso de un proceso de desintegración de su propia organización política, aunque con un desarrollo diferente al del Partido Colorado.

El Partido Nacional se está desintegrando de manera tumultuosa y sus partes, convertidas en esquirlas saltan afectando al resto de la sociedad. Es que, quienes dirigen ese conglomerado, reconociendo tácitamente su incapacidad, han acordado darle rango de “enemigo nacional” al Frente Amplio y concitar hacia él, el odio ciudadano sin miramiento alguno en la utilización de mentiras y falsedades. Crear un enemigo, si es interno mejor, es una vieja táctica de la propaganda política y el régimen nazi lo empleó muy bien. Aglutinarse para combatir un enemigo común  que inventan a su medida y necesidad, es un manotón de ahogados para quienes están carentes de iniciativas políticas.

Lacalle Pou  es evidente que no estudia y si tiene asesores que le soplan algo al oído, no lo entiende porque tampoco lo estudia.  Es una persona sin experiencia de trabajo, de estudio y sacrificio, que no tienen capacidad para entender ciertas cosas ya que su formación solo lo habilita para ser vocero natural de la clase a la que pertenece.

 Por su parte la senadora Alonso se debate trabajosamente en una maraña político-religiosa, peligrosa para la sociedad, y que promociona la presencia  de corrientes confesionales que sustentan intereses inconfesables. Da por sentado que un ser superior está con ella y con quienes la siguen y echa en la hoguera a quienes se le oponen. No los nombra, no se sabe quiénes son, pero es bueno inventar enemigos Realmente, un pensamiento político muy primitivo más bien  asociado a lo pagano. 

Antía, el Intendente que cobra un sueldo superior al del Presidente, ha armado  su grupo con gente experta en el rastrillaje de votos. Todos intendentes departamentales,  todos con cuentas para rendir en la administración y ante la Justicia, y agrupados  con un afán común y convocante sin mayores  exigencias cerebrales: “Hay que sacar al Frente Amplio”.

La incorporación de Luis Sartori al elenco de pretendientes presidenciales es un ejemplo contundente del proceso de licuefacción que sufre el Partido Nacional. No se apersonó a los dirigentes ni a los referentes partidarios, sino que echó los dólares sobre la mesa y se proclamó candidato. Ahora hace campaña  “para sacar al país del pozo en que está”. Tiene, por ahora, más guardaespaldas que gente alrededor.

El más reciente es Carlos Lafigliola con la lista 252 y  con el auspicioso nombre “Adelante” proyectándose desde Paysandú y por último el doctor Larrañaga, de larga trayectoria política que sabe de proponer iniciativas, aunque sean demagógicas, y que por ello es la muestra más acabada  del abandono blanco. Larrañaga ha constatado que por la izquierda no tiene salida en su partido y se suma a las expresiones de derecha conservadora. Los blancos han perdido las referencias doctrinarias respecto a la democracia, ellos, tan principistas, junto con el concepto de institucionalidad a la que recurren cuando les hace falta. Su decisión orgánica, oficial, de reconocer como presidente de Venezuela a Guaidó y reclamarle al Ejecutivo uruguayo que haga lo mismo recurriendo a una adjetivación tan fuera de tono y de oportunidad para fundar la validez de su reclamo, es altamente preocupante. Porque con este antecedente, de manera lisa y llana puede decirse que el Partido Nacional es golpista. Ya que, si lo admite en  Venezuela, ¿qué le puede impedir admitirlo también en Uruguay?

El  Partido Nacional (los blancos) ha entrado en la deriva del “todo vale” y el  “sálvese quien pueda”, pero con un claro declive hacia la banquina. La caída  a la barranca.

 Resumiendo: el partido colorado no existe; el Partido Nacional en etapa de liquidación, también ha entrado en una fase menguante.  Sartori explica la posibilidad  de mantener el nombre de una fuerza histórica pero vaciándola de todos sus atributos y Novick es una creación costosa también, inspirada desde el exterior, es un comodín apto para llenar vacíos que se produzcan. Es decir que desde afuera moldean y configuran el tablero político del Uruguay.

Un escenario próximo, rodeado por dos países más grandes que necesitan ejercitarse en la tarea de ser capataces del imperio no es difícil imaginar escenarios.

Ha sido muy explícito el Partido Nacional en desconocer la legitimidad de Maduro y apegarse a la ilegitimidad del autoproclamado Guaidó que se supone tendrán que explicar por lo menos a sus seguidores. Pero con explicación o sin ella, si no se desdicen  se puede afirmar que el Partido Nacional es golpista que reconoce resultados del golpismo y adhiere a ellos. Es cierto lo hace fuera de fronteras, pero, reiterando la pregunta: ¿y acá, en Uruguay? Da para pensar que es golpista o proclive a acepta esa circunstancia y el Partido Colorado aunque no existe tiene voceros que, como lo han hecho en oportunidades anteriores, apoyarán la ilegitimidad constitucional.