Escribe Garabed Arakelian
El miércoles 27 de junio de 1973 el presidente Juan María Bordaberry, con el apoyo de las Fuerzas Armadas decretó la disolución del parlamento. En rechazo al golpe de Estado la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) lanzó una huelga general, con ocupación de los lugares de trabajo, que se mantuvo durante quince días a pesar de la fuerte represión desencadenada.
De inmediato, la censura aplicada a los medios y a las expresiones del pueblo, estableció que no podía hablarse de “dictadura” ni hacer mención de “golpe de estado”.
El viernes 29 de junio el semanario “Marcha” -que aparecía regularmente los viernes- dirigido por Carlos Quijano, lució en su portada, en grandes caracteres una afirmación que decía: ”NO ES GOLPE”.
El sábado 30 de junio los dirigentes sindicales fueron proscriptos y la CNT declarada ilegal.
La huelga general decretada por la organización de los trabajadores tuvo un gran acatamiento y resistió durante 15 días manteniendo una resistencia por el restablecimiento de la libertad y de las garantías constitucionales. La Universidad de la República y los estudiantes nucleados en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) se plegaron al reclamo de inmediato.
El PIT-CNT rememoró la Huelga General de 15 días contra el golpe de Estado de 1973 al cumplirse los 40 años del mismo en una transmisión en cadena en la que afirmó: “La dictadura, que nació huérfana de todo apoyo popular, reprimió durante las demostraciones y manifestaciones callejeras, militarizó a los trabajadores estatales, puso fuera de la ley a la central y a sus dirigentes, tratados como criminales y delincuentes. El Cilindro Municipal, por entonces el estadio cerrado más grande del país, se transforma en una cárcel para albergar a los cientos de sindicalistas, estudiantes, periodistas e intelectuales que habían caído presos en el golpe de Estado”, rememora el comunicado del PIT-CNT.
Finalmente, la transmisión simultánea rememoraba las palabras del poeta español Antonio Machado: “En los trances duros, los señoritos invocan a la Patria y la venden; el Pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”.

Ocupación de la fábrica Paylana durante la huelga general

Represión de la manifestación del 9 de julio 1973