Las perillas de Luis

 

Escribe: Carlos Peláez

 

La figura del presidente de la república  frente a un gran panel abriendo o cerrando perillas para que los ciudadanos pasaron o no por los ductos que ellas permitían o no, prendió en la sociedad.

Un día era la perilla sanitaria, otro la económica, otro la del transporte, otro la de educación, otro la cultura, otro los espectáculos públicos, otro el fútbol y el basket. Así fue sumando perillas.

“Este presidente se hace cargo”, repetía casi diariamente.

Parecía todo controlado por el gran “perillero”. Esa imagen se vendía al exterior y regresaba con comparaciones que nos situaban “modélicos” en los primeros lugares en el combate a la pandemia.

A los uruguayos nos gusta que el mundo se entere que existimos y encima nos diga que somos lindos e inteligentes, aunque no tenga idea como realmente somos. Ya nos pasó con otros presidentes

Mientras teníamos 10, 50, 100 casos diarios, se organizaba  una conferencia de prensa diaria en Torre Ejecutiva, en la que el presidente y sus ministros aparecían a la hora de mayor audiencia televisiva para que algunos periodistas elegidos – si, eran elegidos – preguntaran lo mismo y recibieran el consabido “gracias por la pregunta”.

Acá es cuando debo confesar cuatro cosas: 1) si un entrevistado me dice gracias por la pregunta, me levanto y me voy porque no estoy haciendo bien mi trabajo 2) en la mayoría de las conferencias no entendí nada porque no agregaban nada 3) eran el peor ejemplo sobre lo que decían no debíamos hacer y 4) me aburrían.

Pero a los votantes de Lacalle –y a muchos que no lo votaron-  les encantó ese estilo. El de un gobernante joven, que todos los días daba la cara respondiendo amablemente a los periodistas e impartía órdenes a diestra y siniestra.  

Luego los medios reproducían horas  de esos discursos  que lograron instalar un nuevo lenguaje: encuarentenar, hilo epidemiológico, distanciamiento social, test PCR, aglomeraciones, tapabocas, Gach. Y así los ciudadanos empezamos a debatir como expertos acerca de asuntos desconocidos.

Mientras tanto, en otra parte del país, crecían la pobreza, las ollas populares, el desempleo. Y peor, la división.

De debajo de las piedras aparecieron ex militares – y civiles que soñaron serlo – que habían acumulado odio durante 15 años, empleando el mismo lenguaje de la guerra fría. Y por si fuera poco, irrumpieron los negacionistas de la epidemia y los antivacunas.

Muchos dirigentes de la coalición de gobierno, sobre todo de Cabildo Abierto, también optaron por profundizar la división. Mientras dirigentes de la oposición frenteamplista aparecían des norteados y divididos.

Cuando enfrentar la epidemia pudo ser una gran causa nacional, sólo se profundizó la división política y social. Ganó el discurso del odio. 

Hoy, cuando tenemos más infectados por día que los que tuvimos en los primeros seis meses, el gobierno empieza a revelar todas sus debilidades, que son muchas y cada vez más notorias.

Seriamente debemos preguntarnos qué papel tiene el GACH. Porque el anuncio de medidas realizado el martes 16, fue en sentido opuesto a las recomendaciones del organismo asesor. Recuerden: “las escuelas son lo último que se cierra y lo primero que se abre”.

Pero no, las medidas sólo apuntaron disminuir la presencialidad en la educación. Cuando más se necesitaba una acción decidida del gobierno, éste decide pasarle la responsabilidad a los padres. Y de paso favorecer a los colegios privados.

Llegaron las vacunas, se le reclama – con justeza – a la gente que se agende y cuando lo intentan se cae el sistema porque “no habían tenido en cuenta sus debilidades”. Ni el kioskero de la esquina lo hubiera hecho peor.    

Una policía emponderada por un ministro que grita a voz en cuello “a la policía se la respeta”, muestra su desapego de los DD.HH.

Las medidas económicas para los sectores más desprotegidos no se ven y las adoptadas para las PYMES son de escaso impacto.

Finalmente, un año después y en el peor momento, el presidente que se hacía cargo nos dice “ahora manejen ustedes sus propias perillas”.

 

Las otras perillas

Durante todo un año oímos al gobierno señalar las violaciones a la ética por parte del gobierno del Frente Amplio.

Pero en poco tiempo empezamos a ver lo parejo del juego y la mayoría de los jugadores eran de Cabildo Abierto. Los mismos que señalaban al gobierno anterior.

En marzo una señora cabildante propuesta para el Mides, no llegó a asumir ya que fue denunciada por un payaso, contratado para el cumple de su hijo, al que quiso pagarle con dinero del ministerio de Industria.

Luego nos enteramos que el militar retirado nombrado para encabezar la DINAMIGE no podría estar allí porque es un empresario vinculado a la minería.

Poco después el semanario Búsqueda demostró que el nuevo presidente de la Corporación  Nacional para el desarrollo, un abogado blanco, había instalado allí su propio negocio y contrató a su pareja para dirigirlo.

Búsqueda también reveló lo que había escrito en Facebook un marino retirado designado por Manini para ocupar la vicepresidencia del puerto. Desde tratar de ladrón a Luis Alberto Heber hasta “mamíferos de poca higiene” a algunas dirigentes feministas. Un encanto de persona que nunca llegó a asumir.

También fue el mismo semanario el que reveló las incompatibilidades del cabildante director del BROU, Pablo Sitjar, quién no sólo mantiene abultadas deudas con la DGI, sino que además pleitea contra el Estado por el casino Nogaró y contrata con el mismo Estado, Intendencia de Maldonado, a través de la corredora de Bolsa RENMAX que le pertenece en un 50%.

Hace tres semanas se difundió una resolución del Ministerio de Economía otorgándole los beneficios fiscales que permite la Ley de Inversiones, al director de la OPP, Isaac Alfie (PC). Para defenderlo se sostuvo que era legal y tenía derecho. Nada se dijo que la presunta inversión eran unos escritorios y sillas para mejorar su estudio privado.

Podrá ser legal, ni se discute, pero es una violación indignante  a la ética del funcionario público. Alfie, que ha ocupado muchos cargos públicos vinculados a la economía desde 1985, usa el conocimiento que ello le otorgó para beneficio personal.

Y otra vez Búsqueda reveló el contenido de una conversación privada entre un director de ASSE, cabildante, y un ex dirigente del sector. Todos conocen lo que allí se dijo y que provocó un terremoto en el organismo rector de la Salud.

La defensa de Manini fue señalar que “lo más grave de este incidente fue la difusión pública de una conversación privada”. Para el senador no fueron graves ni los acomodos reconocidos, ni los cuestionamientos al presidente de ASSE, ni las críticas al gobierno que integra por su política económica.

Tampoco olvidamos la actividad cuasi delictiva en su vida profesional del diputado cabildante Eduardo Lust. Ni los vínculos con la ultraderecha golpista del senador Guillermo Domenech, integrando una lista del Partido Nacional encabezada por el sicólogo torturador Martín Gutiérrez de la que era parte el ex director del semanario  fascista Azul y Blanco.   

En dictadura y como sumariante, Domenech fue un perseguidor de docentes demócratas. Otra bella persona, que increíblemente ocupó un cargo de relevancia durante los gobiernos del FA.

Lacalle necesita a Manini, como las plantas al sol, porque sin él perdería la mayoría parlamentaria. Eso le otorga al general retirado un poder que trasciende al de las urnas. Si se queda en la coalición intentará estirar la piola al máximo, y hasta ponerse en víctima. Si se va, nada pierde porque su proyecto trasciende al presente.

Pero, como en  la vida, cada uno elige de quién acompañarse.

El presidente que “se hacía cargo”, también deberá hacerlo de decisiones y socios que están llenando de militares al Estado.*