La sinuosa marcha hacia el socialismo

 Escribe Julio Louis

  1. Abordaje de las contradicciones

              La clase trabajadora, su intelectualidad y el bloque político-social alternativo necesitan aventar idealizaciones. No hay procesos de Revolución Nacional Antiimperialista ni Socialista culminados ni son admisibles las exigencias inmediatas en tal sentido, alejadas de las posibilidades emanadas de la lucha de clases (a escala mundial, regional y nacional), de la lucha antiimperialista y de la madurez alcanzada por la clase trabajadora y sus aliados cercanos.

       2. Ofensiva neoliberal y progresismo

El capitalismo se reestructura aplicando la orientación neoliberal, lo que debilita a la clase trabajadora y al haz de clases populares. Esa orientación se extiende también en Nuestra América, lo que determina que los gobiernos que son más avanzados o “progresistas” como reacción de los pueblos, sean fruto de amplias alianzas, influidos o dirigidos por sectores burgueses, que no contravienen conceptos ideológicos del gran capital pero hacen concesiones  democráticas, sociales, de derechos humanos, beneficiosas para las clases populares. Lo complejo es estimular la lucha de clases en sus tres formas (económica, política e ideológica), avanzar lo posible por la senda de reformas, enfrentar la contrarrevolución y profundizar hacia las transformaciones revolucionarias orientadas al socialismo, al tiempo de ir integrando a Nuestra América en un bloque de naciones, e ir generando un nuevo internacionalismo en el mundo. 

  1. La reconstrucción en retirada

En términos ideológicos, políticos y sindicales los trabajadores y las clases populares -y las izquierdas, sus expresiones- se han batido en retirada y  recompuesto en medio de contradicciones agudas. La superación de los fracasos del pasado y del presente exige enfrentar visiones dogmáticas y  liberales. De las duras condiciones vividas en el Sur dependiente y en Nuestra América en particular, se ha logrado en algunos casos el acceso a los gobiernos de movimientos policlasistas, heterogéneos ideológicamente, con agudas contradicciones.                                                           

 

  1. El poder

El poder tiene diferentes componentes: el gobierno, el régimen, el Estado, y los organismos supranacionales. Sin distinguirlos se cae en la superficialidad. Luchar por el gobierno es un imperativo político y ético, pero un gobierno popular no puede convivir con las instituciones asentadas para afirmar al bloque del gran capital dominante. Se impone modificar el contenido de clase del Estado.

  1. El valor de la geopolítica

Es esencial considerar la geopolítica en la lucha por el poder, en este capitalismo mundializado y de primacía del Poder Trasnacional. La geopolítica estudia la influencia de la geografía en la vida y evolución de los Estados, con el fin de orientar su política. Por ejemplo, en el caso de Uruguay, la base geopolítica de la soberanía pasa por comprender su debilidad, inserto entre vecinos fuertes y en una región de dura pugna entre grandes potencias. Uruguay no puede desprenderse de Argentina y Brasil e iniciar un proceso muy diferenciado, a no ser para convertirse en base político-militar del imperialismo, como corre el riesgo con el gobierno de Lacalle Pou.                                                          

  1. La hegemonía 

Para asegurar el Poder es preciso conseguir la hegemonía (la capacidad de convencer),  el dominio ideológico, la identificación del haz de clases, capas y sectores populares con el proyecto emancipador socialista. La hegemonía se obtiene partiendo de la  comprensión que en todo movimiento hay sectores avanzados, medios y atrasados; la tarea de los avanzados (generalmente guiados por una vanguardia política) es arrastrar a los medios y neutralizar a los atrasados para marchar con el conjunto de los interesados. La clase trabajadora debe prepararse, resistir, afirmar un polo contendiente en la batalla de ideas, una contra-hegemonía. Para eso necesita su intelectualidad, expresada por sus componentes individuales y por la herramienta política, el partido. 

  1. Los intelectuales al servicio de los trabajadores

La separación entre trabajador intelectual y manual es cada vez más difusa, porque aún en las tareas menos calificadas la función intelectual se desarrolla. Pero no todos los trabajadores tienen la función de intelectuales. Éstos son los trabajadores que venden su fuerza de trabajo por un salario, pero que ejercen una función trascendente en la formación y reproducción ideológica. Son los que se inmiscuyen activamente en la vida de su clase o bloque de clases, construyendo y organizando.

  1. La herramienta partidaria 

También es necesaria la herramienta política, que obre como intelectual colectivo. Es el Partido de los Trabajadores y del pueblo, integrado por trabajadores manuales, intelectuales, y de personas de otras clases, capas y sectores populares.  En Uruguay mientras los sectores liberales y socialdemócratas del Frente Amplio  están unidos, los socialistas y revolucionarios, carecen todavía de una firme y similar unidad,  reproduciendo el cuadro mundial,  de confusión ideológica y diversidad política. Será  con fuerzas partidarias socialistas, más los militantes sin partido -algunas participantes del Frente Amplio y otras que no están en él- que deberá construirse un Bloque Socialista, que oficie de intelectual colectivo, de vanguardia, hasta devenir en un auténtico Partido de los Trabajadores. Eso sí, dejando de lado a minúsculas expresiones “ultra izquierdistas” que estiman enemigos tanto al bloque multicolor como al Frente Amplio.

  1. Nociones básicas para la construcción socialista 

En las condiciones actuales del mundo, de la región y del país, no es posible lograr “un país de primera”, ni siquiera en Estados supra-nacionales que deben destinar ingentes sumas a los presupuestos militares contra el intervencionismo imperialista, o  a enfrentar los efectos del calentamiento global,  acelerado por la apetencia de ganancia de los capitalistas. Con la distinción de Lenin entre revolución “en sentido amplio” y en “sentido estricto”, se puede avanzar  orientándose  ideológica y políticamente a superar al capitalismo mediante una prolongada transición socialista.

La diferencia de contenido entre revolución socialista en sentido amplio y revolución socialista en sentido estricto, encierra, entre otros aspectos fundamentales, una diferencia de espacio y tiempo. En el primer caso, el espacio es mundial y el tiempo comprende toda una época histórica; en el segundo caso, el espacio es nacional, o más exactamente estatal, y el tiempo se reduce a un período históricamente breve. Cuando Marx y Lenin hablan de posibilidad de victoria de la revolución socialista en tal o cual país, aisladamente considerado, utilizan el concepto en el sentido estrecho. No se plantearon el problema de que esa victoria quedara aislada en el espacio nacional, por un tiempo prolongado.” (Fernando Claudín. “La crisis del movimiento comunista. De  la Komintern a la Kominform”. (1970).