Errante en la sombra

 

por Carlos Peláez

aunque el olvido
que todo destruye
haya matado mi vieja ilusión

Historiar el proceso que llevó a aquél 5  de febrero de 1971 sería tan ocioso hoy como hablar de un equipo uruguayo ganando la Libertadores. Por las sencillas razones de que el Uruguay y el mundo son muy diferentes, nosotros no somos los mismos y la realidad siempre supera a los sueños.

En  circunstancias más que especiales el Frente Amplio cumplió 50 años de su fundación. Y con “especiales” no me refiero a la pandemia sino a la inoperancia política de la principal fuerza de oposición. 

Para cualquier observador atento está muy claro que el principal objetivo de los partidos políticos que integran la coalición de gobierno es destruir a la coalición de izquierdas.

El herrerismo  la corriente dominante en el Partido Nacional y que se ubica en las  antípodas filosóficas de la izquierda, tiene muchas cuentas para cobrarle. Aunque lo más importante es que representa a sectores sociales distintos.

El Partido Colorado que hoy no se sabe muy bien que es, está dominado por el minoritario “sanguinettismo”. Su estrategia parece pretender  la recuperación de  la impronta batllista que fue apropiada por el frentismo. Tarea difícil teniendo como socios a los representantes de la derecha.

Por su parte Cabildo Abierto, el Partido militar aunque lo niegue, tiene como  interés principal evitar que militares terroristas de Estado sean procesados y enviados a la cárcel. Y por supuesto llegar al gobierno

En unos días el gobierno encabezado por Lacalle Pou cumplirá su primer año. En honor a la verdad, el único éxito que puede mostrar es no haber decretado una cuarentena obligatoria para enfrentar la pandemia.

De su gestión de la misma dice mucho que probablemente seamos el último país que comience a vacunar.

El blindaje de su imagen se sustenta en tres aspectos: la actitud de la mayoría de los medios de comunicación; el manejo de las redes sociales y el pobre desempeño de la oposición.

Si bien es cierto que el covid llegó 12 días después de haber asumido algo que escapa a su responsabilidad, también es cierto que prácticamente ha incumplido con todas sus promesas de campaña. Tanto que hasta uno de sus mayores impulsores como “Un solo Uruguay” se lo acaba de señalar.

En este marco es cuando debemos preguntarnos ¿qué le pasa al Frente Amplio?

Primero: tal como le pasó al Partido Colorado el ejercicio del gobierno se tragó a la organización política. Y más, la acción política pasó de la gente a los funcionarios. Incluso los parlamentarios se encerraron en el Palacio Legislativo.

Luego, tampoco eligió bien a sus cuadros de gobierno. Aún somos muchos los que nos preguntamos cómo algunos de esos fulanos llegaron a ocupar esos cargos. Y la lista es extensa.

La coalición se fragmentó de manera explosiva. En la mesa política hay grupos que tienen más dirigentes que votantes u otros que sólo se los conoce por sus acuerdos electorales. Y como no hay tantas visiones de izquierda, la multiplicidad debilita a la organización.  

En su momento era muy obvio que no tenía mejores candidatos que Tabaré Vázquez y José Mujica. Pero en el 2019 erró de cabo a rabo. Aún a su pesar, Daniel Martínez avergonzó a muchísimos frentistas.

De manera más elegante lo dijo José Díaz, dirigente socialista y ex ministro del Interior del primer gobierno de  Vázquez. En una extensa entrevista publicada por el semanario Voces afirmó : “Creo que Daniel no dio con el tipo, vamos a decir. La Intendencia lo comió mucho y no fue lo preparado que tendría que haber ido, más allá de todas sus virtudes y de su muy buen gobierno departamental”.

Pero el Frente no perdió sólo porque eligió un mal candidato. Cito otra vez a José Díaz: “No gobernamos como dirigentes de izquierda. La derecha va al gobierno y los dirigentes se instalan y al poco tiempo destrozan lo que nosotros cuidadosa y cautelosamente hicimos en quince años. ¿Eso qué te dice? Que las clases dominantes del Uruguay, que se creen los dueños del país, van al gobierno y gobiernan. Nosotros fuimos al gobierno de manera timorata. No es que abandonamos nuestros programas y nuestra manera de pensar y actuar, pero lo hicimos con mucho temor. No nos pusimos como clase gobernante. . No solo porque el poder económico y mediático quedó en manos de la derecha, sino porque no supimos o no pudimos hacer un gobierno firme, implantado. No para hacer disparates, sino para hacer cosas en sintonía con la gente y gobernar con el pueblo, y que el pueblo gobernara con nosotros. Ahí fallamos como izquierda. Teniendo grandes compañeros, grandes gobernantes, grandes ministros”.

Y agregó: “Creo que hicimos unos buenos gobiernos, pero sin llegar a la categoría de gobierno de izquierda como uno hubiera querido. Reconozco las dificultades de aquel tiempo, dada la relación de fuerzas que teníamos, para hacer muchas más cosas. Pero no quedé conforme con lo que hicimos en estos tres gobiernos. Tendríamos que haber avanzado mucho más en temas como el de la vivienda, por ejemplo. Nos quedamos con los centenares de asentamientos sin resolver. La reforma tributaria, que fue buena, dejó gente que gana mucho dinero sin aportar una tasa del impuesto a la renta como correspondía. En política internacional estuvimos flaqueando, a un paso de firmar el TLC con Estados Unidos, que, gracias a la firmeza de muchos de nosotros, y especialmente de Gargano, que era el canciller, se logró evitar. Pero la política exterior nuestra, con políticas antiimperialistas como hubiéramos podido tener, quedó muy en suave. Tabaré no pudo haber hecho lo que hizo con el tema del gobierno argentino (y Botnia) , con Estados Unidos y demás. De lo cual yo me enteré cuando después de haber sido él presidente, en una charla en un colegio del Opus Dei, les comentó a los estudiantes lo que él había les planteado a Condolezza Rice, primero, y después a Estados Unidos. Una barbaridad, que no tenía ni siquiera sentido realista, que es algo que Tabaré siempre manejó tan bien. Podía haber habido un atentado en Río Negro, alguna cosa de ese tipo, pero no una invasión de Argentina. Los argentinos quieren más a Uruguay que a cualquier otro país, y más que nosotros a ellos”.

He aquí, entre tantas, varias razones de la derrota según Díaz.

Una derrota que no terminaron de asimilar. Una situación que no se resuelve con una autocrítica pública, que hoy sólo serviría para generar más daño y que nunca se le exigió a los otros partidos que perdieron elecciones hasta en peores circunstancias.

Pero sus problemas no se circunscriben sólo a la derrota. En principio porque carece de una dirección que sea respetada por todos los frenteamplistas. Hoy los frentistas no saben en nombre de quién hablan todos los que emiten opinión sobre asuntos políticos o de gobierno.     

Es triste asistir a un debate entre Astori y Sendic acusándose de corruptos.

¿Quién querría  vincularse a este cambalache?

Porque ese es otro problema: la renovación. Hoy lo más nuevo que tiene para ofrecer el FA como posibles candidatos son Carolina Cosse y Yamandú Orsi, ambas figuras metropolitanas desconocidas por la mitad del país.

Así probablemente sigan ganando Montevideo y Canelones, pero están lejos de una elección nacional.

No hay espacio para nuevas figuras. Basta ver los debates absurdos para presidir las departamentales.

A veces parece que la batalla no es por cambiar la vida de la gente sino la propia. Y así es como se ven nombres repetidos en diferentes funciones en cada gobierno. Hay funcionarios que nunca quedarán desocupados.

El Frente Amplio necesita pensar para que nació, necesita entender a las nuevas generaciones que tienen otras expectativas diferentes a las de los fundadores, necesita entender al país y al mundo y fundamentalmente necesita recrear una ética política, que junto al afán de justicia, fue lo que le permitió nacer, crecer y llegar al gobierno. 

 

Guardo escondida
Una esperanza humilde
Que es toda la fortuna
De mi corazón

(Volver – Gardel y Lepera)