Concepto y  presente del socialismo

   

Escribe: Julio A. Louis 

   El socialismo se ha entendido de diferentes modos. Emilio Frugoni (principal fundador del Partido Socialista de Uruguay) expone -ante alumnos de un liceo nocturno de Montevideo- que socialista es  quien aspira a “la socialización de la propiedad, es decir, a que la propiedad sea un derecho de la sociedad y no del individuo”. Y tras concordar con  Marx en que con la plusvalía el capitalista se queda con un parte del trabajo no pagado y la acumulación de ese trabajo es lo que constituye el capital,  define al socialismo como un movimiento en defensa y por la elevación del pueblo trabajador que guiado por la ciencia, propone crear una sociedad libre y sin clases sociales, con base en la propiedad colectiva de los medios de producción y de cambio.  

   Retrocediendo en el tiempo, Marx y Engels en “La ideología alemana” (1846) escriben que “el desarrollo de las fuerzas productivas es prácticamente la condición primera absolutamente necesaria (del comunismo) porque sin él se socializará la indigencia y la indigencia haría renovar la lucha por lo necesario...”  Y  en “Crítica del programa de Gotha” (1875) Marx sostiene :  “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.”   

  Ese período de transición es el socialismo, inconcebible sin el desarrollo científico-tecnológico,  donde aún perduran las clases sociales y el Estado es la dictadura del proletariado.  Hasta que recién en el comunismo, podrá abolirse el Estado al desaparecer las clases sociales, y llegarse al ideal de que cada individuo aportará según sus posibilidades y recibirá  según sus necesidades.   

   O sea, que con la revolución proletaria la propiedad privada de los medios de producción y de cambio (estancias, fábricas, bancos, comercios, etc.) será sustituida por la  socialista. Otros componentes de la fase socialista  son el desarrollo elevado de las fuerzas productivas, que el bienestar colectivo y no la ganancia sea el móvil social, la planificación centralizada y democrática, la tendencia a la igualdad económica y social, a la desaparición de las clases y del Estado, el goce de libertades para la inmensa mayoría y la posibilidad del pleno desarrollo de las individualidades.   

Diversas interpretaciones del socialismo

    Lenin no sólo defiende la fase de transición entre el capitalismo y el comunismo, que es el socialismo, sino que fundamenta otra fase previa de transición, entre el capitalismo y el socialismo, la que requiere un largo período: “Sabemos que ahora no podemos implementar el régimen socialista: ¡ojalá se implante en el país en vida de nuestros hijos y nuestros nietos!” (1912) . Deseo que los comunistas chinos esperan que llegue a concretarse en el centésimo aniversario de la Revolución en 2049. 

   Esa otra transición entre el capitalismo y el socialismo es la que estamos viviendo  en tanto diferente es la realidad de los países subdesarrollados o dependientes del capitalismo, que son los que se han encaminado hacia el socialismo, desde la Revolución Rusa en adelante. Porque mientras Marx y Engels parten de una sociedad capitalista desarrollada y en ella la dictadura del proletariado, cumpliría la tarea de desarticular la resistencia político-militar de la burguesía para luego extinguirse progresivamente, en los países dependientes del capitalismo (Rusia, China, Cuba, etc.) la función decisiva de la dictadura es la de organizar la unidad de la nación para un desarrollo no capitalista, tarea semejante a la cumplida por la burguesía occidental para implantar el capitalismo. Aquí se encuentran las bases de lo que posteriormente se llama fase “nacional, popular y democrática”, la que prepara las condiciones para el socialismo. Primera fase en que asume una enorme importancia la creación de una nueva máquina estatal. 

Centremos brevemente el análisis en las dos experiencias  más importantes habidas.

Rusia y la transición al socialismo

    Lenin y los bolcheviques descuentan que la Revolución Rusa de “Octubre” (la del 7 de noviembre) tendrá el apoyo de la revolución proletaria europea, en capitales y bienes industrializados, y esto es de la mayor trascendencia. El concepto rotundo, es reiterado. Por ejemplo: “La victoria final del socialismo en un solo país es imposible”. O  “Lo que vendrá a salvarnos de todas nuestras dificultades (…) es la revolución europea” (“7o. Congreso del PC”).  Los bolcheviques actúan, mientras esperan la revolución europea, alemana particularmente. Lenin asienta su acción en el concepto de “capitalismo de Estado”. Pero, forzado por las circunstancias está obligado a defender políticas económicas alejadas de sus propósitos. Al volverse inviable la revolución europea, el curso de la revolución rusa se verá afectado en sus bases materiales, puesto que se hace preciso desarrollar las fuerzas productivas –hasta alcanzar el nivel de los países capitalistas- por una vía diferente, que no esté guiada por el lucro, pero que no significa el socialismo. Y expone que “(...) si no nos ayudan con rapidez los camaradas obreros de los países más desarrollados en el sentido capitalista, nuestra obra será increíblemente difícil y cometeremos sin duda, una serie de errores.” . Después (en el 11o. Congreso del PC 1922) “‘Completamente solos’ nos dicen casi todos los Estados capitalistas (...) Completamente solos nos dijimos.” 

  Allí se impone la visión de Stalin, de que es posible realizar el socialismo en un solo país. Y luego que el ejército soviético -tras la segunda guerra mundial- ocupa otros países fuera de la Unión Soviética, esa visión es sustituida por la del “campo socialista” que vencería al “campo capitalista”.  

   Sabemos el final de esa concepción.  En el siglo XX el “socialismo” más aceptado fue el creado en la Unión Soviética.  Y el `sistema socialista’ fue el primer intento de superar al capitalista en escala mundial. Reitero que Marx y Engels imaginaron una sociedad en la que la propiedad privada burguesa sería abolida, los medios de producción socializados y transferidos al Estado, quien planificaría la producción de acuerdo a las necesidades del consumo y que se instauraría en sociedades capitalistas industrializadas. Sin embargo, esas condiciones no se han dado. El `sistema socialista’ integrado por una gran mayoría de países de inferior capacidad productiva a los capitalistas desarrollados, no pudo alcanzar al centro del sistema capitalista, ni escapar de la escasez, del desarrollo desigual, de las diferencias sociales y fue superado por éste.  

   Algunos de los rasgos de lo que también se ha llamado el “socialismo real” - es decir, el que confronta la realidad respecto al modelo previsto teóricamente- es que si los medios de producción y de cambio son estatizados, no significa que pertenezcan a todos los miembros de la sociedad.   Sería así si el Estado perteneciera a los trabajadores, si fuera dirigido por los trabajadores, pero ese Estado le pertenece a una burocracia, que controla la gestión y ejercita la planificación según sus criterios e intereses. Y así se llega a  lo que el comunista alemán Rudolp Bahro, llama un proto-socialismo o socialismo en estado larvario. (“La alternativa. Contribución  crítica al socialismo realmente existente”, 1979)   

 China y la transición al socialismo

  Otros partidos que hacia fines de la segunda guerra mundial  lideran procesos revolucionarios originales que intentan el socialismo, son el de Yugoslavia dirigido por el Mariscal Tito, que en el este de Europa realiza una revolución por su cuenta, y no merced a la intervención del ejército soviético; y en Asia, el de China, bajo la jefatura de Mao Tse Tung que se rebela contra las órdenes de Stalin dictadas para el movimiento comunista internacional, y hace un proceso diferente, que con variantes, se ha mantenido hasta el día de hoy, en que China es ya la segunda potencia mundial.       

   No reiteraré el  análisis que he hecho en “China: pasado, presente y ¿futuro?”. En el presente Xi Jinping -al frente del Partido Comunista Chino (PCCh) - promueve una fuerte presencia del Estado y de dicho Partido en la economía, prioriza el crecimiento cualitativo, la mejora de las condiciones de trabajo y la disminución de la contaminación. Subraya que China es la única gran economía sin crisis, con un crecimiento constante durante cuatro décadas.   

   El PCCh apuesta por un modelo de democracia consultiva, en que él administra el poder en nombre del pueblo. El “socialismo con características chinas” no es “socialismo” según la definición de Marx y menos una “dictadura del proletariado” o una “democracia verdadera” como definía el joven Marx. Pero cobra sentido si se observa el rumbo estratégico proyectado en un plazo de siglos, concepto enraizado en esa civilización. Se reconoce la imposibilidad de alcanzar el socialismo -esto es que los medios de producción y de cambio dejen de ser privados para ser de la sociedad, y que cada trabajador reciba de ésta tanto como le ha dado- sin que previamente se desarrollen las fuerzas productivas y se satisfagan las necesidades básicas de las clases populares -alimentación, salud, vivienda, alfabetización- sin cuya consciente y activa participación se mantendrá la explotación.   

   Y según el PCCh,  para crear las condiciones que posibiliten el socialismo se debe jugar con las reglas capitalistas, en tanto imperan en el planeta, extrayendo lo positivo y descartando lo negativo. Y Xi Jinping estima que para este 2021, a cien años de la fundación del Partido Comunista, China será “una sociedad modestamente acomodada”. Recién para 2049 (en el centenario de la República Popular) será un país socialista. En suma, “... el crecimiento económico de China se ha logrado sin que el modo de producción capitalista sea dominante” afirma Michael Roberts (“Xi toma el control total del futuro de China”, 25 de octubre de 2017). No obstante, la afirmación es discutible y la amenaza del retorno al capitalismo aún existe. Proceso al que hay que prestar enorme atención. 

¿Entonces, hoy? 

Fidel anticipa las grandes líneas para superar al sistema: “¿Qué tipo de globalización tenemos hoy? ¿Una globalización neoliberal [...] ¿es sostenible? No. ¿Podría subsistir mucho tiempo? Absolutamente no. ¿Cuestión de siglos? Categóricamente no. ¿Durará sólo décadas? Sí, solo décadas. Pero más temprano que tarde tendrá que dejar de existir [...] ¿cómo se va a producir la transición? No lo sabemos. ¿Mediante amplias revoluciones violentas o grandes guerras? Parece improbable, irracional y suicida. ¿Mediante profundas y catastróficas crisis? Desgraciadamente es lo más probable, casi casi inevitable, y transcurrirá por muy diversas vías y formas de lucha. ¿Qué tipo de globalización será? No podrá ser otra que solidaria, socialista, comunista, o como ustedes quieran llamarla.” (Fidel Castro “Su visión del mundo actual” 1999)  

Para eso  vale reafirmar lo expresado por los fundadores, en el sentido que el socialismo será mundial o no será. “Mientras no sea el proletariado internacional el que custodie revolucionariamente las fronteras de los estados obreros que van surgiendo, la hipertrofia del ejército, de la diplomacia, de la policía, de la burocracia, en todas sus formas, del Estado en una palabra, será inevitable.” (Carta que me enviara Enrique Broquen  en 1988, uno de los fundadores del Movimiento al Socialismo de Argentina)  . Más aún, admitiendo que haya diferentes ritmos de acercamiento y de construcción del socialismo en diversas regiones y países, la transición como tal, abarcará al planeta entero. *