Consecuencias imprevisibles del coronavirus 

Por Griselda Leal Rovira

Hay algo de lo que no debemos tener dudas y es que el coronavirus circula por el planeta, que es muy contagioso y que es conveniente tomar severas precauciones para evitarlo, pero sin duda las consecuencias están siendo muchas y de suma gravedad, más allá de la enfermedad.

El hecho de que ha dañado la economía en prácticamente todos los países del planeta es una realidad indiscutible, lo mismo que la desocupación, la pobreza y el hambre, pero analicemos si es que algunas personas o instituciones se ven beneficiadas con esta nueva realidad.

Bien sabemos que desde que tenemos conocimiento en el mundo ha habido una gran injusticia en cuanto al reparto de la riqueza, pero es en los últimos tiempos que la diferencia entre pobres y ricos se ha agudizado de una manera insostenible.

También el planeta tierra está sufriendo una sobre explotación producto un sistema capitalista descontrolado con mayor contaminación y variación del clima por la tala indiscriminada de árboles.

Un capítulo aparte es el hecho de que el mundo está superpoblado, aunque esto despierta polémica.

Estos elementos forman un combo que nos hace dudar de la casualidad de que esta pandemia, tan anunciada por parte de las élites desde hace varios años, sea natural o creada.

La clave está en analizar quién se beneficia de esta nueva situación. Evidentemente no la enorme mayoría, ¿pero qué pasa con los multimillonarios dueños del mundo,?.

Desde nuestro punto de vista nos resulta difícil evaluar quien está ganando, pero la intuición nos dice que, aunque muchos empresarios de mediana fortuna estén perdiendo sus negocios y dejando millones de trabajadores en la calle, un puñado de los dueños de las fortunas mas grandes del planeta las están aumentando aún más.

Hasta el momento a estos personajes los asociábamos con el negocio petrolero  y la especulación financiera, pero ahora parece ser que han ido girando hacia la industria farmacéutica, los laboratorios, la informática, las energías alternativas y sus derivados como la explotación del litio.

Nadie sabe qué cosas se cocinan en los encuentros de Davos, Bilderberg, Grupo de los 300, Masones grado 33 y reuniones de directorio de altas esferas de la élite, pero es evidente que se toman medidas que a la postre dan resultados tales como guerras, crisis o grandes negociados. Estos señores no nos representan, nadie los votó y además tienen tanto poder como para comprar a la mayoría de los que supuestamente nos representan y suelen tomar medidas que no nos favorecen.

Lamentablemente la población se ha ido polarizando en su visión política y no ya partidaria, sino con respecto al origen de la pandemia. En los Estados Unidos se creó una brecha entre Demócratas y Republicanos que no es ajena a estas visiones.

Donald Trump y sus seguidores entre los que se cuentan muchos ultraderechistas, cristianos evangelistas y probablemente grupos mafiosos que no desean cambios en la sociedad, encabeza la postura de que el virus fue creado por sus adversarios y no desean cambios, y los Demócratas, partidarios del Nuevo Orden Mundial, (aunque deberíamos exeptuar a Bernie Sanders y sus seguidores) se inclinan por creer que el capitalismo tal como está ya no es viable y la solución está en un sistema similar al comunismo al estilo de China, con mayor control, restricción de las libertades, reducción de la población y menos propiedad privada para las grandes masas, todo supervisado por una minoría que ostente poderes omnipotentes con fachada de gobierno único y eliminando el sistema democrático.

El grupo de los Republicanos acusa a sus adversarios de “izquierdistas” y hasta “socialistas”, conceptos que pegan fuerte en la mayoría de la sociedad norteamericana adoctrinada para rechazar estas ideologías.

Esto trae una enorme confusión entre los ciudadanos de a pie que tienen otro concepto de lo que es el Comunismo, el Socialismo o la Social-democracia, y la confusión no está sólo entre los menos politizados, sino que también ha confundido a militantes progresistas.

Sin duda esta situación debilita a la militancia, ya que divide opiniones en la que cada uno cree tener la razón. Quienes consideran que la pandemia es un hecho “natural”, dicen basarse en la ciencia, ya que las mismas han existido a través de la historia, aunque de otra manera. Quien opina lo contrario, si bien no tiene comprobantes concretos, puede abundar en elementos que despiertan demasiadas sospechas, como el lugar donde surgió, junto a un laboratorio en Wuhan, China, donde se manipulan virus y del que no es ajeno el señor Bill Gates, principal financista de la OMS, quien se adelantó a pronosticar la pandemia e hijo de un dirigente genealogista de la supremacía blanca recientemente fallecido.

Y si analizamos las consecuencias, este momento es ideal para implantar un Nuevo Orden, ya que la sociedad planetaria está debilitada, los gobiernos necesitan financiación para alimentar a su pueblo y ese es un exelente motivo para volver a endeudar a los países por tiempo indefinido.