“Los socialistas no mueren: los socialistas se siembran” (1)

Por David Rabinovich

Con la muerte de Tabaré se cierra un ciclo en Uruguay. Un proceso signado por la “unidad de los orientales honestos” que construye una “unidad sin exclusiones”, protagonista de una década larga de progresismo después de las dictaduras que trajo “El Cóndor” a la región.

Podemos discurrir sobre las características del período que pasó, con más o menos pretensiones de objetividad. Y el análisis no puede ser ajeno, claro, a las características personales de Tabaré Vázquez que tanto marcaron el estilo de su liderazgo. El hombre, el científico y el político son uno e indivisible personaje. Un liderazgo con luces y sombras sí. Según el cristal con que se mire se verán más luces o más sombras.

Fue referente en todos los planos en los que se movió. Con entereza, coherencia, decisión personal y voluntad inquebrantable, el ser humano puso broche final a la vida, dando ejemplo una vez más.

Quienes lo conocieron mejor han destacado la calidez y la capacidad de cercanía de quien quizá haya sido el último caudillo del siglo XX. Yo intento asomarme al líder en su proceso de conquistar y ejercer el poder; quizá también a las severas limitaciones que impuso el sistema a su ‘poder hacer’. Necesitaremos más distancia histórica para evaluar su legado y opinar cuánto tuvo de re-fundacional. Hoy sólo puedo arriesgar, como adelanto, poco más que algunos titulares.

La izquierda uruguaya,  la integrada en el FA, muestra un panorama muy fraccionado; más de 30 grupos políticos nacionales y el doble de grupos locales disputando en la interna del FA. Cada uno de ellos tiene por lo menos un dirigente con aspiraciones fundadas de ocupar un lugar -¿cargo?- de relevancia. Pero ‘dirigente’ y ‘líder’, son roles diferentes. El liderazgo de Tabaré fue reconocido por los dirigentes del FA de forma amplia y profunda. Y ese reconocimiento, esa aceptación, trascendió ampliamente al propio Frente. Hay dirigentes que juntan votos. Algunos juntan muchos votos. Otros marcan caminos, son referentes políticos, se les reconoce por la claridad de su pensamiento y no por ello son líderes. Para ejercer el liderazgo político hay que saber juntar votos y marcar senderos, pero esas son condiciones necesarias aunque no suficientes. El liderazgo es más, bastante más. Tabaré construyó en el ‘mano a mano’ y en el ‘pueblo a pueblo’, sin caer en la trampa de decirle a cada uno lo que quería escuchar. Para él no corría el “cómo te digo una cosa te digo la otra”. Por eso, algún episodio lo muestra enfrentado a su gente: vetando la legalización del aborto o declarando la esencialidad para la enseñanza. Impulsando el Plan Ceibal que muchos no comprendimos en su momento. Hay asuntos en los que tuvo razón, en otros, incluso en el error, impuso siempre su condición de liderazgo.

Él definió que “el Frente Amplio tiene que abrir sus puertas, sus ventanas, tiene que pensar nuevas formas organizativas como lo hicimos con el Encuentro Progresista. Tiene que hacer una actualización ideológica, tiene que hacer una actualización programática, tiene que discutir en profundidad políticas de alianza, de relacionamiento del Frente con los empresarios, con los trabajadores, el relacionamiento internacional. Esto no quiere decir que abdiquemos de principios y de valores. Quiere decir que tenemos que aggiornarnos” ¿Se trata de consolidar una centroizquierda? ¿Estaba pensando en las alternativas posibles como un buen médico ante las limitadas opciones que ofrece un paciente en estado delicado? No estoy seguro de que sintiera como un límite la identidad frentista por su empecinada búsqueda de más amplios acuerdos, en torno a políticas más inclusivas. Nunca perdió de vista que lo justo es justo y debería ‘pagar más quien tiene más’. Aunque no siempre supo, quiso o pudo imponerlo.

Dice Gerardo Caetano que “los liderazgos no se heredan ni se transfieren, se conquistan con votos.” No sé cuál es la definición de liderar. Es un vocablo complejo que tiene matices fuertes con ‘caudillo’ y distancias grandes con ‘jefe’. Para muchos liderar tiene implicancias ‘empresariales’. El surgimiento de un liderazgo implica tanto el obtener el reconocimiento de la sociedad -de una parte realmente importante por lo menos-, como la voluntad de asumirlo por parte del candidato. Es una construcción compleja, como todo proceso social. No funcionan las transferencias, pero tampoco es sólo una cuestión de votos.

A Tabaré lo marcaron fuertemente sus pertenencias de clase: Fue un orgulloso hijo de obreros. Futbolero y carnavalero: ¿quién no lo recuerda tocando el tambor con entusiasmo? Pescador y cocinero en y para su barra ¿cuántos probamos, por su consejo, hacer carnes con limón, mucho limón y nada de sal? Pero también fue un masón destacado que seguramente tuvo todo que ver con el crecimiento, en Uruguay, de esa institución en los últimos años. No olvido al empresario exitoso en un ‘mercado’ altamente competitivo como es el de la Salud. Una de las grandes reformas que impulsó tiene que ver con el Sistema Nacional Integrado de Salud sin el que la realidad, hoy, sería muy diferente. El sistema tiene una fuerte impronta socialista, pero se inserta en un ecosistema que es parte del núcleo duro del sistema capitalista. Son notorios los avances que impulsó tanto en esa materia como en educación o vivienda. Estos frenos que logró imponer son tan notorios como las lógicas empresariales, los mercados, los grandes intereses corporativos. Las batallas contra el tabaquismo, el alcohol, la mala alimentación que promueve la industria alimentaria se contraponen claramente con la promoción de eventos transgénicos, el uso de agroquímicos, la concentración de la propiedad de la tierra y su extranjerización. Todo lo que tuvo un “impulso y su freno” bajo el liderazgo de Vázquez, ha vuelto a la agenda en forma de retrocesos brutales con el gobierno multicolor del bisnieto de Herrera. El mejor legado del progresismo está en entredicho. No solo la reforma de la salud. Sumémosle la impositiva, la laboral, el Plan Ceibal, la Operación Milagro, el Plan de Emergencia, los avances en la democracia educativa, el Sistema Nacional de Cuidados.

Sus gobiernos comienzan en circunstancias diversas. El primero, luego de la crisis de 2002 colmó ampliamente expectativas limitadas, naturalmente, por un contexto en el que todo estaba por hacer y o arreglar. El segundo gobierno de Tabaré partía de otras bases y los desafíos eran muy otros. En el primero la demanda y los precios de las materias primas configuraron el famoso ‘viento de cola’ que devino en profunda crisis, luego de 2008.

Según Caetano “Vázquez era un moderado por definición, ajeno a cualquier visión extremista o temeraria”, cuyos motivantes discursos apelaban a imágenes de amaneceres donde los uruguayos festejábamos alborozados las nuevas realidades. El líder que prometía que temblarían las raíces de los árboles, gestionó una serie de cambios en la sociedad uruguaya que deberán ser evaluados cuidadosamente. Fueron cambios procesados en un contexto de situaciones históricas, de composiciones de clase; hay niveles de conciencia y organización que fueron posibilidad y freno. Los balances futuros habrán de incluir todos y cada uno de los sistemáticos ‘desmontes’ que la derecha hace hoy de grandes y pequeñas reformas realizadas en tiempos de Tabaré. Quizá permitan valorarlas de forma diferente.

Tabaré Vázquez asumió la Presidencia el 1 de marzo de 2005. Su segundo acto como Presidente fue firmar la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba. Todo un gesto.

1 Se atribuye a Pablo Iglesias.