Izquierda, críticas y autocríticas

Escribe Jorge Ramada

 En esta situación en que la ofensiva de la clase dominante, a partir de su conquista del gobierno, se desarrolla en forma sostenida, me parece que lo más importante para los trabajadores y los oprimidos en general es construir una alternativa que pase, en primer término por la organización de la resistencia y, a partir de ella, la elaboración de un programa que unifique los reclamos de los diferentes sectores y que sirva de base para la acción colectiva.

Para ello se necesita elaborar una visión crítica del proceso que condujo a la situación actual y una autocrítica de lo que se ha hecho desde el campo popular. Esto es mucho más que una autocrítica del FA y un análisis de la derrota electoral.

Pero aún discrepando con la línea política del FA y con la orientación que guió sus tres gobiernos, sería necio desconocer que es la expresión política absolutamente mayoritaria por fuera de las que representan claramente a la clase dominante. Por tanto, una parte importante del análisis será la crítica de lo hecho en sus 15 años de gobierno, teniendo en cuenta entre otras cosas la autocrítica que el propio FA está llevando a cabo. Pero no debe ser lo único.

 

Empezando por la autocrítica del FA. - Corresponde enfocar el documento inicial presentado al Plenario (BALANCE, EVALUACION CRITICA, AUTOCRITICA Y PERSPECTIVAS), que sin duda representa el sentir de la dirigencia actual del FA. Aparecieron luego otros documentos que han sido enviados al Plenario desde sectores políticos, comités de base o grupos de militantes; en ellos se expresan diferentes visiones, que reflejan la heterogeneidad del FA. En todo caso cabría considerarlos una vez que se integren a la síntesis que saldrá de la discusión (si es que sale alguna).  En cuanto al documento inicial, sin entrar a analizarlo detalladamente, es posible marcar lo esencial de su contenido y especialmente lo que reflejan algunas de sus afirmaciones.

Desde su primera frase: “El análisis de lo ocurrido en las elecciones de 2019...”, queda claro que lo que desencadena la autocrítica es la derrota electoral, lo cual se reafirma a lo largo de todo el documento, cuando se señalan las anteriores victorias electorales y el comportamiento en cada una de las votaciones, como hitos para evaluar el avance de la fuerza política. Esto es coherente con el carácter que se ha hecho predominante en el FA, de ser ante todo un movimiento político para la lucha electoral y parlamentaria.

Tratándose de una visión oficialista, no era de esperar un intento de análisis de clase, de analizar las contradicciones de nuestra sociedad en el marco de la lucha de clases y ver cómo se reflejan dentro del FA. El FA aparece como “expresión de la unidad del campo popular”, pero no se analiza el carácter contradictorio de esa unidad ni se cuestionan sus bases ideológicas o programáticas. El análisis está siempre pautado por los comportamientos electorales. Se parte de la victoria de 2004 y se reconoce que a ella se llega a través de un proceso de acumulación a nivel popular, pero se omite decir que la  unión con otros sectores para esa votación se hizo en base a la rebaja del programa, cuando el aumento de las contradicciones posibilitaba precisamente profundizar y no rebajar un programa. Luego se señalan los sucesivos retrocesos electorales en lo cuantitativo, pero en lo cualitativo se centran en “el ejercicio de la articulación política”; lo que llaman falta de articulación, que es en definitiva apartamiento del pueblo, se ve en frases muy significativas:

“...las alianzas sociales no se alimentaron porque por momentos nosotros creíamos saber más de las reivindicaciones o problemas que tenían los actores sociales que ellos mismos”. “Le pedíamos al pueblo uruguayo que defendiera las conquistas que se habían logrado todos estos años, pero la gente no respondió a ese llamado con la fuerza que necesitábamos”

Queda clara la visión desde arriba y casi desde fuera del pueblo ¿Era el pueblo el que tenía que responder al llamado del FA o era el FA el que tenía que responder a las demandas del pueblo?

Pero además, ¿es realmente una autocrítica que lleve a cambiar líneas de acción, o es una afirmación meramente declarativa? Porque a poco de enunciada, ante la iniciativa de la Intersocial de convocar a referéndum contra la LUC –iniciativa que no se atrevió a tomar el FA– le marca la cancha en cuanto a no ir en contra de toda la ley, porque algunos artículos el FA los había votado en el Parlamento. Si se dejó la iniciativa a las organizaciones sociales, ¿no correspondía esperar que éstas dilucidaran los  detalles para luego acompañar? Con lo hecho le da preeminencia al accionar parlamentario por sobre la “articulación” con la sociedad. 

Se señala –correctamente, a mi juicio– “incapacidad para avanzar en las reformas estructurales imprescindibles... insuficiencia para construir una perspectiva estratégica que... pudiera superar las injusticias de las lógicas del capitalismo”. Lo que llama la atención es que se omita que esas insuficiencias fueron señaladas reiteradamente –desde dentro y fuera del FA– ya desde los inicios del primer gobierno, sin que fueran reconocidas. Habría que ver además qué se entiende por “superar las injusticias de la lógica del capitalismo”. Porque es claro que no se cuestiona al capitalismo. Y si bien es cierto que el FA no se proclama socialista (tampoco anti-socialista), es de suponer que la definición de su origen, antiimperialista y antioligárquico, implicaba un cuestionamiento al capitalismo. Sin embargo, se prefirió alentar a grandes inversores y así se cayó en la aventura de Aratirí y la exaltación de UPM. Pero de eso, ni una palabra.

Es claro, aparece nuevamente la exaltación del pragmatismo, como si éste fuera una virtud política y no una expresión ideológica que menosprecia los principios para resaltar los resultados prácticos: la verdad es lo que funciona, lo que resulta útil, ¿pero es que los hechos son útiles en sí, independientemente de la clases sociales?

Hay por otra parte un detallado ejercicio de autobombo, marcando todo lo bueno que hizo el FA, pero con algunos detalles que son significativos : “El país tuvo quince años de crecimiento económico ininterrumpido, pero logró además repartir el fruto de ese crecimiento” (pero a pesar de seguir creciendo, vio crecer en los últimos años la inflación y la desocupación, sin hacer más que constatarlo, mientras el reparto cesaba) “...nunca dejaron de respetarse...los derechos individuales ni las libertades públicas (aunque se toleró algunos excesos policiales, se decretó una esencialidad de la enseñanza y se avanzó poco en la situación carcelaria)... el país avanzó en la transparencia como nunca lo había hecho hasta ahora, dotando de instrumentos legales a los uruguayos, como el acceso a la información pública (a pesar de acuerdos confidenciales muy discutibles y falta de respuesta a algunos pedidos de información).

Viene luego el capítulo de “EVALUACIÓN CRÍTICA Y AUTOCRÍTICA”, en el que aparecen consideraciones importantes: Los éxitos electorales... no nos dejaban ver la desacumulación política y social que, paso a paso, iba sucediendo. Hay que reconocer que no fuimos capaces de crear conciencia social en un grado suficiente como para que la gente se apropiara de los logros alcanzados...” ¿Hacía falta perder una elección para darse cuenta de esto? ¿No será que el dolor de una derrota electoral le resulta a los redactores mucho mayor que los dolores que seguía sufriendo la población más sumergida? Al parecer los éxitos electorales taparon las angustias del pueblo: mientras no perdió una elección nacional y los principales cuadros pudieron seguir ejerciendo cargos muy bien remunerados a nivel del gobierno y la fuerza política, no se daban cuenta de la “desacumulación”. En todo el capítulo, el relato parece basarse en una dicotomía entre gobierno-fuerza política por un lado y pueblo por otro, todo centrado en el comportamiento electoral.

En el capítulo de “PERSPECTIVAS”, plantea tres tareas claves a encarar:

“a) acompañar y encauzar la resistencia y las protestas -siempre en forma pacífica- del pueblo uruguayo... b) preparar la nueva era progresista de cara al año 2024, con un programa amplio ... c) generar conciencia política, social y cultural de los avances de igualdad que se obtuvieron...”

Todo está pensado en clave electoral y de no profundizar. Desde acotar “en forma pacífica” (que si no se hubiera puesto, no cambiaba el concepto), siguiendo por prepararse para el 2024 y terminando por generar conciencia “de los avances...que se obtuvieron”. Está claro, nada que los vincule a expresiones radicales, insistir en lo ya obtenido (nada de insistir en lo que falta) y prepararse para el 2024.

Luego agrega: “para parar a nuestra fuerza política... como el partido de la igualdad ante toda la sociedad”. Ya no es el partido de las transformaciones (¡ni hablar de revolución, eso no suena pacífico!), sino el de la igualdad; ¿podremos hacer que los ganaderos sean iguales a los habitantes de asentamientos?

Y propone. “una estrategia para la acción política que asegure que en la nueva era progresista no se cometan los mismos errores de falta de articulación que cometimos”. Los errores mayores fueron “de falta de articulación” y no de profundización de los cambios. Sigue: “preparar la nueva era progresista que permita construir escenarios de desarrollo e igualdad nunca antes conocidos por nuestro país”. Hermoso sueño, pero basado en el desarrollo y cuando éste se estanca, la culpa es de la situación internacional y la igualdad queda para más adelante.

 Todo es la mentalidad igualitaria, pacífica, con un programa “nacional, popular y democrático”. El sueño pequeño-burgués de la clase media de nuestro país. Que tiene raíces en épocas en que se estuvo cerca de ese igualitarismo, aunque siempre escondiendo importantes injusticias.

En las “CONSIDERACIONES FINALES” es interesante que destacan dos tensiones: “La tensión natural entre una estructura que tiene que discutir y participar...y una fuerza política que debe resolver de forma responsable y oportuna...” … “La defensa de los DDHH y nuestra firme postura anti-imperialista en general van de la mano, pero en algunas circunstancias pueden entrar en contradicción.” Ahí surgen dos preguntas: ¿La fuerza política está por fuera de la estructura? ¿Resolverá de acuerdo a la participación y discusión de la estructura? ¿la militancia dónde queda, o solo es tal si está en “la estructura”? La otra pregunta: cuando entren en contradicción la postura anti-imperialista y la defensa de los DDHH, ¿por cuál se van a definir?, ¿quién marca la agenda de la defensa de los DDHH en América Latina?

 Voy a terminar, aunque resulte cargoso, con una larga cita de Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, porque creo que refleja muy bien el sustento ideológico de esta autocrítica.

“Pero el demócrata, como representa a la pequeña burguesía, es decir, a una clase de transición, en la que los intereses de dos clases se embotan el uno contra el otro, cree estar por encima del antagonismo de clases en general. Los demócratas reconocen que tienen enfrente a una clase privilegiada, pero ellos, con todo el resto de la nación que los circunda, forman el pueblo. Lo que ellos representan es el derecho del pueblo; lo que les interesa es el interés del pueblo. Por eso, cuando se prepara una lucha, no necesitan examinar los intereses y las posiciones de las distintas clases... ...En todo caso, el demócrata sale de la derrota más ignominiosa tan inmaculado como inocente entró en ella, con la convicción de nuevo adquirida de que tiene necesariamente que vencer, no de que él mismo y su partido tienen que abandonar la vieja posición, sino de que, por el contrario, son las condiciones las que tienen que madurar para ponerse a tono con él.”

 

Pero todo esto es solo un aspecto. Hubo una victoria de la derecha, no solo electoral sino, por sobre todas las cosas, en instalar un relato hegemónico. Y eso obliga a revisar lo hecho por toda la izquierda, política y social. Quedará para otra reflexión.

JORGE RAMADA – Noviembre 2020