Democracia y salario. Editorial de Avanzar diario de Julio Cesar Grauert. Editorial Diario Acción Nº 28 – 17 de Enero de 1931

Frente a un nuevo aniversario del asesinato de Julio Cesar Grauert nos pareció pertinente dar a conocer este artículo-editorial de 1931 con un comentario de Fernando Aparicio que atiende temas históricos en Claridad


No es exacto que la actual organización de nuestra sociedad permita a todos por igual desarrollar sus aptitudes.

En las democracias burguesas el individuo queda sometido a todas las contingencias de la lucha social, y por lo tanto solo a los potentados o a sus hijos o protegidos, se le brinda la oportunidad de demostrar aptitudes. 

El hombre trabajador, a pesar de la tan decantada libertad afirmada por el individualismo del siglo pasado, continúa hundido en la miseria y sufriendo física e intelectualmente la miseria y sufriendo las consecuencias inherentes a la presión económica de la clase dominante.

Y así como la libertad individual se ha perdido en el mar turbulento de los intereses económicos, la sociedad ha perdido durante siglos la enorme potencia creadora que significa la capacidad de los oprimidos, de los avasallados, de los esclavizados por el salario.

El hogar proletario no bien se ha constituido, cuando ya sufre la fuerza reguladora de su vida; el patrono – como en otras épocas el señor feudal látigo en mano – tiene en su poder la fuerza vital de los seres humanos; dispone de tal potencialidad económica que determinará la estrechez o amplitud de la vida del obrero.

La “esclavitud del salario”, es la más dura, la más inhumana explotación a que jamás el hombre haya sido sometido.

Y ella es el producto inmediato del comercializamos a que está sujeta la industria en manos particulares.

Es la explotación infamante, indigna, a la que día a día someten los potentados a la clase proletaria.

En esa situación “regulada” la vida de los obreros por la clase patronal, los hombres sufren desde su niñez el flagelo de las enfermedades consecuencia de la miraseis en que viven.

Muchas inteligencias sucumben o se debilitan en los años de la infancia; los que se salvan, más tarde sufren directamente la explotación capitalista y conocen en sí mismo los resultados del standar, de la racionalización…

Y si esa es la realidad ¿puede afirmarse que en una sociedad donde impera la economía capitalista a todos les está permitido desarrollar sus aptitudes?

¿Qué importa la inexistencia de prohibiciones legales? ¿Qué interés tiene la oratoria hueca de los políticos que sostienen el actual régimen social?

Las posibilidades, las oportunidades para desarrollar aptitudes no existen – porque si se producen son la excepción- en el régimen capitalista.

Las democracias burguesas, incluso la nuestra, no pueden subsistir a la evolución de los factores económicos.

Y no puede subsistir, porque en sí misma ha fracasado.

Los apóstoles de la “paz social”, de la evolución placentera ya han apelado en otros países a la fuerza militar en defensa de sus intereses económicos.

Y la verdad es que esos mismos intereses económicos determinarán la crisis final del capitalismo.

Y ya, sea pacífica o violentamente, la organización social será profundamente transformada, cayendo para siempre las buenas fórmulas de la burguesía para permitir la organización de un estado social donde haya desaparecido, la explotación del hombre por el hombre, y donde todos – colocados en una absoluta igualdad – puedan desarrollar sus aptitudes.



UN COMENTARIO SOBRE ARTÍCULO DE JULIO CÉSAR GRAUERT

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Por: Fernando Aparicio

Poco menos de un siglo separa nuestro presente de este artículo del líder batllista de 

Avanzar, Julio César Grauert  ¡Cuánto ha cambiado el mundo, el Uruguay y la izquierda, de la cual Grauert fue parte! No puede soslayarse el hecho que las alternativas surgidas en el siglo XX al capitalismo, han fracasado estrepitosamente.  Muchas fueron caminos largos (y tortuosos) para regresar al capitalismo. Y en nombre de la superación capitalista (socialismo), las libertades y otros derechos del Hombre, junto a la esperanza de un mundo mejor, se hundieron irremediablemente.

El capitalismo ha cambiado desde entonces, pero no tanto.  Su esencia se mantiene incólume. El Estado del bienestar, el batllista uruguayo, pionero, y el de la Europa de la segunda posguerra,  se vienen desmantelando sostenidamente. El proletariado al que aludía Grauert, ha cambiado o desaparecido. Pero todas sus aseveraciones caben para grandes conjuntos de trabajadores asalariados (formales e informales) aún en el día de hoy. Y muy especialmente para el amplísimo mundo de los marginados.    

 El lenguaje y la terminología, pueden resultar hoy desactualizados por su radicalidad. La mayor parte del “progresismo” (esa versión light de una izquierda descafeinada) hoy huiría espantada de estas afirmaciones. Pero la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿es necesario o no, superar la sociedad burguesa capitalista? Si la respuesta es positiva, habrá que preguntarse  el cómo.

La izquierda mundial –y la uruguaya- han abandonado –casi sin excepción- la idea de superar al capitalismo. La denominación de socialista,  es casi un saludo reverencial  a una utopía para muchos ya vergonzante.

 Clase dominante, democracia burguesa, esclavizados por el salario y explotación del hombre por el hombre, son expresiones que el batllista Grauert utilizaba allá en 1930. Era el léxico de la izquierda marxista y de la libertaria. Hoy no sólo han desaparecido esos términos del vocabulario de nuestra izquierda, han desaparecido los conceptos que había detrás de ellos. En 2019 una candidata a la vicepresidencia, fue obligada al silencio luego que se atreviese a mencionar la existencia de la oligarquía. Una oligarquía cuya existencia y la consecuente necesidad de enfrentarla, fueron una de las razones del surgimiento del Frente Amplio. 

No superar al capitalismo, es adaptarse a él. Ser absorbidos por él. Sobran hasta el hartazgo los ejemplos. Se puede gestionar al capitalismo, se lo puede “suavizar”, difícilmente se lo pueda “humanizar.” Recurrir al atajo de negar la necesidad de superación del capitalismo, por el fracaso del  socialismo real, o por las limitaciones y desviaciones de Cuba, o por el pseudo socialismo dictatorial-burocrático de China; es aceptar la perpetuación  de todos los males señalados por Grauert.

¿Qué socialismo debe construirse? ¿Cómo construirlo? Esas preguntas interpelan a quienes pensamos que aquellas tajantes afirmaciones del radical líder de Avanzar, mantienen toda su vigencia.

Otra cosa hay  rescatable en Julio César Graauert, más allá de su audacia intelectual. Su conducta personal. Enfrentó a una dictadura reaccionaria y pro imperialista (términos también ausentes hoy en lenguaje de nuestro “progresismo” izquierdista), con decisión y valentía. Pagó con su vida el ser consecuente.