Algunas complejidades entre la izquierda social y política

 

Escribe: Eduardo Aparicio

Todo está dado para que la recolección de firmas a fin de someter la Luc a la consulta popular sea un hecho irreversible. Todavía no se ha disipado el panorama en cuanto a las ideas fuerzas que guiarán la campaña, ya que aún no se sabe si se irá contra toda la ley o contra algunos artículos de la misma. Por el todo se inclinan algunas organizaciones que pesan en la intersocial, como FEUU y FUCVAM; mientras que existe otro grupo que se inclina por cuestionar solo algunos artículos. Donde las cosas aparecen más enredadas es en el seno del FA, pues  allí las mayorías no quieren ir contra artículos que en su momento  fueron votados por sus legisladores en el proceso de tratamiento parlamentario, durante el cual la estrategia fue apostar a la denominada “reducción de daños”.

 Al principio también se planteó la cuestión del camino a adoptar, esto es: optar entre el procedimiento cortoel largo, imponiéndose este último en gran medida por la firme posición de la intersocial, que no dio cabida a las pretensiones de algunos sectores del FA partidarios del camino corto, una decisión que conllevaba el gran peligro de enterrar la iniciativa por un temprano fracaso, tema que abordamos en Claridad N° 38. Y así emerge uno de los puntos mas notorios de las diferencias, que son mucho más que matices, entre las posturas de la izquierda social y la izquierda política.

La juntada de firmas es sinónimo de movilización y requiere poner toda la carne en el asador para lograr el objetivo de 750.000 signaturas  y contiene el gran desafío de  conjugar puntos de vista, a veces contradictorios y opuestos.

La nueva intersocial, que si bien puede considerarse heredera de  aquella otra conformada a la salida de la dictadura, es otra cosa por su integración, por las demandas que canaliza y vehiculiza,  por el estilo y modalidades de la regulación de las diversas visiones que reúne. Pero sobre todo se distingue por su relacionamiento diferente  con la izquierda política.

 La intersocial también se ha planteado cultivar y preservar los equilibrios naturales, reflejos de la amalgama entre la conducción sindical y el espectro de  decenas de organizaciones y colectivos  que la integran. La intersocial es mucho más que el movimiento sindical y procura, en su relación con éste, afirmar dicha realidad.

Convengamos que se trata de una actitud que no está exenta de tensiones y encontronazos. Parte de la dirección sindical tiene una cierta inclinación a  “aparatear” a la realidad diversa y heterogénea de la intersocial y esto se trasluce en  adelantar, prefigurando la toma de posición, tentados a veces por el reflejo de  generar hechos consumados. De esta dinámica no es ajena la correlación de fuerzas y la capacidad de movilización entre el movimiento sindical y el movimiento social. La intersocial desde su surgimiento ha mostrado una fuerte  y singular capacidad de movilización, especialmente en el espacio público ganando la calle con marchas y concentraciones muy numerosas en tiempo de pandemia. Corre con la ventaja de no tener el lastre de compromisos y concesiones ante los gobiernos progresistas, se trata de un rasgo que la diferencia de parte del movimiento sindical, que  en los 15 años de gobierno progresista, supo y se prestó a ciertos favores y  tratamiento cariñoso de parte de su dirigencia a   algunas de las medidas y orientaciones gubernamentales que iban contra sus reivindicaciones y aspiraciones sindicales.

Al FA le pesa  la rigidez que prima de no atacar ninguno de los 232 artículos que votó. Ahora está viendo cómo elige y selecciona dentro de la otra mitad del articulado que no votó, aquellos contra los cuales ahora sí iría. Es importante destacar que hay sectores (PS, PVP) que  en la discusión interna del Frente Amplio  no excluyen la posibilidad de ir contra artículos que fueron votados y que el movimiento social está dispuesto a impugnar. Este asunto demuestra la existencia de algo más que  un matiz y revela que por detrás hay aspectos de concepción política y de la manera, de los estilos, de encarar el relacionamiento con el movimiento  social.

Se ha creado una Comisión en el FA que está abocada a la selección de los referidos  artículos, pero el Frente sabe que tendrá que negociar inevitablemente, y muy posiblemente plegarse a las definiciones de la intersocial. Si realmente pretende y quiere articular, no tiene un camino plebiscitario propio. Recientemente la Intersocial postergó para el 29 de noviembre la definición de si ir contra toda la Luc o contra parte de su articulado (Ver entrevista a Gustavo Gonzalez), esto da tiempo al tejido de acuerdos, en la misma intersocial y entre ésta con el FA.

Posiblemente la mayor diferencia esté en el sentido que se le confiere a la acumulación, la izquierda social y política tiene claro, que la campaña contra la LUC pone en el orden del día la construcción de un nuevo eje y proceso de acumulación de fuerzas. Pero se presenta la interrogante del ¿para qué? Una parte de la izquierda política  quiere sobre todo acumular para reconquistar el gobierno en 2024, ya que sus visiones de la política están impregnada y subordinados con el binomio: acción electoral/ política institucional. No escapa a este posicionamiento  la lectura de la permanente subordinación de la movilización social  a lo fines electorales, principal y a veces casi único método de acción política que tienen. En cambio para el movimiento social y una parte minoritaria de la izquierda política, el proceso de acumulación se orienta a algo mayor, a  la modificación de la correlación de fuerzas en el marco de la luchas de clases, para frenar los embates conservadores y poder generar, desde las dinámicas de  confrontación, expresiones programáticas globalizadoras, que den lugar a nuevos procesos de alianzas de clases, incluyendo medidas rupturistas (anti-capitalistas) que abriguen la posibilidad de generar nuevos escenarios, para el reinicio de ciclos transformadores.  Se trata de presionar, “picanear” sobre la institucionalidad a partir de la movilización y agitación popular, gestada y catalizada desde las entrañas de la sociedad.

Pero en parte de las filas progresistas, -al igual que en el gobierno conservador-, cunde un  gran temor a que la movilización social pueda adquirir la forma de una protesta generalizada, que radicalice sus postulados y reivindicaciones y seguramente recorra caminos  fuera de la institucionalidad, acudiendo a  metodologías de pelea con mayores dosis de violencia ya que es incuestionable que comenzamos a transitar una etapa de lucha de clases abierta, donde primará la confrontación frente a la política de acuerdos y pactos. Algunas expresiones moderadas del FA, en forma directa con  indisimulados toques naifs, han puesto en palabras que la movilización por las firmas puede servir para canalizar el descontento por vías institucionales, (procuran generar un engaña pichanga) desviándolo de la protesta abierta, el temor al estallido social es evidente e inocultable. Desde el gobierno conservador donde se impone el pragmatismo, procuran dentro de  los límites de sus dogmas económicos y sociales, evitar o disminuir la protesta, teniendo entre los ingredientes de contención la represión, para la que se vienen preparando desde el 1 de marzo. Sin pasar por alto que buena parte del aparato represivo quedo servido en la mesa progresista, cuando se redimensionó y se ampliaron los efectivos, despliegue y jurisdicción de la Guardia Republicana. Moderación que está casi siempre asociada a la  vocación reformista encierra el deseo y el mandato de operar como “bomberos” del conflicto social, que no puede estar basado en otro soporte que el de la confrontación.

El FA en su compleja composición, en el crisol de   las posiciones que cobija entre sus filas, en esa diversidad que es a la vez fortaleza y debilidad; tiene muchas dificultades, limitaciones, dilemas de hierro y hasta desafíos identitarios, para encarar una acción opositora consecuente, que inevitablemente tiene que incursionar por algunos senderos extraparlamentarios, en una virtuosa combinación de métodos de luchas, de difícil concreción. Su atrincheramiento en lo electoral-institucional, a esta altura su fuertísima identificación con el aparato de Estado, y los “complejos” sobre su desempeño en el gobierno que han dejado como saldo una serie de claudicaciones-renunciamientos de sus gobiernos, que han servido de punto de apoyo a la ofensiva conservadora le impide cambiar el chip, en parte porque no resisten y aprueban  el examen del archivo, en un ejercicio que es válido para sí mismo, pero mucho más relevante en la consideración de las masas y su base social. Entonces con particular  fuerza despuntan las complicaciones resultantes de las insuficiencias y renunciamientos de los gobiernos del FA, cuya responsabilidad abarca y atraviesa a todo el FA recorriendo con grados diferentes todo su espectro sectorial, por haber tenido  en mayor o menor medida responsabilidades de gobierno activas a nivel del Poder Ejecutivo, o a nivel parlamentario, donde hay responsabilidades de medio camino, como en los múltiples casos, cuando algunos de los legisladores aceptaron el disciplinamiento y la imposición, no de su propio Partido sino de las bancadas colidiendo con posiciones de su propia organización o sustentadas individualmente  en temas claves y fundamentales.

 De todas maneras en las presentes circunstancias algunos de sus dirigentes se empeñan por “conducir” la resistencia y es por eso que quieren controlar y domesticar lo que viene en forma fermental desde el movimiento social. Admiten el divorcio, la ruptura generada en sus gobiernos con el mismo, pero no asimilan que la recomposición de la fractura no podrá hacerse por el mecanismo de la imposición y el control, inspirada  en el axioma que la conducción estratégica y las determinaciones tácticas fundamentales le corresponde de pleno derecho, por ser una expresión superior de la lucha popular.

La contracara  es que desde el movimiento social en la actualidad  se dan las condiciones para generar la plataforma pivot de alianzas sociales (de clases) que permitan resquebrajar las bases de sustentación del proyecto conservador. No será la primera vez en la historia de Uruguay que esto se presente, recordemos el Congreso del Pueblo a mediados de los 60’, la Concertación Para el Crecimiento a principio de los 2000. El movimiento social, expresado en la actualidad en la Intersocial  puede impulsar la   unidad dialéctica entre la reivindicación concreta y parcial, con las perspectivas de cuestionamiento sistémico, con más profundidad y alcance que el FA. Esto obliga a reconocer que la iniciativa política en la construcción de un movimiento resistente, que sirva para la acumulación, está en el movimiento popular, que no subordina su rumbo a la mera “reconquista” del gobierno.

Esta posibilidad logrará cuajar si se reafirma en términos prácticos la autonomía e independencia del movimiento social. Al tiempo que, si en la izquierda política cobran mayor incidencia las visiones que no consideran al movimiento social, correa de trasmisión de los partidos políticos, que no están adscriptas al vanguardismo y que en forma efectiva buscan la generación de una síntesis virtuosa, dentro de las especificidades de cada uno.

Será un elemento gravitante también si la izquierda política se involucra con firmeza y decisión en la recolección de firmas y si algunos sectores de la izquierda social, priorizan insertarse en el tejido social, para tener  una participación activa en la construcción de la intersocial, a todos los niveles. Y también si en la Comisión Nacional Pro Referéndum se canaliza en forma democrática el debate, en la búsqueda de una hegemonía lograda en base a posiciones e implantación efectiva en el tejido social. Ayudará esto si se da menos protagonismo dirigente y mayor espacio y lugar para el militantismo movilizador.

La etapa más difícil es la recolección de firmas, de lograrla la consulta popular, sin duda se transformará en un plebiscito frente al gobierno, que posiblemente a esa altura, esté debilitado y horadado por las luchas y protestas.

La batalla por la juntada de firma no puede tampoco hacernos perder de vista, que a nivel del movimiento social y popular hay otras luchas, importantes como: la que dará lugar el proceso de reforma de la Seguridad Social, la pelea por la defensa del salario y el empleo y que  para algunos la lucha contra UPM2  prosigue en todos sus términos.

 

Nota. Cuando Claridad estaba en el cierre se supo que la Comisión creada el PIT-CNT  recomendara a la próxima Mesa Representativa impulsarla derogación de 116 artículos, entre los cuales hay5 votados por el FA, ese será el planteamiento que se traslade el 29/11 al ámbito de la Intersocial.