La mercantilización de la política

Escribe: Andrés de la Iglesia

   Creo que en general la gente tiene una actitud de rechazo, de aversión, de desprecio por la política. Humildemente pienso que es por extensión, porque en particular esa actitud es hacia los hombres y mujeres que ejercemos, en nuestras vidas cotidianas, la acción política como forma de vida.

   Pero está bien, debo pagar la vuelta, de alguna manera me siento responsable. No vale decir…. “yo no fui”, no soy Barth Simpson. Si esto ocurre y es así que la población tiene ese sentimiento es porque algo hemos hecho o no lo hemos hecho y lo vimos hacer y nos hacemos los nabos porque total lo hace aquel y no yo.

   Lo siento, no me conforma, me da duro, me hace sentir menoscabado, pequeño, cómplice. Porque no alcanza con decir yo no hago tal cosa, no es mi estilo, no hago política mercantil; pero el que me lee tiene todo el derecho a decir que “son todos iguales, todos buscan acomodarse”. Pero si voy a pagar mi cuota parte de este estigma, también tengo el derecho (yo me impongo más bien el deber) de no aceptar esa acepción, esa caracterización; por mi y por los miles de militantes que he conocido en mis largos años de militancia y que muchos la entregaron para demostrar que esto no era así.

   Empecemos por definir claramente qué es lo que a la gente le hace pensar y sentir esa imagen de aquellos que ejercemos la política como estilo de relación humana. No intentaré hacer un análisis dialéctico, más bien un acercamiento intuitivo, obviamente carente de rigor científico y por tanto dable de ser duramente criticado. 

   La gente define “político” como aquel que obtiene su sustento o beneficios de ejercer un cargo electivo o ejecutivo en el gobierno. También lo extiende a aquel que sin percibir un sueldo del Estado, se preocupa por la cosa pública (sindicalistas, actores sociales, etc.). Aquí entramos Presidentes o ex, Intendentes o ex, Diputados, Senadores, Ediles, Ministros, Directores, Secretarios, etc . (y todos los ex) ; y en alguna medida le asiste cierta razón, porque durante años se le transmitió a la sociedad civil que la política era coto exclusivo de los profesionales de la “política”. De este modo se aseguraban que la gente común, el vecino, el trabajador, debía limitarse a ser espectador, a observarla, pero no a meterse, a incorporarse.

   Parecía suficiente que cada cinco años lo hiciera con el ejercicio constitucional de emitir el voto y cuando ello acontecía aparecían los operadores políticos o los “caudillos” de barrio o de pueblo, que con la “promesa de un carguito”, de un tramitecito, una jubilacioncita, un permisito, en fin, cualquier moneda sirve, les solicitaba su adhesión.

   Así se fue mercantilizando la política, entre por un lado, uno que prometía para conseguir el voto y el otro que con la fe en ese favorcito “probable” vendía su voto sin más esfuerzo (total el voto es obligatorio, da lo mismo a quien se lo de), esto provocó en la acción política una visión distorsionada.    

   Pues bien, encontramos las dos puntas desde donde se comenzó a tejer esta maraña, la gente no es entonces tan inocente, ni libre de culpa, tampoco puede hacer como Barth Simpson  en este tema.

   Mientras la política profesional fue coto de blancos y colorados, de los “dotores y los apellidos”, del acomodo menor, del reparto de la torta, creo que la gente tenía argumentos para sentirse trampeada, pero cuando en el proceso de avance y acumulación de los sectores de la izquierda comenzaron a tomar mayor preponderancia esta lógica no se continuó.

   Nadie puede decir que la chacra del Pepe sea la residencia “natural” de un Presidente o ser un Oncólogo como Tabaré, nacido de un hogar cuyo padre era obrero de ANCAP y vivía en una humilde casa del barrio La Teja de Montevideo, que hizo su carrera rompiéndose el lomo para poder estudiar, sea propio de la casta de los profesionales de la política. Creo personalmente que esto de que los “pichis” estemos en el gobierno les revuelve el estómago a aquellos que querían ejercer la política como actividad exclusiva de su clase.

   Yo tampoco soy tan tonto como para creer que todos los que ejercemos funciones de gobierno del FA somos los buenos y los puros y que todos los que no están en el FA son los malos y corruptos, no se puede ser tan simplista. Si digo que los que tomamos una opción política por la izquierda contraemos un compromiso ético en nuestra forma de ejercerla y que eso nos obliga a adquirir normas de conducta que se dan de bruces contra esta forma “profesional” en que la gente descree.

   Ayudar, contribuir y colaborar a resolver los problemas de la gente no puede confundirse con los “favores” individuales, a chantajear con nuestra acción la incondicionalidad a nuestro partido, sector o persona. Nuestras propuestas y nuestro pensamiento tienden a modificar las bases sobre las que se sustenta la sociedad actual y por tanto nuestras tareas son las de ir recreando en esa sociedad (y en las personas como su colectivo) las condiciones económicas, psicológicas y culturales para apoyar los cambios.

   La actitud de los políticos profesionales es la de sustituir ese rol de las personas por la “gestión” de las necesidades, por el papel de “intermediador” entre el Estado y los problemas de cada persona, para así someter culturalmente la dependencia del ciudadano al poder que ejercen los “políticos”. El “dejá que yo te lo arreglo, o el hablá con fulano para que te ayude, o el  yo te hago ese trámite” es parte de esa conducta reaccionaria que solo quiere preservar las condiciones de sumisión del ciudadano para que su dependencia del poder político siga siendo la misma. Eso es absolutamente contrario a una visión de izquierda liberadora y solidaria, eso es clientelismo, aunque se diga que se es del Frente Amplio.

   Porque cuando más arriba dije que también la gente tiene su responsabilidad en esta relación injusta entre ciudadano y político, no quiero decir que ella lo ha generado, quiero decir que ella lo padece y para tener alternativas necesita encontrarlas, reconocerlas y ese es nuestro rol. Ayudar, contribuir, colaborar a que la sociedad (individual y colectivamente) elabore con nosotros esos instrumentos que los haga independientes del poder político, que se involucre en la acción política y en la resolución de sus problemas, que no espere que nosotros (o el gobierno, o el estado, o el diputado o el edil) seamos los “benefactores” de las soluciones que la sociedad requiere.

   Así que señora, señor, si algunos de nuestros hombres y mujeres del Frente Amplio se acerca a ustedes y le promete que va a solucionarles su situación, a resolverles ese problemita que hace tiempo acarrean; descrean de él, no sólo no puede hacerlo por más que lo vista de ilusión, lo que en el fondo hace es continuar sometiéndolo a la misma relación de la que usted ya está cansado de escuchar. Esos si pertenecen a la “banda” de los que usted denomina “todos ustedes los políticos son iguales”. Vacúnese, sólo impóngale su dignidad, verá que se esfumará como la gripe.

   En fin, creo que ya me perdí. Tuve intención de escribir sobre esto en el momento en que estamos en campaña y esto dio lugar a una serie de reacomodos, relaciones y alianzas, que uno nunca hubiera pensado que fueran a darse.

   A pesar de que Vladimir Ilich Lenin es un teórico del socialismo que ha sido bastante denostado y culpado de algunas de las barbaridades ocurridas en la vieja Unión Soviética, yo no dejo de tomar enseñanzas de sus aportes y recuerdo sus palabras en ocasión de estar en un constante debate con los llamados mencheviques y la izquierda infantil, cuando decía, palabras más, palabras menos, algo así: “ cuando una organización política pone tanto énfasis en discutir sus tácticas y no lo estratégico, termina siendo rehén de ello y al final pierde el norte y termina haciendo que sus tácticas se constituyan en su estrategia”. Grande pelado!!!. El que no entienda que vuelva a leerlo.