Impunidad y solidaridad

 

 

Escribe: Jorge Ramada(en caliente)*

Este miércoles (17 de junio) las llamas consumieron una vivienda y se llevaron la vida de un niño de 2 años. Me duele especialmente, por conocer a la familia (los abuelos del niño son militantes de la UCRUS) y conocer más de un drama que han pasado en los últimos años.

No es un hecho aislado. Hace muchos años que todos los inviernos nos enteramos de viviendas precarias destruidas por incendios, provocados por la necesidad de calentar el ambiente. En muchos de ellos mueren niños de diferentes edades. Nos las informan en las crónicas policiales, pero los “periodistas” que las cubren no preguntan acerca de la inseguridad que genera vivir en esas condiciones (tampoco suelen ir a estos barrios más que perdidos, como el de la continuación del Camino Cornelio Guerra –el de este caso–, o los finales de la calle Gambia, a los fondos del Casabó o el final del Camino Perseverano, por atrás de los sitios de disposición final de residuos; barrios que ni siquiera llegan a los cotidianos informes sobre bandas de delincuentes).

¿Podemos considerarlos accidentes? Porque en definitiva, son consecuencia de un prolongado desconocimiento por parte del Estado, del derecho a una vivienda digna que deberíamos tener todos los habitantes de este país. ¿No habría que considerarlos también crímenes de Estado?

Quienes tienen el poder en el Estado han sabido generar mecanismos de impunidad para los crímenes de lesa humanidad. Pero para estos crímenes “por accidente” no ha sido necesario: la impunidad está admitida como algo normal. La mayoría de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado siguen impunes. Las muertes de todos estos niños (y no solo niños), también.

¿Cuántas viviendas precarias seguimos teniendo hoy en día en nuestro país? Y en contrapartida, ¿cuántas viviendas deshabitadas por años, a las que no se puede echar mano porque algún título de propiedad o una interminable sucesión lo impide?

En definitiva resulta cierto, en los hechos, que la propiedad vale más que la vida. Desde los tiempos de la esclavitud y pasando por las sucesivas formas de la sociedad de clases, la propiedad del amo, del señor feudal o del burgués han sido los derechos prioritarios a defender por parte del Estado. Los temores a tocar la sagrada propiedad terminan matando inocentes.

No puedo evitar que me venga a la cabeza que durante todos estos años los economistas han lucido con orgullo el “grado inversor” que mantiene nuestro país. ¿Para qué sirve si no ha sido capaz de promover que se superen estas situaciones de miseria ?

 Pero no todo es amargura. En el mismo día de conocida la noticia, apareció la SOLIDARIDAD, la auténtica, así con mayúscula. Se multiplicaron los mensajes de sus hermanos, los clasificadores ofreciendo ropa, abrigo, algunos enseres, algunos pesos. Los que muchos en nuestra sociedad suelen llamar “pichis”, salieron a ofrecer, no lo que les sobraba, sino lo que a muchos de ellos también les faltaba.

Muchos de ellos eran los mismos que días antes habían estado junto a los compañeros ahora afectados por la tragedia, peleando por conseguir que les dieran los mínimos implementos de seguridad para retomar el trabajo en medio de la pandemia. Tuvieron que soportar más de dos meses de seguro de paro porque los panza-llena de la Cámara de Industrias, se negaban a pagar mascarillas de tela y toallas descartables para tener en el lugar de trabajo. Pasaron varios días sin un peso por el retraso con que se les pagó el seguro y algunos complementos que se conquistaron en la lucha. Pero al momento de tener que ayudar al compañero en desgracia, no miraron en sus necesidades. Y el mismo día se estaban ofreciendo también para limpiar el terreno de los restos del incendio y para ayudar a construir una nueva vivienda.

Esta noche llueve fuerte y caen rayos, pero no caen igual para todos. Los panza-llena están a cubierto en viviendas sólidas (yo también); para los que están en viviendas precarias, otra dura noche más que puede traer nuevas desgracias. Pero no les destruye la solidaridad.

Por un lado, impunidad, por otro Solidaridad, otra forma de manifestarse la lucha de clases.

P.S.: 2 días después se reunió la Mesa Política del FA. Como segundo punto del orden del día, analizaron el culebrón surgido de la llamada de Beatriz Argimón a un cheto empresario. No consta que hayan analizado la muerte del niño. Seguramente no lo consideraron un hecho políticamente trascendente.

 

*(garabateado en caliente, en un papel cualquiera, la misma noche de los hechos, más con el corazón que con la razón)