RECUADRO DE OPINION Señales

Escribe: Jorge Ramada

Ante el reclamo de los jubilados por lo exiguo del aumento que se otorgó a las jubilaciones mínimas, el ministro Mieres señaló que era “una señal” de que el gobierno estaba dispuesto a mejorar las jubilaciones. Miserable señal, pero menos preocupante que otras que la sucedieron.

La primera fue la del ministro García mostrando su “preocupación” –que hizo extensiva al presidente– por el procesamiento del soldado que en 1972 mató por la espalda a un detenido esposado que intentó huir. El argumento casi único que dio fue “que había recibido una orden” dada por “el Estado y sus jerarquías”. Al parecer, el hecho de recibir una orden avala a un subordinado para hacer cualquier barbaridad, ya sea matar por la espalda, torturar, violar...

Se nos ocurre que fue el hecho político más grave y preocupante ocurrido desde que asumió el gobierno la troupe multicolor. Porque más allá de significar una indebida presión desde el Poder Ejecutivo al Poder Judicial (que sin duda no es la primera desde que volvió la democracia), también significa una justificación de las aberraciones cometidas por la dictadura y sus inmediatos antecesores, pues en ningún momento cuestionó el ministro al “Estado y sus jerarquías” por la orden dada; más aún, dijo que los soldados quedan “expuestos” en las “operaciones complejas” que hoy llevan adelante “por orden del Estado” (combate al contrabando y vigilancia de cárceles, entre otras), lo que hace pensar que en dichas operaciones van a recibir cualquier tipo de orden.

Es interesante que no ha aparecido ninguna reacción de parte del Poder Judicial, habitualmente muy celoso de su independencia. Es llamativo también que el Frente Amplio no haya resuelto llamar a sala al ministro por este tema, limitándose a emitir un comunicado pidiendo “la inmediata retractación” de sus “injustificables dichos”; ante lo cual, el ministro los ratificó “en un 100%” y asunto terminado. 

Y como frutilla de la torta, para no ser menos que el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior resolvió restituir la placa de homenaje al torturador Víctor Castiglioni en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia. Reafirmando la resolución, el Director Nacional de Policía, Diego Fernández dijo de Castiglioni que “fue un referente de una época”. Sin duda una acertadísima evaluación: Castiglioni fue uno de los grandes referentes de la época de los asesinatos, torturas, vejaciones y desapariciones. Ya antes del “proceso” cívico-militar, al frente de la DNII,había apostado a su patota de francotiradores en un edificio del BPS, para asesinar a Heber Nieto. Luego, integrando las Fuerzas Conjuntas junto con los militares, hizo méritos más que suficientes para no quedar a la saga de los Gavazzo, Silveira, Tróccoli y otros “héroes” de la patria de la oligarquía.

Esta vez, los cuestionamientos venidos de diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos, del Frente Amplio y hasta de algún senador del partido de gobierno, llevaron a que se diera marcha atrás con la medida –no sin antes recalcar el respaldo al Director Fernández– por parte del ministro Larrañaga (que de paso recordó que el FA dejó pasar 11 años de su gobierno antes de retirarla anteriormente). No fue un rechazo a la labor llevada adelante por Castiglioni, sino una medida tomada porque “no es momento de divisiones ni enfrentamientos” sino de enfrentar “los únicos adversarios de la política, la democracia y el gobierno, que son los problemas de los uruguayos”.

Peligrosas señales. El respaldo al cumplimiento ciego de órdenes, se mantiene. La crítica a las prácticas de un asesino y torturador consecuente, se eluden. Los únicos adversarios de la democracia son los problemas de los uruguayos, no los violaciones de los derechos humanos. Con esas señales, no es disparatado pensar que cuando los problemas de los uruguayos se agudicen y lleven a enfrentamientos (las divisiones están desde siempre, aunque se pretenda endulzarlas), quizás haya que recurrir a órdenes del tipo de las que daba Castiglioni. Obviar o minimizar ante la opinión pública las aberraciones de la última dictadura, bien puede ser un primer paso para preparar el camino para una nueva. Parafraseando a la inefable diputada de Cabildo Abierto, Inés Monzillo, da para pensar que  el “exceso de amor” a la democracia puede ser una razón explicable para violarla.