Escribe: Esther Ampuero
Hoy está fuera de toda discusión que la pandemia de Covid 19 tiene un alcance global y pone de manifiesto las contradicciones del sistema capitalista a escala planetaria. Vivimos algo más que una crisis sanitaria, pues sobre ella cabalga una crisis financiera, económica y social, todos percibimos que a partir de su resolución será otra la configuración de las relaciones económicas, sociales y culturales que viviremos.
En Uruguay la pandemia encontró un gobierno que acaba de estrenarse, para analizar la situación recordemos siempre que se trata de un gobierno conservador, al servicio del capital, con lazos s directos con los poderosos y los poderes fácticos. Su programa es claramente liberal, bien expresado en la LUC (Ley de Urgente Consideración), pero también es claro que esta emergencia sanitaria lo ha llevado a modificar transitoriamente su hoja de ruta, viéndose obligado a adoptar medidas que no están en sintonía con su línea ideológica.
La intervención estatal se impone, entonces en el gobierno aflora un pragmatismo relativo, que se impone episódicamente sobre el dogma, y asumen que hay que intervenir y gastar, el presidente dice gastaremos todo lo necesario. Las diferencias comienzan en el cómo se va a financiar ese gasto. Se debe dilucidar si el mismo va a recaer sobre los asalariados y el trabajo; o si la mayor carga estará sobre los hombros del capital, o si, en perspectiva, naif será “repartida” Fifty-fifty (mitad/mitad).
Todavía la tendencia no se ha insinuado en nuestro país, pero en otras latitudes ya es evidente; los liberales detractores de keynesianismo, finalmente han adoptado medidas de ese cuño, los adversarios de la intervención estatal han tenido que recurrir a ella para, en forma extrema coordinar en forma imperativa los sectores públicos y privados de la salud (España), para manejar los circuitos distributivos y hasta se habla (en Francia) de nacionalización de la producción de ciertos insumos sanitarios. Se trata de una tendencia que no se puede dejar de percibir y anotar, que inevitablemente también conduce a desempolvar y sacar del ostracismo, - luego de una sostenida y prolongada denostación- , la discusión sobre la pertinencia y vigencia de la noción de planificación económica.
A pesar de los pesares, algunos desde la posición de gobernar y por ende de administrar la crisis, deben admitir por la vía de los hechos que esta no es una crisis común, la cual no será superada tal vez sin la hibernación de la economía capitalista y su padrón consumista. Es por eso que los liberales de pelos diversos, tragando sapos deben recurrir a algunas modalidades de planificación e intervención estatal en la esfera económica; la vida se impone sobre el dogma y hay que reconocer que la superación de la situación no puede quedar librada exclusivamente a las inercias de don mercado. Desde una alter mirada también sabemos que no zafamos del apriete que nos trae el virus mediante un ramplón ejercicio de inyección de recursos para así asegurar la cadena de pagos, ó simplemente no deteniendo los motores de la economía, en clave del tratamiento corriente de una fase recesiva, la que inevitablemente se instalará, y las amenazas y los peligros centrales son bien otros. En estos tiempos, para algunos resonarán con un nuevo impulso, después de un cierto paréntesis, los ecos de la noción de la teoría del descrecimiento (descroissance).
Uno de los tantos dilemas a los que nos enfrentamos consiste en focalizarse entre aliviar la situación del aparato productivo, de la actividad económica a través de los apoyos al sector empresarial, o el apoyo a la legión de las personas, los individuos, cuyas realidades cotidianas, su lucha por la existencia y sobrevivencia se ven amplificadas ante esta grave situación, a quienes se le deben asegurar las condiciones materiales de su existencia. En 1792, Robespierre, en plena Revolución, dentro de aquel contexto histórico, lo decía interviniendo en la lucha fraccional del bloque que demolía al antiguo régimen, planteando la necesidad de las condiciones materiales para el ejercicio de la ciudadanía: “…El primer derecho es el de existir. La primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir; todos los demás están subordinados a ella”.
La emergencia sanitaria y la recesión económica a la que esta nos lleva a nivel mundial y nacional, está recayendo sobre la población trabajadora, mientras que a los empresarios se los sigue beneficiando con menos impuestos y mayores posibilidades para mantener sus ganancias.
Frente a una crisis como ésta no es la clase trabajadora la que tiene que ajustarse y costear la crisis, sino que el dinero debe salir de los sectores más acomodados. Por ejemplo, los exportadores – que ven incrementadas sus ganancias a partir del aumento del dólar – podrían aportar grandes sumas de dinero si el gobierno aplicara un impuesto mayor a las exportaciones.
No es equivocada ésta preocupación que es parte integrante de un pensamiento y reflejo de una izquierda que se cuestiona sobre en quién hacer recaer los costos emergencia/crisis sanitaria para que éstos no sean mayoritariamente pagado por los trabajadores. Si la situación obliga a brindar un auxilio a las empresas, corresponde interrogarse cómo se delimitará este apoyo mediante el cual el Estado auxilie y sostenga al sector empresarial; es decir practique el salvataje de las ganancias de las patronales, que en ciertos segmentos se mantienen y en otros se verán acrecentados.
Ante esta lógica es importante plantearse ¿cómo se produce el reparto de las cargas, entre empresas y personas? La paralización de buena parte de la actividad económica es evidente y especialmente grave en algunos sectores (turismo, servicios, comercio) y responde a una lógica conocida los empresarios no han dudado en preservar sus ganancias o minimizar las pérdidas, el peligro estriba en otra lógica que conocemos bien, y que consiste en la descarga de la centralidad de la crisis sobre los trabajadores.
En la distribución de las cargas hay que separar filantropía, vestida de responsabilidad social del sector empresario, de capacidad y participación contributiva, El Secretario de Presidencia, Delgado, ha dicho que el gobierno "tiene muchos empresarios que están colaborando". Pero también, con una mirada de izquierda hay que alertar sobre el lavado de cara, el encubrimiento, que por esa vía hace el empresariado, como uno de los tantos mecanismos que le sirven para el cuidando sus ganancias. Tiremos desde ya algunas lecciones de este caso ya que se supo que el gobierno le sugiere al sector agropecuario que aporte 100 millones de dólares (una cuarta parte de la estimación primaria que hace del gasto en la presente etapa), esto es el reconocimiento qué hay tela para cortar, sin duda mucho más que las que se admiten tímidamente desde las esferas de gobierno.
En este contexto llama poderosamente la atención la política llevada adelante, tanto por la izquierda política como por la izquierda social. Se han levantado plataformas, desde la intersocial y desde el Frente Amplio, que planteó un plan de contingencia con 30 medidas. No busquemos en ellas una paralelismo con las 30 medidas del 71.
La intersocial apostó a una demostración, el cacerolazo (25.03.2020), que puede generarnos dudas sobre su justificación en el plano de la táctica, y de la perspectiva estratégica. Además hay que saber esperar pues los procesos requieren tiempo de maduración, para no caer un mero acto de calistenia militante. Ahora sabemos que tanto sindicatos como organizaciones sociales, están presentes ejerciendo la solidaridad efectiva, desde abajo, en los barrios, junto a quienes más sufren el embate, el desarrollo de las ollas populares, el apoyo a los hijos de los afectados, la puesta al servicio de los mismos de las infraestructuras sindicales, son muestras de ello.
Delegación del FA que asistió a la reunión con el Presidente Lacalle
La izquierda política en su expresión frenteamplista muestra tener dificultades para metabolizar su derrota electoral y política (octubre-noviembre 2019), la cual se testimonia con la postergación del indispensable balance, postergado primero por el calendario electoral (elecciones municipales) y ahora por la crisis sanitaria.
Muchos en sus filas tienen una actitud y un comportamiento de añoranza, del gobierno y de las posiciones de mando perdidas, por eso es frecuente el recurso al expediente de la comparación con sus medidas de gobierno. La inercia de la no aceptación de haber dejado los engranajes del gobierno, la persistente tendencia a la defensa pueril de lo realizado, con la especial preocupación puesta en la defensa personal de sus respectivas gestiones impide que logren metabolizar e integrar que gran parte de sus propuestas no superan la irrefutable prueba del archivo, sencillamente no las asumieron cuando fueron gobierno, gozando, durante 15 años de mayorías parlamentarias y aplicando un comportamiento de manos de yeso a la hora de asegurar la unidad de acción. La exigencia de medidas que nunca se plantearon en forma mayoritaria, ni lograron que tuvieron organicidad en sus tres gobiernos, que apuntan a tocar a los que más tienen;, suenan ahora como una incongruencia o simplemente al reconocimiento tácito de una carencia de un proyecto político que no fue tan transformador como se pregonó, algo que ahora revela la crisis sanitaria.
Cuesta admitir que los que hoy trágicamente exponen su vulnerabilidad, conmoviendo la sensibilidad general, están en las condiciones de vulnerabilidad desde mucho antes que se desatara el coronavirus. El conductor e inspirador de la política económica de la era progresista, el hoy senador Astori, sugiere medidas que nunca impulsó. Se saludan los aportes transitorios de los sueldos de jerarcas públicos y personal político, pero en 15 años no prosperaron las iniciativas para rebajarlos, esos sueldos de privilegio salieron de leyes de presupuestos y rendiciones de cuentas votadas disciplinadamente por el FA. (1).
El padrón tributario surgido de la Reforma Fiscal es claro: quien aporta más es el trabajo y no el capital. Así que el flanco queda abierto para que en el intersticio se coloque un Gandini para señalar un hecho que responde a la realidad y que por eso duele. Mientras Bergara, que tuvo importantes responsabilidades en la conducción económica, reconoce la necesidad y posibilidad de un aumento transitorio del IRAE. De detracciones a las exportaciones no se habla.
¿Quién puede negar que es necesario dialogar? Nadie puede oponerse al diálogo oposición/ gobierno; pero de ahí a construir una propuesta de Acuerdo Nacional hay un gran trecho y es bueno que los lectores se informen, reflexionen e intercambien los peligros que para las izquierdas han significados las políticas de unidad nacional, que muchas veces han sido buenas mascaradas para las claudicaciones.
El ultimo día de marzo Luis Lacalle Pou recibió una delegación del FA, que le planteó sus propuestas, a la salida del encuentro las palabras de algunos integrantes de la delegación, encabezada por Javier Miranda, recogen expresiones como estas “Buena reunión, clima muy franco, distendido, Intercambio interesante, diálogo y avance más allá de la gestualidad”, pero nadie explicó a la opinión pública si en dicha reunión se habló de cómo hacer participar en esta emergencia a quienes más tienen, ¿ o todo se centro en el subsidio recomendado y su financiamiento?.
Luego de la reunión, expresamente el FA reconoce el sentido correcto de las medidas del gobierno y señala que tal vez sean insuficientes.
Ahora bien el gobierno recoge un importante nivel de adhesión a su gestión, por el momento, vale la pena preguntarse: ¿Por qué asociaría en éste momento a la oposición con la gestión de la crisis? El FA con su reclamo de acuerdo nacional, no se compra, peligrosamente, un eventual endoso sobre los aspectos negativos de la conducción gubernamental.
Pero más llama aún la atención, esa pulsión incontenible que lo lleva, a rescatar de un reciente retiro del Dr. Vázquez, a quien le propone presidir un grupo integrado por expertos y exponente actores sociales, para que formule recomendaciones sobre la crisis. Buena parte del frenteamplismo, parece no puede prescindir del liderazgo de Vázquez y en sus inclinaciones bonapartistas encuentran una imagen que les proyecta su espejo.
Algunos piensan que el camino debe ser otro y pasa por el trabajo y la solidaridad desde y por abajo en la sociedad misma, por el ejercicio de la pedagogía política a todos los niveles y en especial dentro de sus cuadros y militantes, que suelen consumirse en una dinámica endogámica alimentada en las redes sociales y los estrechos círculos militantes. Particularmente se debería rescatar su acción parlamentaria, -siendo la bancada mas numerosa de la minoría-, impulsando proyectos tales como limitación y prohibición a los despido (2) para quienes las empresas reciben asistencia, modificación del seguro de paro extendiendo plazos y montos, señalamiento los caminos alternativos de financiamiento del incremento del gasto social, transformando su accionar en gran educador colectiva, en procura de la elaboración de la consciencia política.
Sin dejar de advertir acerca de los peligros que encierran las medidas provisorias, que pueden generalizarse, extenderse a otros sectores, más allá de los privilegiados con salarios superiores a los $80.000 líquidos o a las pasividades superiores a $ 120.000. Las actitudes conservadoras de este gobierno y sus bases clasistas, no pueden establecer un alto al fuego y menos una renuncia a denunciar y oponerse a la política de ajuste.
De todos los propuestas realizadas, la más avanzada en una perspectiva de acumulación y pedagogía política es la formulada por el grupo de economistas (La Diaria 23.03.2020 ) entre ésta y otras (Instituto de Economía/Udelar , Intersocial, FA) hay coincidencias, pero la referida tiene el mérito y el valor de expresar con fuerza la necesidad de imponer gravámenes inmediatos a las exportaciones y un manejo férreo de la disponibilidad de divisas, además de plantear una moratoria de alquileres y arrendamientos, cuyo texto nos remite a una gramática transicional entre la crisis sanitaria y la crisis económico social.
Frente a la pandemia, el tejido y la concreción de consensos se vuelve algo relativo y de alcancen limitado, no hay conciliación de intereses posibles, hay que saber ubicar y difundir la naturaleza y formulación de su contraposición.
Todos sabemos que el paisaje que nos dejar el Covid 19 será mucho peor del que teníamos a mediados de marzo.
(1) Terminada la redacción de este articulo el FA en el Senado planteo que la contribución de los cargos de las altas jerarquías estatales y políticos prolonguen su contribución durante todo el quinquenio, propuesta que fue rechazada.
(2) Cuando ya estaba escrita esta nota, se supo que el diputado comunista Gerardo Núñez presentaría en la Cámara de Representantes una iniciativa sobre despidos durante la emergencia sanitaria.