Esto sigue porque la historia es un río que fluye

Por: Pedro Balbi

Estudiar a fondo una derrota -recuérdense “Las enseñanzas de la insurrección de Moscú”- puede ser aporte sustantivo para futuras victorias.

Derrota, en tanto triunfó lo más malo, por escaso margen, pero triunfó.  Recuperó la administración del Estado el sector más reaccionario, neoliberal y pro yanqui del bloque dominante, con expresiones mesiánicas y fascistas. Enfrentaremos un gobierno del gran capital respaldado y aliado por y con EEUU.

La porción del pueblo trabajador que, junto al puñado de oligarcas, los votó, no es responsable de las consecuencias graves que sufriremos todos. En verdad no tanto ganó la cosa multicolor, sino que perdió la dirección del Frente Amplio y el gobierno. 

Empezaron a perder con disimulados ajustes fiscales, con redistribuir a la interna de los asalariados, no tocando casi al gran capital y sus ganancias, con políticas sociales positivas e imprescindibles sin organizar al pueblo para conducirlas.  Fueron desgastando la militancia política de izquierda, intencional y progresivamente, desde “el corte del cordón umbilical” en adelante. Apalearon chiquilines sin necesidad, por más equivocados y manijeados que estuvieran. Decretaron la esencialidad de la educación expulsando de hecho a miles de militantes. No intentaron ningún proceso de participación del pueblo para enfrentar y detener el delito y la violencia.  No fueron capaces de sintetizar en consciencias y apoyo popular lo enormemente positivo realizado porque para ello se debía promover activamente la militancia frenteamplista que no les parece demasiado conveniente, hasta que las papas queman, claro. 

La campaña electoral propiamente dicha hizo que muchos, mientras mano a mano tratábamos de rescatar algún voto, sintiéramos mucha vergüenza. Los discursos que intentaron agitar, pero sin exponer, los debates apáticos, la descalificación expresa del programa del Frente Amplio por el candidato y las respuestas a veces correctas pero inoportunas de otros dirigentes ayudaron a la síntesis negativa del resultado.

El salto entre octubre y noviembre se debió, todos lo reconocen, al esfuerzo abnegado de los de a pie. No fue suficiente, pena y comprensión, y seguir trabajando.

No se trata de esperar un lustro creyendo que por sufrimiento el pueblo trabajador en masa de la espalda a la cosa multicolor, ni de luchar resistiendo solamente.  Se trata de recomponer orgánicas, de elevar la movilización social y política combinadas en programa y acción.

Tiempo atrás tecleamos: “… no permitir que el fuego de las convicciones y los principios de la clase trabajadora se apague en sus expresiones políticas y sociales. Seguir militando para que el socialismo sea una perspectiva cierta en construcción colectiva y que las organizaciones populares organizadas y movilizadas marquen rumbos y concreten conquistas”. 

Hoy agregamos: Que la experiencia de la derrota nos ayude a superar errores y remover las prácticas cupulares que, desde su centralismo ególatra, intentan desmantelar los instrumentos y la acción de lucha del pueblo organizado.

¿Qué papel nos toca a los viejos ahora? Tal vez un par de cuestiones centrales:  Contar lo que fuimos, lo que hicimos bien y lo qué, mal, sin aspirar a que se aprenda cómo hacer, pero sí qué pasó y en algún caso el por qué. Y tal vez también, poder dejar este escenario tarareando para adentro los últimos versos de la “milonga del fusilado”.