
Por: Griselda Leal Rovira
Desde el comienzo de nuestra historia el ser humano ha sentido la necesidad de aferrarse a lo divino para poder sobrellevar las vicisitudes de la vida. Desde la propia sobrevivencia, los fenómenos atmosféricos y hasta el relacionamiento con sus pares o animales. Hombres y mujeres de este planeta han necesitado creer en dioses al punto de brindar como ofrenda a sus propios hijos para calmar lo que suponían eran sus iras.
Esta necesidad fue utilizada por algunos individuos que se autodenominaban “iluminados” o enviados de Dios para manipular a sus semejantes, o en otros casos, utilizar Profetas, seres con un nivel superior de conciencia, al que consideraban “divino” y es así como surgieron las Religiones. Si bien existen matices en cuanto a intenciones, en el abanico de las mismas, incluidas las sectas, en mayor o menor medida existen manipulaciones que pasan por deberes, prohibiciones, tabúes, ofrendas, aportes económicos y hasta la propia vida. Es que existe una mentalidad de “rebaño” que se presta para aceptar lo que le marcan sin cuestionamientos.
Los que se consideran, o pretenden ser los dueños del mundo, conocen muy bien el poder que tiene esta manera de actuar de los humanos, y hoy, a pesar de la relativa evolución de la “civilización”, nos encontramos con que ciertas corrientes religiosas están manipulando con determinadas intenciones a grandes masas humanas, para implantar un sistema mundial en el cual unos pocos se beneficien de las riquezas del planeta mientras que la enorme mayoría se somete a su servicio.
Todavía Estados Unidos tiene gran dominio sobre el planeta, en especial en Latinoamérica y ese país está gobernado por un personaje que se considera dueño del mundo: Donald Trump.
Si bien llegó a la presidencia por voto popular, en un país en que el sufragio no es obligatorio, quienes mayormente lo apoyaron y lo siguen apoyando en el parlamento son los Sionistas con sede en Israel, y sus aliados, los evangelistas de derecha.
Este último grupo responde a líderes neoconservadores con un enorme poderío económico, dueños de importantísimos medios de comunicación, especialmente televisivos, que abarcan a todo el continente americano y con gran incidencia entre las clases con menor nivel cultural y poca conciencia analítica y crítica, entre ellas las fuerzas armadas.
El cambio podrá darse el día que Ejército y Policía comprendan que forman parte del pueblo.
Nuestro sistema democrático, con ser lo más cercano a la justicia, tiene sus puntos débiles, en cuanto que las campañas políticas se basan en buena medida en la economía de los distintos partidos y su poder de convencimiento.
Aunque no necesariamente
Los gobiernos de izquierda y progresistas de Latinoamérica no han sabido o no han podido contrarrestar estas corrientes de pensamiento y no ha sido suficiente con elevar el nivel económico de las clases más necesitadas.
Si a eso le agregamos los propios errores lamentablemente cometidos por causas humanas de abusos o corrupciones, tenemos la respuesta de por qué hoy estamos sufriendo una arremetida fachista de grandes y lamentables dimensiones cuya principal víctima es el pueblo.
Los procesos no son lineales y hoy nos toca vivir un retroceso continental que ojalá sirva para tomar conciencia y volver a remontar.