Hagamos autocrítica, sí, pero ¿qué criticamos?

Por Aben Humeya 

Balanceando

En la vida se suceden los ciclos donde todo parece repetirse. Sobre ese supuesto se construyó la idea de la "alternancia" como algo natural y se supone que cambiar es bueno.

En rigor, como algún griego perspicaz lo intuyó: "no bajamos dos veces al mismo rio". Por cierto, reflexionó sobre lo visible: el río, que discurría sin vuelta atrás. No vio, y la ciencia de la época no podía ayudarle, que tampoco el sujeto era el mismo. Por tanto, más que como el balance de un ciclo, correspondería ver esta realidad nuestra como integrante de un proceso que parte de ciertas bases y puede proyectarse  en diferentes caminos.

¿Hubo acaso un ciclo progresista?

Si tomamos al "progresismo" como una forma de administrar el capitalismo con cierta sensibilidad social y dentro de la llamada "democracia representativa", se puede decir que si, que hubo un ciclo que se apoyó en una bonanza comercial y financiera que le proveyó de recursos para desarrollar políticas y medidas tendientes a disminuir la desigualdad y ampliar el marco jurídico de los derechos. Todo ello, sin tocar los intereses de la clase dominante y los grupos de poder que la circundan y le sirven.

Siguió - y se acentuó- el proceso de acumulación en todos los  sectores: agrario, comercial, financiero, comunicacional, la impunidad del aparato represivo y la intangibilidad del Poder Judicial.

El cambio de las condiciones externas, más errores varios, hicieron perder base social al Frente Amplio. El camino electoral -único al cual se adecua el FA actual- quedó amojonado de tareas básicas sin cumplir, creciente inseguridad para la población y alta violencia por parte de la delincuencia, crónico desempleo, con predominancia de salarios bajos , educación con problemas graves -deserción, repetición, baja de nivel- y la sensación creciente que de que todos son, en definitiva, iguales.

Y si los otros problemas son los intrínsecos del sistema capitalista en un país atrasado y dependiente, la ética representa una falencia inexcusable. Lástima, porque T. Vázquez  lo había definido correctamente en su primer mandato presidencial : "no podemos garantizar que no se meta la mano, garantizamos que se la vamos a cortar".

Y el FA, que trabajosamente pudo imponer en la sociedad, que ser de izquierda no significaba ser portador de una enfermedad altamente infecciosa, lo cual es un victoria de alcance estratégico, por intentar cubrir a un "compañero", cae en el total descrédito. Sendic debió ser expulsado inmediatamente pero pasaron casi dos años para "convencerlo" de que renunciara. Y aun así, queda latente, la acusación de Valenti : "no lo echaron porque sabe de los negociados con Venezuela".

Una acusación de esa naturaleza, o se desmiente y afronta con fuerza, o se acepta la sospecha, que es un veneno muy corrosivo.

Si el FA quiere recuperar esa fuerza militante que se lanzó al ruedo, entre octubre y noviembre, sin más arma que su rabia, debe encarar una profunda autocrítica. Eso lo repiten todos...pero no largan prendas de  QUÉ  es lo que hay  que criticar.

¿Reforma o revolución? 

Ese dilema está planteado desde hace más de siglo y medio. Que siga tan vigente depende en parte del juego del enemigo, pero también de desviaciones de la autodenominada izquierda.

¿Se pueden encarar a fondo los temas de seguridad, empleo, educacion, etc., sin cuestionar al capitalismo? No, enfáticamente, ¡No! .Pero eso significa un cambio de rumbo estratégico que debe tomar el FA en su conjunto, aunque eso signifique, seguramente, que haya  quienes queden por el camino.

¿Puede entonces, seguir  el FA, actuando como hasta ahora, donde, por ejemplo, la militancia sin partido está manejada por una estructura de "partidos y  partiditos" que en realidad son grupos en torno a ciertas personas?  Veamos dos ejemplos.No me voy a referir a esta cosecha última de listas, donde se juntan "caritas sonrientes que juran virtud", voy a ejemplos más grandes.

Asamblea Uruguay renuncia a tener Programa propio: su Programa es el del FA!! La CAP-L de Eleuterio Fernández, se escinde del MPP pero declara que su líder es Mujica, que ni siquiera pertenece a la misma. ¿No son estos, ejemplos gruesos? Es que el FA se ha transformado en un colección de grupos y grupetes cuya única razón de ser es aceptar un liderazgo personal. Es cierto, los grupos provenientes de “la vieja izquierda” tienen la saludable costumbre de discutir y plasmar en documentos sus propuestas pero se ahogan  en el pantano maloliente de aspirantes a funcionarios públicos bien remunerados a través del reparto de cargos signado por un cierto volumen de votos.

Jesuitismo y estalinismo

En esas vertientes abrevan los unitarios a ultranza. Construir organizaciones   donde se " encuadre" al militante y se ahogue, en todo lo  posible la praxis movida por la conciencia. No digo “conciencia crítica" porque es una redundancia, ya que si no es crítica, no es conciencia.

La experiencia del PCUS es aleccionadora. Un partido que tuvo que afrontar en soledad la defensa y la construcción de un país que mejorara sustancialmente la vida de la gente pero que desnaturalizó su propia esencia con una política de afiliación cada vez más alejada a la tradición revolucionaria y así tomar medidas concretas que parecían manotazos de ahogado -y muchas veces lo fueron-  estuvo dictado por la desesperación, significó desnaturalizar de ese modo el instrumento esencial, y fue hacerse el harakiri lentamente.

La hegemonía y el liderazgo se ganan, no se decretan. Y eso vale para la interna del FA como hacia la sociedad.

La regla del consenso no debe atar las manos ni cerrar las bocas. Si algunos grupos o personas quieren llevar adelante sus ideas o proyectos, el FA no tiene porqué apoyarlos y tampoco condenarlos. Es más, se debería alentar la iniciativa de la gente, de las Coordinadoras, de los Comités. Así nació y creció el FA  en el 71.

La izquierda debe repensar su política de alianzas

En el 71 era claro que la burguesía media y pequeña que se arrimó a los grupos de la izquierda unitaria aceptaba un programa "antioligárquico y antimperialista", hoy el programa es una colección de buenos deseos, de que el capitalismo tenga “sensibilidad social" o " rostro humano".

¿Se puede intentar conservar la unidad orgánica, tan trabajosamente lograda y a la vez, confrontar con la  derecha procapitalista y sus apoyos externos? Claro que se puede, siempre que se desarrolle una intensa discusión estratégica donde el centro esté en lo inmediato, en esos problemas que este gobierno multicolor no podrá ni siquiera amortiguar,  pero en lo mediato, está la superación del sistema como objetivo permanente. Y eso no es capricho: o superamos al sistema, o él nos aplasta.

En la década del 60 el PS tenía una síntesis muy correcta: "Unidad en la acción, y lucha ideológica", bueno, pues: eso.