
Escribe: Walter Caimí PACTUM
Lo del título: el Frente Amplio no tuvo la capacidad de autocrítica en tiempo y forma. No alcanzan los argumentos simplistas que se leen en las redes sociales como: se juntó toda la derecha y Cabildo Abierto arrasó y así un vasto operativo de lectura superficial pero sin profundidad filosófica y/o política.
Antes precisemos: la campaña desarrollada por Luis Lacalle Pou desde octubre a noviembre, fue inmaculada. Guste o no, así lo sostuvo el discurso en el día a día. No hubo agravios. No existieron desmanes de ningún tipo, no hubo desplantes y generó con ello, simpatías en aquellos que dudaron hasta el último momento.
Incluso, desarrolló una labor periodística con los medios de comunicación de forma correcta, haciendo uso de un lenguaje simple pero no chabacano y atendió a todas las solicitudes salvo algún medio como El Bocón que se quejó por no concederle una entrevista.
Para ubicarnos en el tiempo y espacio político de los errores gruesos del Frente Amplio y consecuentemente el gobierno, podemos señalar que la renuncia de Raúl Sendic tras su gestión en ANCAP por corrupción en el año 2017, llegó tarde. Muy tarde. A partir de ahí, la máquina de moler la ética en la izquierda cayó en picada. Y no debe compararse con otras situaciones vecinas, hablo de Argentina o Brasil. Cada país tuvo lo suyo.
Lo anunciado por Tabaré Vázquez en la asunción de su mandato, no se cumplió. Sin embargo este hecho no fue el comienzo del deterioro político, sino que, el mismo se fue sumando paulatinamente ante el avance de la criminalidad que no se resolvió y que tozudamente mantuvo a un ministro que dejó mucho que desear en cada exposición pública.
El Frente Amplio prometió garantizar una estabilidad financiera, mejor dicho, macroeconomía al consumo con determinadas pautas que no absorbió la población al no existir coordenadas de cómo hacerlo. Cayó muy mal la obligatoriedad de la inclusión financiera; y ¿por qué cayó mal? Simple: el salario del trabajador debería ser cobrado (aún está vigente) por medio de la plaza financiera lo cual perjudicó y perjudica hoy día al pequeño comerciante y al trabajador que le cobran tasa por cada operación bancaria. Estoy en condiciones de señalar si hubiese tomado nota de fechas y comentarios al respecto, que son miles los compatriotas que no comparten tal política. El Frente Amplio no interpretó y no supo cómo interpretar la demanda social en superar barreras políticas, entre los cuales están los comerciantes pequeños y los asalariados, aquel que trabaja en una feria o en una estación de servicio y así puedo enumerar otras tareas remuneradas que la banca administra porque el Estado garantizó tal cosa.
Un tema crucial, decisivo diría, fue la soberbia de su dirigencia. La soberbia de sus militantes en las redes sociales. Un Daniel Martínez que no es locuaz para expresarse públicamente. Un equipo asesor que fracasó estrepitosamente y cuando se dieron cuenta de ello, la reacción llegó tarde al convocar a las bases a redoblar el esfuerzo recién siete días antes del acto eleccionario. Tabaré Vázquez no eligió bien a sus ministros y se agotó en sí mismo el proyecto político por no renovar la dirigencia oportunamente. Un ejemplo de lo que vengo diciendo es el factor Guido Manini Ríos; hecho que consumó el mismo Frente Amplio al votarle en el parlamento las venías para ascender a coronel y luego general. Los militantes de fierro –aquellos que no quieren ver más allá del árbol- olvidan que Vázquez promovió al ex militar para la máxima jerarquía. No han tenido en cuenta que una vez sancionado a rigor por treinta días en su domicilio, una vez culminado ese arresto, debió ser apartado de la institución castrense. Creció Manini Ríos a instancia del accionar político que le dio el gobierno.
En la campaña electoral hubo un divorcio entre la capital y el interior. Desde lo universitario no hubo planificación para reunir voluntades alrededor de un proyecto que vislumbrara coordenadas en favor de valorizar el espectro universitario. No es casual que la izquierda en el interior del país, se desplomara. Pues este es uno de los elementos que primó a mi saber y real entender. No se aprovechó el debate presidencial por vez primera obligatorio para que Martínez tomara ventaja. Usó las mismas herramientas que venía desarrollando en las giras políticas y para colmo de males convocan al intendente de Canelones para salvar un estado político sin rumbo.
Capítulo aparte es la violencia de género, la violencia de las calles, la violencia de asaltos a comercios, etcétera. El año 2019 tiró por el suelo aquel dicho de Vázquez que se bajará las estadísticas de la delincuencia. Este dato no es menor. Si bien no triunfó la propuesta del senador Larrañaga, quedó demostrado que tal cosa importa y mucho. De ello, tampoco se sacó fruto.
Regresemos al principio de este artículo, Raúl Sendic. La fuerza política no estuvo a la altura de las circunstancias en exigir responsabilidad y dar señales de cambio; hizo todo lo contrario, alargó en el tiempo lo más que pudo el tema y el plenario del Frente Amplio no tomó una resolución concreta pues no hubo necesidad ante el paso al costado del involucrado. De este suceso negativo para la izquierda de nuestro país, la gente tomó nota. De allí en más, se fue desflecando paulatinamente por errores propios de la izquierda y no porque la derecha, estratégicamente avanzó. No, no fue así. Hay que admitir la capacidad de articulación política que tejió Lacalle Pou con los partidos que le acompañan.
Un hecho no menor y a mi juico el que desbordó el vaso de agua, fue desestimar el librito denominado Plan de Gobierno. Dijo en el debate: el programa “no es el plan de gobierno”; lapidario, él enterró al Frente Amplio con esa frase. Si no estaba convencido del programa de gobierno, nunca debió manifestar en un debate televisivo tal cosa. Acá ganó la soberbia. Subestimó a la masa frentista, al electorado que ronda los 45 años hacia arriba. Luego apeló para noviembre a los jóvenes que por su propio impulso golpearon puertas en Montevideo pero no en todo el interior para revertir un resultado negativo. La izquierda como tal, el frente Amplio como tal, tiene necesariamente que renovar el chip y resetearse continuamente para calibrar mejor hacia dónde quiere ir. Fue oposición; es gobierno; vuelve a la oposición. Otra historia son las internas de los partidos que integran el Frente Amplio, ello merece un capítulo aparte para su consideración.