
Por: Álvaro Portillo
Lo ocurrido en este proceso electoral, como se da en todo proceso social, tiene múltiples causas que lo explican. Aquí, simplemente tomaremos algunas circunstancias, que entendemos jugaron un papel determinante, sin que ello implique agotar allí toda la explicación. A estos efectos sugerimos un recorrido que transite de lo más general a lo particular como forma de contribuir a construir una explicación más global.
Un FA alejado de la sociedad
Como primer aspecto a señalar y con enorme valor explicativo hay que señalar el papel del FA fuerza política. Desde hace ya varios años, el FA ha venido padeciendo de un vaciamiento en su funcionamiento. Sus organismos funcionan periódicamente pero por lo general alejados del común de la gente.
Ello no quiere decir que no haya habido coyunturas en donde el FA logró reunir importantes volúmenes de compañeros, como fueron el caso del Congreso Ideológico, el Congreso Programático o la propia elección de la Presidencia. El problema es que en la vida cotidiana del FA no ha existido una línea de trabajo permanente en la sociedad, un funcionamiento junto a la gente palpitando los distintos problemas sociales y actuando con respuestas concretas. En definitiva, la esencia de la práctica política transformadora que significa actuar permanentemente al servicio de la acumulación política ganando conciencias y estimulando la acción política.
Mientras el Gobierno Nacional y los gobiernos departamentales desarrollaban una gestión genéricamente consistente y valiosa, dicha actuación no era asumida molecularmente por los frenteamplistas para promoverla, desarrollarla y eventualmente criticarla.
La institucionalidad, además de fallas en la comunicación permanente a la población del por qué de los actos de gobierno, careció del interlocutor político inserto en la sociedad civil que desde su dimensión potenciara los logros de la gestión.
La nueva matriz energética, la revolución en las telecomunicaciones, el Plan Ceibal, la reforma de la salud, la estrategia de convivencia y la reforma de la Policía Nacional, los logros y su explicación en materia de relaciones internacionales, las políticas agropecuarias en especial la labor transformadoras del Instituto de Colonización, las políticas para el medio ambiente, entre otras cosas, carecieron de una difusión y análisis a nivel social concreto. Obviamente el portador y articulador de esa tarea debía haber sido sin lugar a dudas el FA a lo largo y lo ancho de todo el territorio.
El FA por la vía de los hechos, a excepción de los pocos momentos anteriormente señalados -las elecciones y los congresos- fue un actor ausente que, sobre el inicio del proceso electoral, fue convocado para constituirse en una maquinaria electoral que fuera capaz de recoger en votos la adhesión popular.
Las campañas electorales en una democracia son fundamentales y los partidos políticos deben de hacer los máximos esfuerzos en tal sentido. El problema es que para una fuerza política transformadora como es el FA ello no es suficiente. Si de lo que se trata es de actuar para transformar la realidad antes de ir a juntar los votos es ineludible el arraigo molecular en la sociedad a partir de una presencia organizativa y articuladora que haga posible una comunicación directa con la sociedad desde sus bases mismas.
Esto que protagonizó el FA ha sido un error frecuente en la izquierda. Tal vez el ejemplo más próximo sea el del PT de Brasil el que con su desmovilización y distancia de los movimientos sociales hizo posible el golpe de estado parlamentario que destituyera a Dilma.
¿Qué se hizo en materia de un diálogo respetuoso pero permanente y fecundo con el movimiento sindical, con el movimiento cooperativo, con las agrupaciones de productores familiares del campo, con las organizaciones vecinales, con el movimiento feminista, con los movimientos por los derechos humanos, con los grupos defensores del medio ambiente, entre otros?
La relación se mantuvo entre la institucionalidad y las organizaciones; ello no está mal pero es claramente insuficiente. El rol de la fuerza política es contribuir en la conciencia de la gente y de los movimientos como colectivos acerca de la perspectiva política de la lucha. Se trata de contribuir a la construcción de un gran proyecto político que incluye todos los movimientos pero hace posible una amalgama entre ellos superando la sectorialización.
Esta forma de hacer política, que es lo que caracteriza a la izquierda, supone cuando se está en el gobierno, un trabajo muy coordinado y constante con los actores de la institucionalidad ( gobernantes y legisladores) aunque claramente diferenciado manteniendo la independencia del rol de la fuerza política. Es desde este rol que se puede y se debe encontrar una perspectiva política e ideológica a la acción de gobierno cuyo señalamiento no le corresponde a los actores institucionales sino a los militantes de la fuerza política.
El bloque conservador hizo exactamente lo contrario. Trabajó en los asentamientos irregulares, promovió la organización de los productores rurales -los autoconvocados-, consolidó su alianza con las cámaras empresariales, obtuvo apoyos y aliados dentro del movimiento sindical, entre otros. A ello hay que sumarle los apoyos económicos y mediáticos nacionales e internacionales. Pero ello no es para sorprenderse, el adversario también juega y era de esperar una estrategia de estas características.
Algunos errores de la campaña electoral
Para la campaña electoral se eligieron un conjunto amplio y consistente de propuestas con el objeto de fundamentar y visualizar el nuevo impulso. Es en este paquete que es posible identificar algunos errores. La plataforma electoral debe ser una propuesta seleccionada del programa de la fuerza política con aquellas medidas y acciones más relevantes y sobre todo, más inmediatamente comprensibles por las grandes masas.
En esta perspectiva es posible anotar una pobre referencia a los problemas concretos de la agropecuaria y la realidad del interior del país. Tal vez hubiera correspondido tomar a cada cadena productiva - carne, arroz, leche, soja, forestación- e identificar medidas bien concretas a promover en cada una de ellas desde el primer año de gobierno con todas las implicancias sociales que ello tiene.
En otro orden, en un tema tan importante como el de la seguridad hubo una reacción tardía en la incorporación de Gustavo Leal con el señalamiento de todo lo que implica una estrategia para la convivencia.
A ello hay que agregar la falta de una referencia a lo actuado con anterioridad a los cambios emprendidos por el ministerio de Bonomi. En los primeros años de los gobiernos frenteamplistas hubo un marcado énfasis en una visión garantista de la seguridad que en alguna medida contribuyó a generar una cierta impunidad en el mundo criminal.
Ello ocurrió como consecuencia de muchas décadas de una policía ineficaz, con fuertes focos de corrupción y con una herencia fresca de actuación impune con poco respeto por los derechos humanos.
Ello postergó los necesarios cambios que luego vendrían y por lo tanto alimentó el desarrollo en la sociedad de una presencia criminal creciente. Ello en un contexto en donde nuevos fenómenos sociales se instalaban, como la potencia del narcotráfico, el incremento de la violencia como consecuencia de una gran difusión de armas entre la población, y otros componentes sociales como la exclusión de grupos sociales marginados.
Un relato creíble y consistente debe tomar este antecedente que más que un error es la consecuencia de una historia concreta de las fuerzas represivas en Uruguay. Esta historia marcaba como prioridad atender al pleno funcionamiento de los derechos humanos y sus garantías, aspectos estos que a la derecha no les importa mucho.
La seguridad en el presente se ha transformado en uno de los aspectos que más preocupa y angustia a la sociedad, en particular en los sectores más humildes. Paradojalmente buena parte de sus causas ha tenido que ver con una ausencia del Estado, tan proclamado y requerido en las visiones mercado-céntricas del neoliberalismo.
Ahora la derecha clama por una presencia fuertemente represiva como fórmula para la erradicación del delito. La estrategia de convivencia del FA coincide con esta presencia estatal, pero con un carácter integral que en simultánea aborda causas y consecuencias de la delincuencia.
Todo esto hubiera merecido mucha más prédica en la campaña a efectos de saber responderle a la gente sobre un problema muy sentido, pero con una visión muy diferente a las respuestas de la derecha.
En otro orden de cosas la campaña adoleció de capacidad de respuesta concreta a problemas específicos. Como ejemplos el problema de los deudores hipotecarios, las reivindicaciones de un aliado social entrañable como FUCVAM, la atención a las personas que viven en la calle, el problema de las cárceles y de los ex convictos, entre otros. No se trataba de proponer soluciones mágicas, pero sí incorporarlos como problemas y asumir compromisos.
Otro tema de primer orden en la agenda de la subjetividad social en Uruguay es el del empleo. La respuesta que se expresó reiteradamente es la confianza en el crecimiento económico como factor de creación de empleo. Sin perjuicio de que ello es básicamente correcto, las expectativas de la gente requerían respuestas más concretas y eso era perfectamente posible.
El país ya tenía comprometido y en ejecución un conjunto de inversiones trabajadas minuciosamente por años en las que se estarán concretando empleos. Es el caso de UPM2 , el Ferrocarril Central, las obras de infraestructura de Montevideo, entre otras. Esto permitía dejar de referirse genéricamente al crecimiento económico con justicia social, y hablar de varios miles de empleo ya en proceso de creación. Recién a pocos días del balotaje se largó la cifra de 90 mil empleos que fue percibida como un manotazo de último momento comparable con las promesas de Sartori. Se podría haber hablado varios meses antes de los veinte o treinta mil empleos confirmados que estaban en proceso.
Finalmente, otra carencia tuvo que ver con el interior urbano. Hoy la distribución de la población en Uruguay ha continuado su urbanización aunque desde hace una década ello ocurre desde las áreas rurales hacia las ciudades medias (más de 20.000 habitantes). La población propiamente rural es bajísima, en el presente estimada en menos del 10% de la población.
Este escenario tendría que haber condicionado a una presencia mucho más intensa en las ciudades medias -básicamente todas las capitales departamentales- las que junto a las dos zonas metropolitanas -Montevideo y Maldonado- comprenden a más de las tres cuartas partes de la población.
Esta presencia supone llegar a cada localidad con propuestas concretas que demuestren conocimiento de las realidades locales y alimenten una sana expectativa del compromiso electoral del FA.
En definitiva, la sumatoria de la débil presencia del FA, más algunos errores de la campaña, pueden contribuir a explicar una derrota electoral que afortunadamente tuvo ese renacer póstumo en el balotaje generando, en propios y extraños, una sensación de equilibrio de fuerzas.
Posibles nuevos rumbos a encarar
La historia tiene giros imprevisibles que permiten redefinir las perspectivas de los procesos sociales. El final del balotaje con esa victoria “en el alargue”, cuando se pensaba que iba a ser una goleada, trajo como consecuencia – ya conformada desde las semanas anteriores- un entusiasmo entre los frenteamplistas como no se observaba desde hacía mucho tiempo.
La presencia masiva de jóvenes y mujeres, las energías desbordantes, la reafirmación de la identidad, la consolidación de una voluntad democrática de vivir en una sociedad justa y solidaria, son impresionantes virtudes que enriquecen el escenario actual. No hay que desaprovecharlo cometiendo errores que conduzcan a la desmovilización.
Es el momento de repensar en profundidad al FA como fuerza política. Quizás no tanto para discutir cambios en su orgánica, sino más bien alentar la incorporación de nuevas prácticas y sobre todo el aliento a una acción política permanente en la sociedad desde las realidades concretas territoriales y funcionales bajo le égida del programa.
A modo de ejemplo se pueden visualizar algunas líneas de trabajo que debieran incorporarse en el FA. En primer término la creación de un medio de comunicación multimedia que sea capaz de informar, difundir, realizar notas de interés, atender a la realidad internacional, entre otras cosas.
Es indispensable poner en marcha un Área de Formación y Capacitación para toda la militancia en los términos en el proyecto que ya fuera aprobado por la Mesa Política.
Es de suma importancia repensar las realidades locales para la señalización de los principales problemas en el territorio desde los cuales desarrollar la acción política.
Redefinir una coordinación fluida entre la bancada parlamentaria y el FA a efectos de coordinadamente recorrer periódicamente el territorio concretando estrategias específicas para cada lugar.
Hay que abordar un diálogo permanente y de retroalimentación con los movimientos sociales. Desde el reconocimiento de las visiones sectoriales: el medio ambiente, la mujer, las adicciones, el cooperativismo, la cultura, la educación, etc., contribuir a amalgamar las visiones sectoriales con el proyecto de país.
Finalmente es muy importante comenzar a pensar las elecciones departamentales y municipales habiendo digerido los errores cometidos para no volver a cometerlos.