Es tiempo de elecciones, el arriba está nervioso y el abajo no deja de moverse

Escribe: Edmundo Ballesteros

Entramos de lleno en el año electoral, la fisonomía del país, el talante individual y colectivo se colorea con las tonalidades de las campañas, el marketing  político, la agitación y la movilización callejera y mediática. Este rasgo siempre ha sido una constante de la realidad nacional, donde lo electoral va eclipsando otros fenómenos situados más en las profundidades de las relaciones sociales y en la vida económica. La civilidad  de los orientales juega, gravitando mucho ya que somos un pueblo politizado y votador. Nuestra institucionalidad democrática se ha terminado de asentar a 35 años de la salida de la dictadura y hemos regresado a una fase de civismo profundo, que transversalmente recorre todo el espectro político.

Comenzando marzo estamos envueltos en el  pleno reinado de momo y después, sin retorno, a paso ligero nos introduciremos en el túnel de carnaval electoral. Como siempre, las elecciones tienen una faceta de circo, de bulla, de puesta en escena donde se da rienda suelta a un frenesí propagandístico que, a pesar de todo y contra muchos, discurrirá sobre el conflicto social.

El abajo no deja de moverse en este 2019, porque la lucha de clases es una realidad que no se puede barrer con fraseología conciliatoria, ni con discursos huecos pronunciados según los cánones de lo “políticamente correcto”. Para ello no es necesario recurrir a ningún índice de conflictividad: basta con tener algún contacto con el activismo sindical  y con seguir la información de prensa para constatar que tenemos instaladas frente a nuestras narices una serie de situaciones conflictivas, donde se oponen y confrontan capital y trabajo, empresarios y administración estatal versus asalariados.

Jorge Notaro desnudó la verdad sobre el crecimiento del poder de compra de los salarios durante el 2018 en el número anterior de Claridad. Más allá de los discursos ditirámbicos y la apelación a los logros, con la que nos tienen acostumbrados gobernantes, tecnócratas y dirigentes progresistas, Notaro sostiene que “El Índice Medio de Salarios Reales (IMSR) tuvo durante 2018 un valor promedio de138.4 y durante 2017 un valor promedio de 138.2. Esta variación significa que cada milpesos que cobraba un trabajador asalariado durante 2017, durante 2018 cobró un peso y cincuenta centésimos más. Es decir que un asalariado que durante 2017 cobraba$30.000 por mes, durante 2018 tuvo un aumento de $45 por mes.  La irrelevancia del aumento permite afirmar que los salarios se congelaron”. (Los salarios reales se estancaron en 2018. J. Notaro. Claridad N° 14).

Pero las luchas protagonizadas hoy por los trabajadores no se limita al salario, tienen que ver con el empleo, el mantenimiento de los puestos de trabajo, el rechazo a las reestructuras y deslocalización de unidades productivas, impulsadas por empresas  tanto nacionales como transnacionales. Y en ese marco por el respeto a las libertades sindicales y la organización sindical.

También hay casos en los que se  evidencia un comportamiento descarnado, abusivo hasta el límite, de las patronales, por ejemplo: la citrícola Caputto que adeuda haberes y rubros salariales desde 2017, habiendo intentado dejar a los trabajadores atrapados en un corralito del concurso de acreedores).

El abajo que se mueve, sacude a públicos y privados. Vivimos conflictos que  se empantanan por la voluntad de patronos y/o gobernantes, y basta mencionar para refrendar esta certeza algunos ejemplos en el ámbito público: empleados postales, portuarios, municipales montevideanos, DGI, BROU y, entre los privados: Colgate Palmolive, Fleischmann, Megal, El Dorado, etc..

El sentido de las reivindicaciones es variado y diverso, pero se alinea en lo que podemos caracterizar como conflictos defensivos. El alcance de las luchas y su naturaleza difieren, pero contienen un común denominador que, por su frecuente aparición, saca a la luz que además del salario, son atacadas las libertades sindicales, y un cúmulo de conquista.  Estos trabajadores que protagonizan la pelea de hoy, no tiene que esperar a que la derecha venga por todo, derrotando al FA en octubre-noviembre: ya están inmersos en la lucha. Es que patrones y administradores, en ciertas circunstancias del funcionamiento capitalista, no dan tregua.

La amortiguación del conflicto por parte del los agentes gubernamentales se ve comprometida, porque la política institucional, sus compromisos y sobre todos las aspiraciones electorales se hacen sentir.

El panorama de luchas sindicales, se complementa, se yuxtapone con otras luchas sociales de fuerte intensidad, amplificando “el abajo que se mueve”, tal es el caso del combate de FUCVAM, de la que su reciente marcha a Punta del Este forma parte y que ha tenido una cobertura permanente por parte de Claridad. Es verdad que en un momento a algunos de nosotros pudo sorprendernos la tozudez e intransigencia de la Ministra Eneida De León, ocurre igual con la política y actitudes de Martha Jara al frente de ANCAP, pero sin naturalizar la cosa, hoy encontramos más fácilmente  explicación a la misma, así como a las posturas irreductibles de la conducción económica para contemplar ciertas situaciones y reclamos. Para una parte del progresismo, -la que tiene más fuerza y capacidad hegemónica- no apartarse de ciertos dogmas impregnados en ortodoxia social-liberal parece ser la respuesta al conflicto social, sin hacer intervenir ningún cálculo electoral sobre el costo de erosionar con su accionar la propia base social que los condujo al gobierno.

A los trabajadores que luchan, que se movilizan por situaciones tangibles e inmediatas, no les basta con que le recuerden la relación de logros del período progresista, que no ponemos en duda, ni desconocemos, y menos darle una visión darwiniana sobre el nacimiento, muerte y generación de nuevas empresa como hizo en Pueblo Centenario Tabaré Vázquez.

El progresismo, y en su seno aquellos que reivindican posturas socialistas,  están atrapados en haberse convertido en expresiones políticas esencialmente institucionales y de predominante vocación electoral. La confrontación, la lucha de posiciones y la lucha abierta en lo que hace al enfrentamiento de clases tienen una presencia insoslayable en la sociedad; el telón de fondo  electoral podrá disimularla, pero no logrará hacerla desaparecer. Además, se puede inferir que, agotado el calendario electoral en noviembre, emergerá muy fuerte, porque las recetas de ajuste estarán a la orden del día, en cualquiera de los escenarios políticos que emerjan de la elección.