Falsas oposiciones y comprensión lectora

Falsas oposiciones y comprensión lectora

Escribe: Mirtana López

Más libertad, menos bancarización.

                                                                              Más igualdad menos privilegios.

Más trabajo, menos impuestos.

Más gestión, menos corrupción.

                                     Más producción, menos costos.

                                                                                        Más ahorros, menos corrupción.

                                                        Más respeto, menos soberbia.

 

Estos son algunos de los textos que, muy profesionales carteles colocados por ruta 3 desde la salida de San José hasta Cañada Grande y por Ruta 1 en las inmediaciones de Libertad, ilustran al viajero sobre los reclamos que “Un solo Uruguay” hace al Gobierno actual. Esa  autoría aparece como firma.

Lasciate ogni speranza, voi ch´entrate. Aunque salíamos del pueblo con todas las esperanzas que cualquier uruguayo agrega a sus días de fin de año y de playa, este verdadero rosario de opciones terminales, nos fue poniendo en alerta frente a disyuntivas tan serias. ¿Podíamos analizarlas rápidamente? No al pasaje del auto. ¿Estábamos de acuerdo? No. ¿Por qué? ¿Sólo porque sabemos de dónde provienen y qué privilegios ajenos defienden?

Quizá el verso de Dante vino a nuestra memoria más por su sonoridad que por su contenido. Si los lectores revisan estos textos, los releen en voz alta, dan a cada uno su tiempo, recrean la situación a la que aluden, imaginan redactor y destinatario, dónde está, quién es y cómo vive su autor, dónde está quién es y cómo vive el destinatario… Si los lectores  dejan que su énfasis les llegue pero analizan su estilo. Si buscan en su memoria otros reclamos por oposición disyuntiva que obligan a una elección definitoria como podría ser la de nuestro “Libertad o muerte”… No habrá comparación posible con esta opción, tanto por su grandeza como por la imposibilidad de medirse por cantidades: la libertad o la muerte nunca podrán ser “más” y/o “menos”.   El verso de Dante, además, dirige el concepto hablándoles a las mismas personas a las que se refiere para dejar muy claro una única circunstancia. A diferencia de estos textos de carácter publicitario en los que el emisor es vago en tanto su sorprendido receptor recibe una amonestación que parece referirse a otros posibles culpables.

“Más libertad, menos bancarización.” Para el común del pueblo uruguayo, bancarización significa pagar con la tarjeta y no correr riesgos de robos; si bien es cierto que nosotros, los mayores, sufrimos con estos aprendizajes y pasamos nervios por los posibles errores. Pero en esta balanza, la libertad ambulatoria sale muy bien parada. ¿A qué libertad se refiere “Un solo Uruguay”, entonces? Hay una libertad que permite hacer negocios sin que los registros queden; registros bancarios, estatales, institucionales. Hay una forma de comprar y vender campos, ganados, producción, que evita ciertos controles automáticamente registrados con la bancarización. Esa llamada “Libertad”, no es la nuestra.  

“Más igualdad, menos privilegios.” De acuerdo. Los privilegios dan origen a enormes desigualdades. Testimonio evidente de ello son los estudiantes del interior con asistencia a universidades privadas y cómoda estadía asegurada a diferencia de aquellos cuyas dificultades económicas les hacen difícil su supervivencia montevideana. Sin remarcar siquiera las diferencias entre la propia educación privada y la pública que, si no está en la calidad, está en la selección humana que los medios económicos familiares permiten.

“Más trabajo, menos impuestos.” Tengo que confesar que no entiendo bien este reclamo. Porque en este caso, más aún que en los otros, la disyuntiva planteada parece tratarse de una falsa oposición. Yo empezaría por intentar delimitar para quien se reclama “más trabajo”. Para los que se inician, imaginemos.  Porque quienes se enfrentan a la decisión de trabajar son tan variados casi como nuestra imaginación nos lo permita: Hijos de estancieros, hijos de grandes productores rurales, lecheros o agricultores –gran diferencia-; hijos de grandes, medianos y pequeños empresarios; hijos de profesionales, con toda la variedad imaginable también pero con cierta solidez social; hijos de medianos y pequeños comerciantes; hijos de funcionarios privados y públicos, desde profesores a despachantes de nafta. Todos ellos, cuando se inicien, comenzarán a pagar impuestos de acuerdo a sus ingresos. Esa fue siempre nuestra aspiración de la que estos últimos gobiernos se han hecho eco, por lo menos.  Sin embargo. Todas aquellas familias nombradas en los primeros lugares de la enumeración anterior, pagan más. Quizá, mucho más. Quieren pagar menos y… ¿Quiénes son los que trabajarán más?

“Más gestión, menos corrupción.” “Más ahorros, menos corrupción”. Acordamos que todo lo que sea buena gestión se opone a la corrupción. Sí, mejor y siempre perfectible gestión. Pero, ¿el ahorro se opone a la corrupción? ¿Por qué oponerlos? La corrupción no debería oponerse a la honestidad, a la claridad, a la diafanidad, si así puede decirse. La pregunta quizá sea: ¿Cómo no caer en ninguna forma de corrupción?

“Más producción, menos costos.” Bueno… Pero, pensemos: ¿La única “producción” uruguaya es la agropecuaria? ¿Los investigadores científicos, no producen? La maestra de jardín ¿hace un trabajo productivo? ¿Quiénes asumen y quiénes deben asumir, los menores costos de cada productor agropecuario?

“Más respeto, menos soberbia.” ¿En cuántas facciones nos dividen estas premoniciones? La de quienes los escriben y la de los gobernantes. Pero ¿A quiénes se dirigen? A nosotros. Para no mezclar el respeto con la soberbia y con la comprensión lectora: ¡Les devuelvo el tiro!