El Partido Socialista apronta intensa actividad interna para este periodo: Algo más que calores de temporada

 

Escribe: Inés Albarenga

Los socialistas decidieron celebrar dos congresos en febrero. El 23 tendrá lugar el  49° Congreso Ordinario, en el que se evaluará la actuación de la dirección saliente y se adoptarán definiciones acerca de la orientación política estratégica. Al día siguiente,  el 24, es el turno del 29° Extraordinario, de naturaleza electoral, en el que se decidirá sobre las grandes coordenadas de la política de alianzas.

Una seña distintiva de los socialistas uruguayos es la elección democrática de su representación parlamentaria así es que el ordenamiento de los primeros lugares al senado, será resultado de la máxima expresión soberana (Congreso), diputados y ediles se eligen en 19 Convenciones Departamentales. La nueva dirección será electa en una elección a celebrarse un mes después mediante listas en una comparecencia bajo el régimen de representación integral,  donde son electores todos los afiliados que hayan participado efectivamente  desde sus “Centros” en la discusión congresal.

La vida interna del Partido Socialista está surcada por la existencia de corrientes (tendencias) que en la jerga interna con sesgo electoral  se  identifican por el N° de las listas y que exhiben diferencias importantes. Las lista 1-2 y 3, constituyeron un conglomerado electoral, pues cada una de ellas, aunque con integración diversa se presentó encabezada por la senadora Mónica Xavier, mientras que la lista 4 postuló a Daniel Olesker. El resultado marcó una diferencia de 23 votos a favor del colectivo 1-2-3 con lo cual la senadora Xavier paso a ocupar la Secretaría General.

Desde ese momento los socialistas nativos vienen sorteando una dura y sorda lucha interna que fundamentalmente es ideológica  y como tal involucra aspectos políticos, organizativos, administrativos y económico-financieros.

Con esa característica, y por ella, es que han logrado sortear hasta ahora las diferencias existentes sin exteriorizaciones altisonantes. Hay una aceptación generalizada de que Xavier ha  sabido manejar con habilidad e idoneidad las divergencias, pero también, y en contrapartida, se le atribuye una fuerte y decisiva colaboración para el logro de ese statu quo a la minoría que lo ha hecho sacrificando parte de su diferenciación político ideológica hacia el adentro y hacia el afuera, en aras de asumir  responsabilidades en la conducción y para “construir partido” como suelen explicar  reservadamente.

Como resultado de esto se ha establecido un “promedio” en el que las partes se han hecho y se hacen concesiones mutuas. El resultado se valora como “juicioso” y puede percibirse un corrimiento en las posiciones. Pero en grandes trazos, que se acentuarán con la cercanía de las elecciones, se mantiene cierto desdibujamiento del PS en el escenario político y especialmente en el seno de la izquierda.

Desde hace algunos días se conocen los candidatos a la Secretaría General, uno de ellos es Gonzalo Civila, referente de Propuesta Socialista y el otro, Santiago Soto, actual adjunto a Mónica Xavier, propuesto por el colectivo 1,2,3.  El primero es diputado por Montevideo y encabeza la bancada socialista en la Cámara de Representantes que, mayoritariamente, en algunos asuntos y en su desempeño legislativo se acercó a  las posiciones sostenidas por el denominado “arco crítico” del FA , en tanto que el segundo es un economista integrante de la OPP con posiciones que encajan en las orientaciones económicas sociales predominantes en el actual elenco de gobierno progresista.

Habrá que esperar el desenlace electoral para saber cómo queda armado el rompecabezas y entonces determinar cuánto pesaron en los debates las diferentes visiones, cuáles pueden ser las posibilidades  reales de cambio y rectificación, o el refuerzo de las líneas de continuidad.

Todas las corrientes se definen como “renovadoras”, dándole en cada caso un acepción diferente al término, pero  la disputa esencial parece estar alejada de la dicotomía social-liberalismo versus socialismo revolucionario, que en ese promedio anunciado se situará en una “escala de grises”.

Pero importa pensar, y son muchos quienes lo están haciendo, qué es lo que sucederá o podrá ocurrir después de estas instancias de lucha interna  en función de las elecciones nacionales. En síntesis la evaluación de la mayoría de los dirigentes y de muchos socialistas “de base” es que  la opción será conducir un PS en el marco de un 4° gobierno del FA, o timonear el partido desde la oposición y desde el llano, para abrir una nueva fase de acumulación de fuerzas. Entienden que cualquiera de los escenarios se tiñe por una profundización de los enfrentamientos de clase que tendrán lugar en la vida nacional y regional.