¿Qué hubiera hecho Fausto si hubiera tenido que negociar con UPM2?

 

 

Escribe: Garabed Arakelian

“Cuando en Nueva York  periodistas de EE.UU. preguntaron espantados, al presidente Luis Batlle si realmente se proponía que Uruguay comerciase  con China comunista, enfrentó aquellos tiempos de macartismo y contestó que sí.

_ ¿Y qué piensa venderles? –le preguntaron.

La respuesta de Luis Batlle fue inmediata.

- De todo, menos el alma.”

 

No recuerdo a raíz de qué,  rememoró la anécdota Manuel Flores Mora, con su estilo brillante, en la contratapa del semanario Jaque del 15 de junio de 1984. Pero encontré la referencia y me pareció útil traerla a colación cuando ya le vendemos de todo a China y no solo vamos para vender, sino que ellos –ellos tan enormes- vienen a comprarnos.  Es decir: vienen a adquirir lo que en términos económicos se denominan productos primarios, que es lo que nosotros podemos ofrecer. No es de extrañar, vendemos materia prima, aunque algunos para disimular lo dicen y escriben en inglés, es materia prima si, es exportable aunque no es lo único que ofrecemos pues tenemos otros bienes que no son exportables pero si vendibles, o alquilables para no poner en peligro la soberanía nacional.

Y no solo es China, hay otros países que también nos compran incluso lo que no tenemos, pero que podemos producir. No somos un restaurante que trabaja “a la carta”, es decir con un menú que elaboramos nosotros con nuestro gusto, estilo y conveniencia, sino algo así como una empresa que trabaja por encargo, que acepta realizar lo que el cliente le pide y en las condiciones que establece. Algunos le llaman fasonier. Puede ser un negocio aceptable, no se sabe bien para cuál de las partes, pero los filósofos del tema afirman que ganan ambos y que allí está la virtud.

Es muy probable que, aunque aún no se hayan mencionado los preparativos que está haciendo Uruguay para acceder a los pedidos –o condicionamientos- que plantea UPM para instalarse en nuestro suelo, el tema se haya deslizado por la vía del subconciente y el lector esté pensando en eso.

Hay que sustraer el tema de su posible análisis irónico y decir realmente los temores existentes. Enumeremos algunos de ellos: Por un lado condicionamientos jurídicos que no resultan favorables para nuestro país,  contrapartidas económicas, ya desde el inicio, que son realmente gravosas para nosotros, perjuicio ambiental de aquí al infinito, secretismo institucional y político, desconocimiento del rol que debe cumplir el parlamento en este tipo de contratos. Todo envuelto en un manto de avance arrogante –o prepotente si se quiere- consolidando por la vía de los hechos   asuntos controvertibles y que están en el centro de las preocupaciones.

 

Setenta años después de las respuestas de don Luis Batlle Berres , se hace necesario conceptualizar el tema y la respuesta cuando el mismo se presenta en términos de : éste es el futuro, quien se opone a esto impide el desarrollo y el progreso, y el bienestar del pueblo, etc. etc..

Hay quienes reclaman el respaldo a esta iniciativa con un argumento político mayúsculo: ¿No ven que la oposición que está a la pesca de todo punto débil, con la verdad o sin ella, para criticar al gobierno en este tema se calla, se ha llamado a silencio porque es un proyecto que solo tiene aspectos positivos y que merece el apoyo de todos?

Cabe pensar por nuestro lado: ¿Dejarían pasar una posibilidad de esas sin sacarle el rédito político que buscan  en todo? Parece un argumento sólido y razonable porque la oposición, por más que lo proclame, no se caracteriza por su rectitud política. Ese silencio de la oposición debe tomarse como un síntoma y merece  producir desconfianza y justificada sospecha de que el proyecto en marcha encierra peligros ciertos.

¿Y por qué, entonces, no se  actúa en consonancia? Aun no se sabe, pero ahí está la respuesta de Luis Batlle como una posibilidad limitante que no se sabe si el paso del tiempo ha ido borrando, diluyendo….

Y está la realidad en términos comerciales. Somos tomadores de precio dicen los economistas. En definitiva  nosotros no vendemos a nosotros nos compran. Y tómese con toda la amplitud que posibilita el uso del término “compran”.

Es que ellos son mayoristas, no compran al menudeo y tienen la práctica de que, mejor que ir ofertando por partes, es ofertar por todo, incluyendo el alma. Porque con ella en su poder saben que tienen todo lo demás. Es solo una posibilidad. El lector sabrá si ese es el voto que se pronuncia todavía.